Monseñor Báez recuerda agresión de la cual fue víctima de parte de turbas sandinistas en Diriamba, Carazo
El obispo Silvio Báez recuerda la agresión de turbas sandinistas en contra de él, durante una visita de los obispos en Carazo, cuando intentaron parar los ataques contra la población
A siete años de la masacre de Carazo, el obispo auxiliar de Managua, monseñor Silvio José Báez, exiliado desde 2019 por amenazas de muerte, rememoró este martes la violencia ejercida por turbas y paramilitares sandinistas en Diriamba contra líderes religiosos y ciudadanos que se refugiaban en templos católicos.
“Hoy hace siete años, el 9 de julio de 2018, al día siguiente de la masacre de Carazo, habiendo llegado para liberar a las personas que se refugiaban en la Basílica San Sebastián, obispos y sacerdotes fuimos agredidos por turbas y paramilitares del régimen en Diriamba”, escribió Báez en sus redes sociales, acompañando sus palabras con un video que evidencia el sufrimiento de la población durante aquellos días.
El sacerdote, crítico del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo, debió abandonar Nicaragua ante amenazas directas de fanáticos oficialistas. Su denuncia se suma a los testimonios recopilados por organizaciones de derechos humanos que han documentado la violencia sistemática contra la Iglesia católica desde abril de 2018.
La “Operación Limpieza”: el día más sangriento de la represión
El Colectivo de Derechos Humanos para la Memoria Histórica de Nicaragua, una ONG integrada por activistas nicaragüenses en el exilio y con sede en Costa Rica, denunció que el 8 de julio de 2018, unos 2.000 hombres armados, con respaldo de la Policía y el Ejército, ejecutaron la llamada “Operación Limpieza” en los municipios de Diriamba, Dolores y Jinotepe, en el departamento de Carazo.
La cifra de víctimas oscila entre 22 y 38 muertos, además de 30 personas detenidas. La violencia incluyó el corte de comunicaciones, ocupación de hospitales por paramilitares y el uso indiscriminado de armas de guerra contra la población civil.
Además del dolor y luto que dejó esta operación, también sirvió como trampolín para el ascenso de actuales líderes sandinistas. Uno de ellos es Jorge Acosta López, secretario político del FSLN en Carazo, conocido como “Sanyón”. En declaraciones ofrecidas a inicios de este año, Acosta confesó que “han estado de forma permanente dedicados a mantener la seguridad y el orden” y aseguró que lidera la autodenominada Policía Voluntaria, nacida de esa misma represión, y que ya ha juramentado a 1,500 paramilitares en Carazo.
Según denuncias de militantes sandinistas disidentes, Acosta fue uno de los actores clave en la represión de las protestas antigubernamentales. Junto al fallecido capitán en retiro del Ejército, Marco Tulio Navarro, organizó y armó grupos paramilitares para atacar tranques en Carazo, Masatepe y el histórico barrio indígena de Monimbó, en Masaya.
Relaciones suspendidas entre Managua y el Vaticano
Mientras tanto, las relaciones entre el régimen de Ortega-Murillo y el Vaticano se mantienen oficialmente “suspendidas”, aunque tras la muerte del Papa Francisco en abril pasado, Murillo se esforzó en aclarar que dichas relaciones han sido “accidentadas” pero “no están rotas” tras insistir en que se encuentran suspendidas. Desde 2018, al menos 46 sacerdotes y obispos han sido expulsados del país.
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