Báez: “Dios no abandona a las víctimas” y "no se acomoda a pretensión de poderosos"
Monseñor Silvio José Báez aseguró en su homilía de Pascua que Dios no abandona a las víctimas ni sigue los caminos de los poderosos, en un mensaje de esperanza y justicia
El obispo auxiliar de Managua, monseñor Silvio José Báez, aseguró que “Dios no abandona a las víctimas” ni se somete a los intereses de los poderosos, durante su homilía del Domingo de Pascua, en un mensaje centrado en la esperanza, la justicia y la Resurrección de Cristo.
Báez pronunció su reflexión en la iglesia Santa Agatha, en Miami, ante una multitud de feligreses, donde invitó a los creyentes a confiar en un Dios que actúa frente a la injusticia humana.
“Dios no abandona a las víctimas” ni tampoco “se acomoda a las pretensiones de los poderosos ni sigue los caminos marcados por los dueños del mundo”; por el contrario, afirmó que “Dios pone vida donde los hombres siembran muerte. Los hombres destruyen, pero Dios resucita”.
La celebración litúrgica inició con la lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles, que da paso al discurso de Pedro en la casa del centurión Cornelio, donde se proclama el anuncio de la salvación a través de la Resurrección. Este anuncio, conocido como el Kerygma, resume tres momentos clave de la vida de Jesús: su vida, su muerte y su victoria sobre la muerte.
En este contexto, Báez profundizó en la identidad de Jesús al destacar su paso por el mundo haciendo el bien. “El Resucitado es alguien que siempre hizo el bien. Una vida dedicada a hacer el bien no podía quedar encerrada en una tumba ni destruida por la muerte”, expresó.
Asimismo, el obispo llamó a los creyentes a centrar su vida en el testimonio del Evangelio, más que en el conflicto. “Nuestro quehacer no es disputar, combatir o derrotar adversarios, sino vivir la verdad del Evangelio, ser testigos de la Resurrección de Jesús”, reflexionó.
En su mensaje, también abordó el contraste entre la justicia divina y la injusticia humana, presentando la Resurrección como una manifestación del triunfo de Dios. “Al resucitar al Crucificado, Dios revela no solo el triunfo de su fuerza sobre el poder destructor de la muerte, sino también la victoria de su justicia por encima de las injusticias de los hombres”, afirmó.
La homilía culminó con un llamado a la misión de los creyentes, retomando el testimonio apostólico descrito en los Hechos de los Apóstoles. “Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en Judea y en Jerusalén” (v. 39a). Luego, recordó que los discípulos fueron elegidos como testigos de la Resurrección (Hch 10,41) y llamados a predicar el mensaje de salvación.
“Seamos sus testigos. Que nuestras palabras contagien esperanza, que nuestras manos extiendan su amor, que nuestros pasos siembren destellos de vida nueva por el mundo. No tengamos miedo. Celebremos con alegría: ¡Ha vencido la vida, ha vencido el amor! ¡Cristo ha resucitado! ¡Verdaderamente ha resucitado! ¡Aleluya!”, concluyó el mensaje pastoral.
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