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Monseñor Silvio Báez: “Orar no es cruzarse de brazos”

En su homilía dominical, Monseñor Silvio Báez advirtió que orar no es pasividad, sino resistencia activa. Invitó a los creyentes a denunciar la injusticia y mantener la esperanza, aun en los tiempos más oscuros

Octubre 05, 2025 12:00 PM
Monseñor Silvio Báez: “Orar no es cruzarse de brazos”

En su prédica dominical Monseñor Silvio Báez, ofreció una brújula para los tiempos oscuros. Y dejó claro que esperar no es pasividad, sino fidelidad, resistencia, compromiso.

El obispo no sólo propuso una reflexión espiritual; su mensaje se convirtió en una denuncia y un llamado urgente para que los creyentes reconozcan la injusticia, la violencia, y no permanezcan estáticos, sino que “luchen con Dios en la noche de su aparente ausencia”.

Monseñor retoma las palabras de impotencia del profeta Habacuc y evocó su lamento ante una opresión que parece eterna.

¿Hasta cuándo, Señor, pediré auxilio, sin que me escuches, y denunciaré a gritos la violencia que reina, sin que te dignes salvar? ¿Por qué, Señor, me haces ver la injusticia y te quedas mirando indiferente la opresión? Ante mí no hay más que destrucción y violencias, pleitos y controversias”, leyó el religioso.

Con esa invocación, Báez invitó a los fieles y la sociedad a que no disimulen el dolor ni se acostumbren al silencio. “Son palabras fuertes, sinceras, apasionadas que brotan de un corazón creyente que no se resigna ante el mal”, subrayó el monseñor, señalando que la indignación no es desorden sino acto de fe activa.

Báez retoma de Habacuc no sólo la queja al cielo, sino también su capacidad de interpelar a Dios, de exigirle cuentas, de incomodar. En esos momentos en los que la injusticia parece natural, cuando las autoridades violentan derechos o cuando “los tiranos imponen su voluntad de poder con la fuerza de la represión”, el creyente tienen el deber de no callar.

Este profeta nos enseña que no podemos ser indiferentes ante los tiranos que imponen su voluntad de poder con la fuerza de la represión y la violencia. Nos enseña también que no debemos resignarnos a que los malvados nos amedrenten con sus discursos cínicos”, explicó Báez.

El mensaje de Báez convoca a la comunidad de fe a ver la opresión social como un asunto espiritual y político: reclamar ante Dios es reconocer la responsabilidad personal y colectiva, es romper la apatía, y comprender que la fe demanda acción y esperanza.

Otra de las secciones que Báez rescató con claridad bíblica es la promesa divina al profeta: que aunque la injusticia parezca triunfante, Dios actúa; aunque la intervención parezca tardía, llegará.

Es todavía una visión de algo lejano, pero que viene corriendo y no fallará. Si se tarda, espérala, pues llegará sin falta. El malvado sucumbirá sin remedio; el justo, en cambio, vivirá por su fe”, retoma el Obispo.

Para Báez, esta promesa no es consuelo pasivo sino impulso vivo. Una fe humilde, incluso pequeña,como el grano de mostaza al que Jesús refiere, logra transformar la resignación en perseverancia.

El obispo también pone en claro que orar no significa esperar sin involucrarse. “Orar es también luchar con Dios en la noche de su aparente ausencia y gritar ante Él, protestando y rompiendo su silencio”, dijo el Obispo Auxiliar de Managua. 

En ese clamor, la comunidad cristiana se vuelve colectiva, comparte el sufrimiento, la injusticia, siente la ausencia del Estado, de la autoridad moral, de la justicia social.

El pasaje del Evangelio al que se refiere Báez complementa esta idea.

Los discípulos le piden a Jesús que les aumente la fe. En modo sorprendente Jesús les responde que no necesitan una fe enorme, sino que incluso la más pequeña, como un grano de mostaza, puede lograr cosas que parecen imposibles…”, reflexionó Báez, sobre la importancia de una fe pequeña pero firme, una esperanza activa aunque parezca débil, resulta valiosa.

Monseñor Silvio Báez cerró su prédica con este juicio final, diciendo que la promesa de Dios es segura, que el mal no reinará eternamente y los opresores serán juzgados.

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