Báez: La liberación y la democratización están más cerca
En su homilía dominical, monseñor Silvio Báez afirmó que la liberación y la democratización de los pueblos están cada vez más cerca, al reflexionar sobre el mensaje de Jesús, la esperanza en tiempos de crisis y el papel activo de la Iglesia y del pueblo frente a la represión y la injusticia
En su homilía dominical, monseñor Silvio Báez reflexionó sobre el inicio del ministerio público de Jesús y lo vinculó con los desafíos espirituales, sociales y políticos que enfrentan hoy los pueblos, especialmente aquellos que viven bajo contextos de represión, desigualdad e incertidumbre.
El obispo recordó que el Evangelio narra cómo Jesús comienza su predicación tras el arresto de Juan el Bautista, un hecho que lejos de paralizarlo lo impulsa a continuar la obra de Dios. Para Báez, este pasaje bíblico muestra que, aunque las personas puedan ser silenciadas, los ideales y la palabra de Dios permanecen vivos y activos en la historia.
Desde esa lectura, subrayó que los momentos de crisis también pueden convertirse en oportunidades para renovar la esperanza y la fortaleza interior.
“Los problemas y obstáculos son oportunidades para descubrir nuevas fuerzas ocultas en nuestro interior. Asumir los desafíos sin desanimarnos ni quebrarnos nos fortalece y nos lleva a encontrar soluciones creativas. La fuerza y el amor del Señor están presentes en cada dificultad que enfrentamos. Aprendamos a ver la vida con los ojos de Jesús, que sabía descubrir nuevos caminos cuando todo parecía haber terminado”.
Monseñor Báez también llamó a mantener una mirada atenta sobre la realidad mundial actual.
“Debemos vivir atentos a lo que ocurre a nuestro alrededor. Vivimos un momento decisivo en el que parece que se reconfigura la geopolítica mundial a través del uso de la fuerza, la negación del derecho, y el desprecio y maltrato hacia los grupos humanos más vulnerables”.
En ese contexto, criticó la supremacía de la riqueza y de las relaciones económicas como fuerzas que dirigen el mundo, relegando el valor de las personas y de los pueblos.
“Además, vemos cómo las relaciones económicas y la riqueza han sido elevadas a un poder que dirige el mundo, olvidando el valor y la dignidad de los pueblos y de las personas. Es hora de enrumbar la historia. Es hora de volver a creer en la razón, el entendimiento pacífico, la dignidad humana y en la búsqueda urgente de la paz y la fraternidad. Como ha dicho el Papa León, en su misa de inicio de pontificado el 18 de mayo de 2025: ‘¡Es la hora del amor!’. Es la hora de creer en la fuerza transformadora de Dios y la posibilidad humana de construir un mundo mejor”.
El obispo nicaragüense, hizo una referencia directa a las realidades políticas de muchos países donde , afirmó, persisten poderes arbitrarios que reprimen y encarcelan. En ese escenario, insistió en que ni la Iglesia ni los pueblos deben guardar silencio.
“En muchos de nuestros países, vivimos momentos de incertidumbre y experiencias dolorosas de poderes arbitrarios que amenazan, reprimen y encarcelan. No es la hora de callar o desanimarnos. Como Jesús, que ante el arresto de Juan siguió adelante, también nosotros debemos mantenernos firmes y seguir soñando y luchando. La liberación y la democratización de nuestros pueblos están cada vez más cerca. Para la Iglesia, no es el momento del silencio. Es el tiempo de hablar para iluminar la oscuridad del momento, alimentar la esperanza del pueblo y denunciar las estructuras opresivas que han prevalecido, pero que están a punto de desaparecer”.
Finalmente, Báez destacó el papel central del pueblo en la construcción del futuro y exhortó a los líderes políticos a comunicarse directamente con la ciudadanía, escuchando sus necesidades y acompañando sus procesos de organización.
“Es el momento en que los líderes políticos no solo se dirijan a los organismos internacionales o a los medios de comunicación, sino que hablen directamente a la gente, al pueblo, con sabiduría y solidaridad. Ha llegado la hora de darle protagonismo al pueblo que está dentro del país, escuchando sus necesidades y preocupaciones, acompañando su organización y animando su esperanza. Parafraseando lo que dijo el Papa Francisco en Bolivia en 2015, seamos conscientes de que el futuro de nuestros pueblos no está únicamente en manos de las grandes potencias o de los líderes políticos, sino que está fundamentalmente en manos del mismo pueblo y en su capacidad de organizarse”, aseguró.
La homilía concluyó retomando el núcleo del mensaje de Jesús: la cercanía del Reino de Dios y el llamado a la conversión como camino de liberación personal y colectiva, invitando a vivir desde el amor, la solidaridad y la esperanza en un mundo nuevo que, según afirmó, Dios ya está haciendo realidad.
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