Rosita Rodríguez, el rostro nicaragüense de las mujeres que construyen viviendas en EEUU
La joven nicaragüense encontró en la construcción no solo una forma de sostenerse en Estados Unidos, sino la continuación de una pasión que nació cuando era niña observando trabajar a su padre
Rosita Rodríguez llegó a Estados Unidos procedente de Nicaragua cuando tenía 17 años y solicitó asilo político con el sueño de construir una vida mejor. Hoy, literalmente, se gana la vida construyendo, mientras enfrenta los desafíos de ser mujer e inmigrante en uno de los sectores que más depende de la fuerza laboral extranjera.
Según contó a CNN en Español, su vínculo con este oficio comenzó mucho antes de emigrar. Rodríguez creció observando a su padre trabajar en la construcción y aquel mundo terminó convirtiéndose también en su profesión.
“Desde niña me ha gustado la construcción y ahora que estoy trabajando aquí me siento orgullosa de pertenecer a este ámbito laboral”, dice.
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Su trabajo, sin embargo, transcurre actualmente bajo una preocupación adicional: las operaciones migratorias impulsadas durante la Administración de Donald Trump. Rodríguez reconoce que el temor a encontrarse con agentes federales también alcanza los lugares donde ella y otros inmigrantes se ganan la vida.
“A los inmigrantes como nosotros nos da miedo estar o trabajar en un lugar muy poblado por las redadas de inmigración”, cuenta Rodríguez.
Trabajar aunque exista miedo
Rosita experimentó de cerca ese temor cuando se encontraba en Minnesota. Según relató a CNN en Español, la ofensiva migratoria llegó a afectar la vida cotidiana y el funcionamiento de distintos lugares de trabajo.
“Cuando estaba en Minnesota y se puso muy feo (la ofensiva de ICE), muchos proyectos se pararon porque a la gente de verdad le daba miedo salir a la calle. No salían ni a comprar comida ni absolutamente nada. Era difícil ir a trabajar incluso en restaurantes, construcción o empresas porque el miedo de que se lo lleven a uno es inmenso”, cuenta Rodríguez.
Pero dejar de trabajar no representa una opción sencilla para quienes necesitan pagar vivienda, alimentación y otros gastos cotidianos. Para la nicaragüense, esa realidad termina imponiéndose sobre el miedo.
“Una aprende a vivir con eso porque nadie aquí te va a pagar la renta o tus compras. La realidad es que uno está aquí por un futuro mejor, entonces ni modo, hay que trabajar y hay que hacerlo, aunque sea con miedo”, afirma Rodríguez.

La experiencia migratoria tampoco ha sido su único desafío. Como mujer dentro de la construcción, asegura que ha tenido que aprender inglés, adaptarse a otro país y ganarse el respeto de sus compañeros mientras cumple jornadas físicamente exigentes.
“Muchas veces llego muy cansada a mi casa y lo único que quiero es descansar, pero cada desafío me ha ayudado a crecer y a desarrollar una buena actitud para resolver problemas”, agrega Rodríguez.
Rosita sigue construyendo su futuro
Más allá de las estadísticas y del debate político estadounidense, para Rosita la construcción tiene un significado profundamente personal.
Es el oficio que conoció viendo trabajar a su padre en Nicaragua, una actividad en la que ahora se abre camino como mujer y la fuente de ingresos que le permite continuar persiguiendo el futuro que imaginó cuando emigró siendo adolescente.
Las jornadas pueden terminar con cansancio y el contexto migratorio puede añadir incertidumbre, pero Rodríguez asegura que cada dificultad también le ha permitido aprender y crecer.
Inmigrantes, esenciales para la construcción
La historia de Rosita forma parte de una realidad mucho más amplia en Estados Unidos. Jaime Rangel, director regional de relaciones gubernamentales de FWD.us, señala que aproximadamente uno de cada cuatro trabajadores de la construcción en el país es inmigrante. FWD.us identifica a Rangel como su director regional de relaciones gubernamentales.
Según los datos citados por CNN en Español, más de 700.000 trabajadores del sector se encuentran protegidos por figuras migratorias como el Estatus de Protección Temporal (TPS) o la Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA).
El peso de los trabajadores inmigrantes adquiere especial relevancia mientras Estados Unidos intenta enfrentar el elevado costo de comprar o alquilar una vivienda.
En julio entró en vigor la 21st Century ROAD to Housing Act, una amplia legislación bipartidista destinada a aumentar la oferta de viviendas y reducir obstáculos para su construcción. La normativa se convirtió en ley sin la firma de Trump después de ser aprobada por amplias mayorías en ambas cámaras del Congreso.
Entre otras disposiciones, la legislación busca facilitar la construcción de nuevas viviendas, agilizar determinados procesos regulatorios y ampliar herramientas relacionadas con el financiamiento y la vivienda asequible.
Surge entonces una contradicción que afecta directamente a trabajadores como Rosita: Estados Unidos pretende construir más viviendas al mismo tiempo que el endurecimiento migratorio genera incertidumbre entre una parte de la fuerza laboral encargada precisamente de levantarlas.
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