“Venimos a ahorrar para Navidad”: nicaragüenses cruzan a Costa Rica para trabajar en la cosecha de café
La temporada cafetalera vuelve a conectar dos realidades económicas a ambos lados de la frontera: fincas costarricenses que necesitan mano de obra y trabajadores nicaragüenses que encuentran en la recolección una oportunidad temporal para generar ingresos y volver a sus hogares con ahorros
Con pocas pertenencias y una meta concreta, trabajadores nicaragüenses vuelven a emprender el viaje hacia las zonas cafetaleras de Costa Rica. Algunos permanecerán apenas unos meses. Trabajarán recogiendo café y, cuando termine la temporada, esperan regresar a Nicaragua llevando algo que para sus familias puede hacer una gran diferencia: los ahorros de varios meses de trabajo.
“Solo venimos tres meses y nos regresamos llevando ahorros en nuestras manos para poder comprar lo necesario en Navidad”, cuentan recolectores nicaragüenses que ya se encuentran en territorio costarricense, según testimonios divulgados por Mundo Digital Caliente.
Detrás de esa frase existe una historia que se repite desde hace décadas entre Nicaragua y Costa Rica.
Cada temporada de café moviliza trabajadores entre ambos países. Mientras los productores costarricenses necesitan miles de manos para recoger un fruto cuya recolección continúa realizándose fundamentalmente de manera manual, nicaragüenses encuentran en las fincas una oportunidad temporal para obtener ingresos y posteriormente regresar a sus comunidades.
Tres meses de trabajo para regresar con ahorros
Entre los testimonios divulgados se encuentra el de Marcial Mendoza, quien, según Mundo Digital Caliente, viaja cada año durante la temporada cafetalera.
La razón es principalmente económica. Mendoza explica que el pago que puede obtener recogiendo café en Costa Rica resulta atractivo frente a las oportunidades que encuentra en Nicaragua, aunque reconoce que vivir en el vecino país también cuesta más.
“Costa Rica es más caro, pero a veces nos ahorramos el alquiler, el café y, en ocasiones, algunos dueños de fincas son buena gente y nos dan un tiempo de comida”, relató.
Reducir los gastos mientras dura la cosecha resulta clave para cumplir el objetivo: ahorrar la mayor cantidad posible antes de regresar a Nicaragua.
La recolección, además, se paga principalmente de acuerdo con la cantidad de café recogido. Para marzo de 2026, el pago mínimo establecido en Costa Rica era de 1,150 colones por cajuela, aunque productores estaban ofreciendo entre 1,500 y 2,000 colones ante la necesidad de atraer recolectores, según informó La Nación.
Eso significa que el ingreso final puede variar según la finca, la cantidad de café maduro disponible y cuánto consiga recolectar cada trabajador.
Las manos nicaragüenses detrás del café costarricense
La llegada de trabajadores desde Nicaragua no es un fenómeno reciente ni marginal para la caficultura de Costa Rica.
Una investigación de la Universidad de Costa Rica explica que ya durante la década de 1970 comenzaron a registrarse problemas de disponibilidad de mano de obra en determinadas zonas cafetaleras costarricenses.
Para mediados de los años noventa, trabajadores inmigrantes procedentes principalmente de Nicaragua y El Salvador llegaron a representar alrededor de la mitad de los recolectores, según la reconstrucción histórica realizada por investigadores de la UCR.
Con el paso de los años también adquirió enorme importancia la migración temporal de indígenas Ngäbe-Buglé procedentes de Panamá.
Otro estudio académico sobre mujeres nicaragüenses que trabajaban en cafetales de Turrialba documentó cómo esta migración laboral se convirtió en una estrategia económica que podía repetirse durante años. La investigación siguió precisamente a trabajadoras nicaragüenses que habían participado en la cosecha en 2008 y regresó a encontrarlas una década después.
Costa Rica también necesita a los recolectores
No solamente los trabajadores buscan las fincas. Las fincas necesitan trabajadores.
La disponibilidad de mano de obra se ha convertido en uno de los principales desafíos de la caficultura costarricense. En enero de 2025, el propio Instituto del Café de Costa Rica (ICAFE) lanzó llamados para atraer recolectores ante la falta de personas suficientes para levantar la cosecha.
Y el problema continuó posteriormente. En su estimación para la cosecha 2025-2026, ICAFE pidió al sector gestionar oportunamente la mano de obra necesaria y realizar los trámites correspondientes para el ingreso de trabajadores migrantes mediante el protocolo establecido por las autoridades.
La dependencia tiene una explicación práctica: el café costarricense se recoge manualmente y de manera selectiva, escogiendo los frutos maduros. Por eso, cuando llega el momento de mayor producción, las fincas necesitan incorporar rápidamente grandes cantidades de trabajadores.
Una migración que también tiene dificultades
Pero detrás de la oportunidad económica también existen condiciones laborales que merecen atención.
Estudios de la Universidad de Costa Rica han documentado históricamente problemas relacionados con alojamiento, informalidad, vulnerabilidad laboral y condiciones de vida de trabajadores migrantes temporales. Las investigaciones advierten que precisamente el carácter estacional y el pago a destajo pueden colocar a algunos recolectores en posiciones desfavorables.
Por ello, reconocer la contribución de los nicaragüenses a la economía costarricense no significa ignorar las condiciones en las que realizan ese trabajo.
Costa Rica ha avanzado en mecanismos para ordenar la contratación. Durante la cosecha anterior, ICAFE y el Ministerio de Trabajo impulsaron procedimientos para que trabajadores migrantes ingresaran con documentación migratoria, cobertura por riesgos laborales y aseguramiento en la Caja Costarricense de Seguro Social, según autoridades cafetaleras citadas por La Nación.
Del cafetal nicaragüense al costarricense
La historia tiene además una particularidad: Nicaragua también es un país productor de café.
Sin embargo, durante décadas la diferencia de oportunidades laborales e ingresos entre ambos países ha generado movimientos estacionales hacia Costa Rica. Investigaciones académicas sitúan el crecimiento más marcado de esta migración laboral nicaragüense a partir de los años noventa.
Los destinos cambian conforme madura el café. Las primeras recolecciones comienzan en determinadas zonas y después los trabajadores pueden desplazarse siguiendo la cosecha hacia otras regiones.
Turrialba, Coto Brus, Pérez Zeledón, Los Santos y otras áreas productoras forman parte de ese recorrido cafetalero que cada temporada mueve a miles de personas.
Para algunos, como Marcial Mendoza, el viaje se ha convertido en una rutina anual: cruzar la frontera, trabajar, gastar lo menos posible, ahorrar y volver a Nicaragua.
Trabajo que cruza una frontera
Cuando una taza de café costarricense llega finalmente al consumidor, detrás existe una larga cadena de productores, beneficiadores, exportadores y trabajadores. En uno de los primeros eslabones están las personas que recorren los cafetales recogiendo manualmente los frutos maduros.
Y desde hace décadas, miles de esas manos han sido nicaragüenses.
Son trabajadores que encuentran en Costa Rica una fuente temporal de ingresos, mientras la caficultura costarricense encuentra en ellos una fuerza laboral que históricamente ha contribuido a sacar adelante sus cosechas.
Para muchos, el objetivo no es quedarse.
Como cuentan quienes comienzan nuevamente el recorrido este año, son unos meses lejos de casa con una expectativa sencilla: trabajar, ahorrar y regresar a Nicaragua con dinero para sus familias.
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