De recoger café a emprender con nacatamales: familia nicaragüense mantiene vivas sus raíces en Costa Rica

Una receta familiar nacida en Nicaragua hace medio siglo se convirtió en Costa Rica en una oportunidad de emprendimiento y en una forma de preservar las raíces, los recuerdos y la identidad de una familia originaria de Juigalpa

Carmen Aguirres
agosto 12, 2026 09:39 AM
De recoger café a emprender con nacatamales: familia nicaragüense mantiene vivas sus raíces en Costa Rica

Una olla llena de nacatamales puede parecer simplemente comida lista para compartir en familia, pero para Carlos Iván Torrez González representa mucho más que un alimento tradicional, ya que se ha convertido en un vínculo directo con su historia, con Nicaragua y con la memoria de su madre y su bisabuela, además de ser hoy una oportunidad concreta de emprendimiento en Costa Rica.

Carlos salió de Juigalpa, Chontales, cuando apenas tenía 10 años de edad. Era diciembre de 1997 cuando cruzó la frontera junto a su familia para iniciar una nueva vida en el vecino país del sur, en un proceso migratorio que, como el de miles de nicaragüenses, estuvo marcado por la búsqueda de mejores oportunidades y la necesidad de salir adelante.

Casi tres décadas después, aquella familia que llegó prácticamente desde cero ha logrado transformar una receta transmitida de generación en generación en un pequeño emprendimiento que poco a poco ha ido ganando clientes en territorio costarricense. La historia fue dada a conocer por el periodista Eduardo Vega, del medio costarricense La Teja, quien conversó con Carlos sobre su llegada al país, los años de sacrificio familiar y el proyecto que hoy desarrolla junto a su madre, Reyna González Sandoval.

De Juigalpa a los cafetales de Costa Rica

Antes de establecerse de forma definitiva en Costa Rica, los padres de Carlos ya conocían lo que significaba cruzar la frontera para trabajar, especialmente durante las temporadas de recolección de café, una actividad que durante décadas ha sido una de las principales fuentes de empleo para miles de migrantes nicaragüenses en el país vecino.

Según relató Carlos a La Teja, sus padres viajaban de forma temporal para las cosechas, hasta que finalmente tomaron la decisión de quedarse en Costa Rica. En ese proceso, Carlos y sus hermanos aún eran niños, pero la necesidad económica los llevó también a integrarse al trabajo agrícola desde temprana edad.

Aquellos primeros años estuvieron marcados por el esfuerzo constante, la incertidumbre y la adaptación a una nueva realidad, en un contexto que refleja la experiencia de muchas familias nicaragüenses que han migrado históricamente hacia Costa Rica en busca de estabilidad.

La cercanía geográfica entre ambos países ha convertido a Costa Rica en uno de los principales destinos de la migración nicaragüense durante décadas. De acuerdo con datos de la Encuesta Continua de Empleo del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) de Costa Rica, para el cuarto trimestre de 2025 se estimaban alrededor de 333,111 personas nacidas en Nicaragua residiendo en el país, lo que representa aproximadamente un 6.2% de la población analizada en esa medición.

Una receta que comenzó hace medio siglo

Para entender el emprendimiento que hoy desarrollan Carlos y su madre es necesario regresar varias décadas atrás, hasta Nicaragua en 1976, cuando Reyna González Sandoval tenía apenas 17 años y vivía con su abuela, quien preparaba nacatamales para la venta.

En ese entorno familiar, Reyna aprendió de forma directa el proceso completo de elaboración del nacatamal, desde la preparación de la masa y el sazonado de la carne hasta el uso de las hojas de plátano y los tiempos de cocción, conocimientos que con el tiempo se convirtieron en parte de una tradición familiar.

Entre 1980 y 1992, Reyna desarrolló un pequeño emprendimiento en Nicaragua basado en esa receta, hasta que posteriormente tuvo que detenerlo debido a distintas circunstancias. Sin embargo, la migración a Costa Rica no significó el fin de esa tradición, ya que la receta permaneció en la memoria familiar durante años.

Carlos creció observando a su madre en la cocina y conservó esos recuerdos de su infancia en Chontales, lo que con el tiempo se convertiría en la base del proyecto que hoy comparten.

La pandemia cambió los planes

Fue hasta el año 2020, en medio de la pandemia de covid-19 y sus efectos económicos, cuando madre e hijo decidieron retomar la preparación de nacatamales como una alternativa para generar ingresos.

Al inicio lo hicieron de forma ocasional, principalmente en temporadas específicas, pero con el tiempo la demanda comenzó a crecer y los pedidos se volvieron más frecuentes, lo que permitió que la actividad evolucionara hacia un emprendimiento familiar más constante.

Según relató Carlos a La Teja, producen entre 80 y 100 nacatamales aproximadamente cada 22 días, los cuales distribuyen entre clientes particulares y pequeños comercios que esperan cada nueva producción.

El proceso de elaboración toma alrededor de dos días e incluye la compra y selección de ingredientes, la preparación de la masa, el adobo de la carne, la limpieza de las hojas de plátano, el armado individual de cada nacatamal y finalmente su cocción.

Carlos asegura que no existe un ingrediente secreto, sino que el resultado depende principalmente de la paciencia, la calidad de los productos y el cuidado con el que se mantiene la receta familiar.

De recolector de café a profesional y emprendedor

La historia de Carlos no se limita a su infancia en los cafetales. Con el paso de los años logró continuar su formación académica en Costa Rica, donde obtuvo una licenciatura en Contaduría Pública y trabajó durante 13 años en una empresa privada.

Actualmente combina su profesión con el emprendimiento familiar, siendo el único de sus hermanos que continuó aprendiendo directamente de su madre la elaboración de los nacatamales.

Su trayectoria refleja un proceso de movilidad social que también se observa en parte de la población migrante nicaragüense, donde el trabajo, la educación y el emprendimiento se convierten en herramientas para la construcción de nuevas oportunidades.

El nacatamal como vínculo con Nicaragua

Para Carlos y su madre, el nacatamal no es únicamente un producto comercial, sino un elemento de identidad cultural que les permite mantener un vínculo directo con Nicaragua.

Su objetivo es conservar el sabor tradicional para que cada persona que lo pruebe pueda experimentar, aunque sea por un momento, un recuerdo asociado a la cocina nicaragüense.

Este tipo de expresiones gastronómicas también adquieren relevancia en Costa Rica, donde reside una amplia comunidad de personas nacidas en Nicaragua que han contribuido a la vida social, económica y cultural del país.

Un sueño llamado “Mágica Dulzura”

El emprendimiento familiar no se detiene en los nacatamales. Carlos y su madre ya proyectan la posibilidad de abrir un negocio formal bajo el nombre de “Mágica Dulzura”, donde planean ofrecer no solo nacatamales, sino también productos de repostería y pastelería.

El objetivo es crecer de manera gradual sin perder la esencia de la receta que dio origen a todo el proyecto, una preparación que comenzó en Nicaragua hace aproximadamente medio siglo y que ha atravesado generaciones.

Para Carlos, la meta es que cada producto no solo represente un alimento, sino también una experiencia que conecte a las personas con sus recuerdos y su identidad.

Una historia que se repite en miles de familias

La experiencia de esta familia de Juigalpa forma parte de una realidad más amplia que comparten miles de hogares nicaragüenses que han migrado a Costa Rica a lo largo de los años, muchos de ellos insertándose en sectores como la agricultura, la construcción, el trabajo doméstico y el comercio.

Aunque cada historia migratoria es distinta y está marcada por condiciones particulares, en muchos casos el proceso implica sacrificios, adaptación y reconstrucción de la vida en un nuevo país.

En el caso de Carlos y Reyna, una receta familiar logró sobrevivir a la migración, al paso del tiempo y a las dificultades económicas, hasta convertirse nuevamente en una fuente de ingresos y en un símbolo de identidad.

Hoy, casi 30 años después de haber cruzado la frontera, aquella familia continúa creciendo, esta vez con el aroma de los nacatamales como hilo conductor de su historia.

Crédito y fuentes: La historia de Carlos Iván Torrez González y Reyna González Sandoval fue publicada originalmente por el periodista Eduardo Vega en el medio costarricense La Teja.

Apoya a 100% NOTICIAS para vencer la CENSURA. El Canal del Pueblo necesita de tu apoyo


Donar ahora