Los Chicheros de España: El Güegüense nicaragüense en el exilio
Hay canciones que duran tres minutos y otras que transportan a un país entero. Cada fin de semana, un grupo de nicaragüenses radicados en España logra ese efecto: basta el sonido de una trompeta, un clarinete o una tuba para que cientos de migrantes vuelvan, por un instante, a las fiestas patronales, las procesiones y las calles de Nicaragua
En España se puede bailar al ritmo de chicheros y regresar a cualquier fiesta popular de Nicaragua con cada melodía interpretada por la Banda Filarmónica El Güegüense, una agrupación formada por migrantes nicaragüenses que encontró en la música una manera de mantener vivas sus raíces y acercar un pedazo de su tierra a quienes viven lejos de ella.
Cada viernes por la tarde, el analista químico, el vendedor de autos y varios obreros de la construcción dejan atrás sus jornadas laborales para ponerse botas, sombreros y pantalones vaqueros. Entonces dejan de ser trabajadores para convertirse en músicos que, con sonidos de música filarmónica, ranchera y tradicional nicaragüense, conquistan escenarios donde la nostalgia también se baila.

La banda nació hace cuatro años, cuando un grupo de músicos nicaragüenses respondió a una convocatoria para crear una agrupación que llevara el sonido de Nicaragua a Europa. Lo que comenzó con ocho integrantes hoy reúne, según la ocasión, hasta once músicos que comparten el mismo propósito: mantener viva la identidad cultural de su país.
Paradójicamente, reconocen que el reconocimiento que hoy reciben en España nunca lo experimentaron con la misma intensidad en Nicaragua.
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"Aquí te ven como un artista. Creo que tiene que ver por la misma escasez de bandas. Contrario de Nicaragua que abundan. Aquí se valora mucho más el talento", explica Jackson Amador en entrevista con 100%Noticias, convencido de que el proyecto aún tiene mucho camino por recorrer hasta conquistar a todo el público latino en Europa.
Un buen fin de semana puede representar ingresos de hasta 350 euros para cada integrante, aunque admiten que durante julio y agosto, coincidiendo con el verano español, disminuye la demanda de presentaciones. Para ellos, ese período también sirve para preparar la temporada de mayor actividad.
La música también ayuda a vencer la soledad de migrar
Más allá del escenario, la agrupación también ha sido un refugio frente a los desafíos de comenzar una nueva vida lejos de Nicaragua.
"Los primeros tres años te afecta la soledad, luego te vas estabilizando. Te mantiene vivo la satisfacción de que tu familia está siendo ayudada y continúas tus proyectos", asegura Jackson.

Nacido en Teustepe, Boaco, hace 35 años, Jackson llegó a España en 2020. Dos años después, junto a Melvin López, dio vida a la Banda Filarmónica El Güegüense. Aunque no descarta regresar algún día a Nicaragua, hoy concentra todos sus esfuerzos en consolidar el proyecto musical en Europa.
El niño que soñó con una trompeta
Para Melvin López Matuz, de 25 años y originario de Santo Tomás, Chontales, la música comenzó cuando apenas tenía siete años.
Su primera escuela fue la banda de guerra de su colegio, donde aprendió a tocar instrumentos de percusión como el redoblante, la caja y los timbales. Más tarde descubrió que su verdadera pasión estaba en la trompeta.
"Poco a poco descubrí que la música sería mucho más que un pasatiempo: se convertiría en una forma de vida", recuerda.
Mientras estudiaba Informática en la UNAN-Managua, nunca abandonó los escenarios.

"Mientras cursaba mis estudios universitarios, cada fin de semana me subía al escenario con ellos. Aunque me estaba formando profesionalmente, nunca dejé de lado la música porque era, y sigue siendo, mi mayor pasión", afirma.
También estudió teoría musical en el Conservatorio de la UPOLI, donde perfeccionó su formación bajo la guía del profesor Roberto Amos, exintegrante de La Nueva Compañía, a quien considera su maestro y amigo.
Una invitación cambió el rumbo de su vida
El destino comenzó a cambiar durante una actividad cultural organizada por una brigada de voluntarios belgas que visitó Santo Tomás.
Tras interpretar música nicaragüense con su guitarra, recibió una invitación inesperada.
"Este chico tiene que venir a cantar al teatro que realizaremos en Bélgica."
Ese viaje fue el primero de muchos sueños cumplidos.

"Al regresar a Nicaragua llevaba una idea muy clara: algún día volvería a Europa. Ese sueño se hizo realidad en abril de 2019, cuando llegué a España", cuenta.
Ya instalado en ese país, decidió convertir aquella ilusión en un proyecto permanente.
"Ya en España, junto a un amigo y socio, decidimos dar vida a un proyecto que llevábamos en el corazón: Banda Filarmónica El Güegüense. Nuestro objetivo siempre ha sido mucho más que hacer música. Queremos mantener vivas nuestras raíces, acercar un pedacito de Nicaragua a quienes viven lejos de su tierra y regalar momentos de alegría y nostalgia a nuestra comunidad."
Más que música, un puente hacia Nicaragua
Cada presentación confirma que la misión de la banda va mucho más allá del entretenimiento.
"No hay satisfacción más grande que escuchar a alguien decir: 'Qué bonito volver a escuchar esta música; hacía más de diez años que no la bailaba'. Son esas palabras las que nos recuerdan que la música tiene el poder de unir personas, despertar recuerdos y hacer sentir a la gente, aunque sea por un instante, nuevamente en casa."

Paralelamente, Melvin continúa preparándose profesionalmente.
Recientemente culminó una maestría, un logro que considera parte de su crecimiento personal, aunque asegura que su compromiso con la música permanece intacto.
"Hoy doy gracias a Dios por haber culminado mi máster, un logro que representa otro paso importante en mi crecimiento personal y profesional. Sin embargo, mi compromiso sigue siendo el mismo: continuar aprendiendo, creciendo y entregando lo mejor de mí, tanto en mi profesión como en la música."
También agradece el respaldo recibido por quienes han acompañado el proyecto desde sus inicios.

"A todas las personas que han apoyado este proyecto, gracias de corazón. Seguiremos trabajando con la misma ilusión para llevar nuestra cultura, nuestra alegría y nuestras tradiciones a cada escenario."
Mientras ese sueño sigue creciendo, la agrupación continúa sumando talento nicaragüense. Entre sus integrantes también figuran Armando José Velázquez, el trompetista boaqueño Emanuel Gudiel González, Maykel Mendoza, de Managua, Álvaro Gabarrete, originario de León, y Yerling Iván García, entre otros músicos que han encontrado en la Banda Filarmónica El Güegüense una forma de mantener viva la identidad de Nicaragua a miles de kilómetros de casa.
Hoy su meta es recorrer toda Europa llevando el sonido de las fiestas populares nicaragüenses y, con cada presentación, demostrar que la distancia puede separar a las personas de su tierra, pero nunca de la música que las hace sentirse nuevamente en casa.
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