Hijos de madres deportadas enfrentan el regreso a clases en medio de la crisis económica

Uniformes nuevos, cuadernos nuevos… y deudas viejas. En Nicaragua, miles de niños regresan a clases mientras sus madres deportadas enfrentan desempleo, préstamos impagables y el golpe emocional de empezar de cero

Febrero 07, 2026 09:55 AM
Hijos de madres deportadas enfrentan el regreso a clases en medio de la crisis económica

En su primer día de clases, Luis y Mateo caminan de la mano de su madre por las calles de Managua. Estrenan uniformes y cuadernos nuevos, pero detrás del inicio del año escolar hay una historia de deportación, desempleo y deudas que golpea a miles de familias nicaragüenses

Hace unos días, 1.8 millones de estudiantes regresaron a sus aulas de clases. Como la mayoría de los niños de su edad, Luis y Mateo estrenaron uniformes y en sus mochilas llevaban cuadernos y lápices nuevos.

En su regreso a clases, los hijos de “Carmen”, de 7 y 9 años de edad, caminan a paso rápido por las calles del barrio Camilo Chamorro, en Managua, rumbo a su centro de estudios. Se les vio felices porque iban de la mano de su madre, algo que no ocurría desde hacía dos años, cuando la mujer emigró a Estados Unidos.

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No saben el esfuerzo que hizo su madre para conseguir los útiles escolares, pues desde que Carmen fue deportada de Estados Unidos, a finales de noviembre pasado, no ha logrado encontrar trabajo.

“Ya saben que tienen que portarse bien y cuidar los uniformes porque en este momento no hay para comprar otros”, les adviertió la madre antes de ingresar con sus hijos al centro educativo, donde unos 600 niños y niñas retornaron a las aulas.

En agosto de 2023, Carmen —nombre cambiado por seguridad— pidió prestados siete mil dólares para emigrar a Estados Unidos, con la promesa de mejorar la calidad de vida de sus hijos. Llegó a Miami y, al poco tiempo, una amiga le consiguió trabajo en un restaurante. En su día libre se dedicaba a limpiar casas, con lo que lograba enviar hasta 300 dólares mensuales a su madre para abonar al préstamo; el resto era destinado a la alimentación de sus hijos y otros gastos del hogar.

Estudiantes nicaraguenses escuchan a maestra en el salón de clases. Foto tomada de canal 6.

Luis y Mateo quedaron al cuido de su abuela materna y durante los inicios de clases de 2024 y 2025 lograron estrenar sin mayores dificultades. “Logré darles algunos gustos, pero ahora estoy fregada porque me faltan comprar algunas cosas y no tengo dinero”, dice en voz baja la mujer de 38 años, mientras les toma fotografías a los niños.

Carmen, quien trabajaba como operaria en una zona franca de Managua, emigró en busca de una mejor calidad de vida. Sin embargo, en mayo de 2025 fue detenida durante un operativo migratorio en las inmediaciones de un supermercado, cuando se disponía a hacer compras. Aunque estaba tramitando su permiso laboral y legalizando su situación migratoria, fue arrestada y dos meses después, a finales de julio, deportada.

“No me dieron oportunidad de conseguir un abogado. Yo estaba tramitando mis papeles cuando me detuvieron. Fue un operativo bien feo, eran varios agentes y estaban agresivos. Ahora estoy con deudas”, recuerda esta madre soltera.

Cuadernos nuevos, deudas viejas

En el barrio Héroes y Mártires, de Masaya, una situación similar vive Joelito, un niño de 8 años que regresó a clases acompañado de su madre. Aunque el menor lleva cuadernos nuevos, desconoce el esfuerzo que hizo su mamá para poder comprarlos. En mayo de 2025, la mujer, de 33 años, fue deportada de Alabama, Estados Unidos, donde vivió durante los últimos tres años.

“Comprar el uniforme y los útiles fue complicado. Tuve que pedir dinero prestado para el uniforme y los zapatos. Los cuadernos los compré caros en el mercado. Si yo estuviera trabajando en Estados Unidos, hubiera mandado el dinero a mi mamá para comprarlos sin problemas. Lo único que espero es que el niño se dedique a sus estudios y saque buenas notas”, comenta mientras caminan rumbo al centro educativo, cuya entrada está adornada con los retratos oficiales de Daniel Ortega y Rosario Murillo.

“Ligia”, nombre ficticio de la madre de Joelito —quien cursará el cuarto grado de primaria—, cuenta que aún debe dos mil dólares de los seis mil que pidió prestados para poder emigrar. Aunque los cuadernos del niño son nuevos, las deudas de la mujer siguen vigentes. “Este inicio de clases es duro porque no hay dinero para comprar todo. Me faltan algunos cuadernos que todavía va a necesitar”, comparte.

La mujer, contadora de profesión, lamenta no contar ahora con las facilidades económicas para sacar adelante a su hijo. “Conseguir empleo está difícil en Nicaragua. Antes de irme trabajé en una institución financiera local, pero al regresar me di cuenta de que hubo recortes de personal y no he podido ubicarme en un trabajo formal”, señala.

Estudiantes nicaraguenses en un salón de clases de un colegio público. Foto: Canal 6.

Relata que desde hace seis años el padre del niño vive en España y no ha asumido su responsabilidad. “Como muchos hombres irresponsables, se fue con la promesa de trabajar y mandarnos a traer. Al inicio mandaba algo de dinero, pero una noche me llamó y me dijo que buscara cómo rehacer mi vida porque ya tenía otra pareja y estaba embarazada. Desde entonces he luchado sola para sacarlo adelante”, cuenta la mujer, quien recibe apoyo de su madre para el cuido de Joelito.

Bono escolar no ajusta para sufragar gastos escolares

En una situación complicada se encuentra la señora Amelia, quien habita en una zona rural de Jinotega. Ella es madre de un par de gemelas de 5 años de edad. Las niñas cursarán el tercer nivel de educación inicial. Aunque ambas recibieron un bono escolar de dos mil córdobas (54.20 dólares aproximadamente), que el gobierno entregó a estudiantes desde segundo nivel hasta segundo grado de primaria para la compra de uniformes y útiles escolares, señala que el dinero no le ajusta.

La situación económica en las zonas rurales de Nicaragua es más complicada porque los precios de los útiles escolares y los uniformes son más elevados en comparación con los mercados de Managua, debido a la distancia geográfica.

“Todo está caro, desde la mochila hasta los calcetines. Es cierto que el gobierno entregó un bono de dos mil córdobas en efectivo para ayudar en la compra de los útiles escolares, pero en los mercados la realidad es otra: el dinero ya no ajusta para comprar. Son dos niñas a las que tuve que alistar y me tocó poner dinero. Los precios en los mercados de los departamentos son más elevados porque los comerciantes incluyen los costos de traslado a sus mercaderías”, señala esta madre de familia, otra de las deportadas de Estados Unidos.

Amelia, quien junto a sus dos hermanas menores montó un pequeño negocio de venta de tortillas y frijoles cocidos, plantea emigrar a Costa Rica en los próximos meses para trabajar y poder mandar dinero para sus niñas. “La ventaja de viajar a trabajar a Costa Rica es que estoy cerca y puedo venir a ver a mis hijas cada cierto tiempo. Estoy clara de que la vida en ese país es muy cara, pero al menos hay trabajo y, si me esfuerzo, podré mandar algo de dinero a mi mamá, cosa que aquí ni con la venta de tortillas ni frijoles podremos lograr”, afirma.

Hijos de deportados podrían sufrir distintos traumas

Un psicólogo de Mujeres Raíz, una organización sin fines de lucro que atiende a mujeres migrantes en Costa Rica y otros países de América a través de una amplia red de voluntarios, explicó que los hijos que enfrentan la deportación de sus padres muchas veces sufren estrés y otros traumas que pueden derivar en ansiedad y falta de concentración en clases, por lo que recomendó al Estado atender esta problemática a través de las instituciones de salud.

“La deportación forzada genera trauma emocional, ansiedad, depresión y una profunda sensación de pérdida. Superarlos requiere acompañamiento psicosocial, redes comunitarias y políticas públicas que permitan una reintegración digna, reconociendo que la deportación no es un fracaso personal, sino una vulneración de derechos”, afirmó el experto.

En cuanto a los niños, el psicólogo explicó que la deportación de las madres puede verse reflejada en un bajo rendimiento académico, debido a la falta de concentración en clases, por lo que sugirió a los docentes saber manejar estos cambios emocionales en los menores.

“La separación familiar impacta directamente su derecho a la educación y a la estabilidad emocional de las niñas y niños, quienes pueden presentar miedo, tristeza, ansiedad y dificultades de concentración, lo que afecta su desempeño escolar”, expuso.

Agregó que, tras años de acompañamiento a familias migrantes, puede afirmarse que la deportación de un padre o una madre constituye una ruptura estructural del entorno de protección de la niñez. “No se trata únicamente de una separación física, sino de una pérdida abrupta de estabilidad emocional, económica y social”, señaló.

El funcionario de Mujeres Raíz también explicó que, en estos contextos, niñas y niños viven procesos prolongados de incertidumbre, miedo y sobrecarga emocional, especialmente cuando la responsabilidad del hogar recae en una madre sola. “Este estrés sostenido afecta directamente su desarrollo emocional y cognitivo, impactando la capacidad de concentración, el aprendizaje y la permanencia en el sistema educativo”, sostuvo.

Atender las señales

Un psicólogo del Área de Documentación y Acompañamiento Psicológico del Colectivo de Derechos Humanos Nicaragua Nunca Más, con sede en Costa Rica, advirtió sobre las afectaciones emocionales y conductuales que la deportación puede provocar en niñas y niños nicaragüenses, e instó a docentes y padres de familia a estar atentos a las señales que puedan manifestarse tanto en el aula como en el hogar.

El especialista explicó que la deportación constituye un evento traumático que impacta directamente en los hijos de las personas deportadas, quienes suelen presentar secuelas emocionales, cognitivas y conductuales como reflejo de la situación que atraviesan sus padres.

“Casi siempre las manifestaciones en los niños son cognitivas y conductuales. Vamos a observar afectaciones emocionales y cognitivas que representan lo que está ocurriendo en la vida de los padres, en este caso, la deportación”, señaló el profesional, quien en el último año ha brindado atención psicológica a varias personas deportadas.

De acuerdo con el experto, estas conductas suelen ser temporales y pueden superarse con acompañamiento profesional y apoyo familiar, lo que permite a los menores adaptarse gradualmente a su entorno escolar y social.

“Aunque no siempre se trata de un trastorno formal, estas situaciones pueden generar dificultades reales en el ámbito familiar y escolar. Los niños pueden presentar problemas de conducta y memoria, lo cual no debe interpretarse como falta de interés, sino como una respuesta al estrés y al duelo”, explicó.

El psicólogo también alertó sobre el impacto emocional que la deportación tiene en las personas adultas, quienes pueden experimentar frustración al ver truncados sus sueños, metas y proyectos de vida tras ser expulsadas del país.

“La deportación puede vivirse como un evento potencialmente traumático, especialmente cuando implica separación familiar, pérdida del proyecto de vida, estigmatización y vulnerabilidad económica. Muchas de las mujeres que he atendido presentan afectaciones emocionales asociadas a lo que se conoce como duelo migratorio”, concluyó.

Deportaciones han quebrado la economía familiar

Un economista que imparte clases en una universidad pública en Nicaragua, y que fue consultado para este reportaje bajo condición de anonimato por razones de seguridad, explicó que las deportaciones de nicaragüenses desde Estados Unidos están teniendo un efecto devastador en la economía de las familias, ya que los ingresos mensuales desaparecen de forma abrupta.

La última vez que el Banco Central de Nicaragua (BCN) publicó datos sobre el ingreso de remesas al país fue en abril de 2025. El informe indica que entre enero y abril de ese año Nicaragua recibió 1,943.1 millones de dólares en remesas familiares, un 22.2 % más que en el mismo período de 2024.

De acuerdo con el ente emisor, el 84 % de las remesas provinieron de Estados Unidos (1,632.2 millones de dólares), seguido de Costa Rica con un 7.3 % (141.1 millones), España con un 5.4 % (104.8 millones), Panamá con un 1 % (19.7 millones) y Canadá con un 0.5 % (10.2 millones de dólares).

El economista considera que el Banco Central no ha publicado informes más recientes porque existe una disminución en la recepción de remesas familiares, principalmente las provenientes de Estados Unidos, donde las deportaciones y el alto costo de vida se han agudizado.

“Desde enero de 2025, cuando Donald Trump volvió a la presidencia, muchos nicaragüenses han sido deportados de Estados Unidos y eso ha tenido un impacto negativo en las familias, que han dejado de recibir dinero”, explicó.

Añadió que muchos de los deportados son jefes de hogar que regresan al país sin recursos y deben empezar de cero, mientras arrastran deudas antiguas. “No se conoce cuántas personas han sido deportadas porque ni Estados Unidos ni el gobierno de Nicaragua han publicado estadísticas, pero puedo asegurar que muchos son padres de familia que han hecho enormes esfuerzos para comprar los útiles escolares de sus hijos”, señaló.

Los deportados de Estados Unidos

A inicios de enero, un funcionario del Departamento de Estado de los Estados Unidos informó a la agencia española de noticias EFE que durante 2025 fueron deportados 7,431 nicaragüenses que se encontraban en condición migratoria irregular en ese país.

El funcionario —que no precisó el número de nicaragüenses deportados en 2024— señaló que los 7,431 migrantes nicaragüenses llegaron a Managua entre enero y diciembre de 2025 a bordo de 66 vuelos, incluido un avión C-17 de la Fuerza Aérea estadounidense.

El Departamento de Estado indicó que diciembre fue el mes con más deportaciones de nicaragüenses, con 1,372 connacionales, seguido de septiembre, con 1,012 nicaragüenses expulsados de Estados Unidos por estar en condición migratoria irregular.

LEYENDA OBLIGATORIA: Con el auspicio del Fondo Canadá para Iniciativas Locales (FCIL) de la Embajada de Canadá para Costa Rica, Nicaragua y Honduras.

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