De vestir muñecas en Nicaragua a crear vestidos para Luis Miguel y la reina Letizia

La diseñadora nicaragüense que hoy trabaja con celebridades internacionales comenzó cosiendo vestidos para sus muñecas con retazos de tela en una casa humilde de Jalapa

Julio 14, 2026 04:29 PM
De vestir muñecas en Nicaragua a crear vestidos para Luis Miguel y la reina Letizia

A Antonieta Herrera le basta el aroma de los pinos durante el invierno español para volver, por un instante, a los diciembres de su infancia en el norte de Nicaragua. Entonces reaparece aquella niña curiosa que esperaba pacientemente a que su abuela terminara de coser para recoger los pequeños retazos de tela que otros consideraban inservibles, pero que para ella eran el inicio de un nuevo vestido.

Aquellas manos infantiles, que primero vistieron muñecas y luego a sus propias hermanas, jamás imaginaron que décadas después confeccionarían vestidos para novias en distintos continentes y adaptarían prendas para algunas de las figuras más reconocidas del espectáculo y la sociedad europea.

"Estaba encantada vistiendo a mis muñecas y después vestía a mis hermanas", recuerda la diseñadora durante una entrevista exclusiva con 100%NOTICIAS.

Hoy, desde su atelier Antonietta Couture, en Madrid, prepara una nueva colección de alta costura para novias que verá la luz en 2027. Sin embargo, detrás de ese nombre consolidado en el mundo de la moda existe una historia que comenzó muy lejos de las pasarelas, en una familia humilde donde la costura era parte de la vida cotidiana.

Antonieta nació en Somoto, aunque pasó gran parte de su infancia en Jalapa, Nueva Segovia. Es la segunda de cuatro hermanos y creció rodeada de mujeres que sabían transformar un trozo de tela en una prenda.

Su bisabuela era costurera. También su abuela. Sus tías. Incluso algunos de sus tíos. La costura parecía correr por las venas de la familia materna.

Su madre también tenía una máquina de coser, aunque apenas la utilizaba. Paradójicamente, esa máquina casi olvidada terminó convirtiéndose en el primer espacio donde Antonieta empezó a experimentar con aguja, hilo y telas.

Lo que para otros era un pasatiempo infantil, para ella ya tenía forma de proyecto de vida.

"Desde muy pequeña yo siempre lo tuve claro: quería tener una firma que llevara mi nombre", recuerda.

Esa certeza nunca desapareció. Ni siquiera cuando muchos consideraban que aquella idea era demasiado grande para una adolescente de un pequeño municipio del norte de Nicaragua.

El nombre que aprendió a querer

Curiosamente, durante muchos años Antonieta no se sintió orgullosa del nombre que hoy identifica su marca.

En Nicaragua pocas personas se llamaban así. Algunos lo pronunciaban mal. Otros se burlaban. Ella prefería pasar desapercibida. Todo cambió cuando comenzó a estudiar costura con una profesora

"A mí no me gustaba mi nombre y cuando empecé a estudiar costura con una francesa, porque claro, por la reina María Antonieta, que en Francia es Antoinet. Entonces ella me decía Antoinet, no me decía Antonieta y a partir de ahí me empezó a gustar", cuenta.

Veinticinco años después de emigrar a España, ese mismo nombre aparece en la fachada de un atelier que ha logrado abrirse espacio entre algunas de las casas de alta costura más reconocidas de Madrid.

De Jalapa a Madrid: la niña que soñó con la alta costura

El 11 de octubre del año 2000 no fue un día cualquiera. Trabajó hasta entrada la noche terminando pedidos. Preparó maletas. Cenó con sus hermanos. Conversó con su madre. Durmió apenas una hora.

A las dos y media de la madrugada debía levantarse para abordar el autobús hacia Managua. Desde allí partiría rumbo a España. Lo más difícil no era cambiar de país. Era dejar atrás a sus dos hijos todavía menores de edad.

“Y la verdad que fue un día raro, porque yo sabía que dejaba a mis hijos, que era lo más importante para mí, dejaba a mi familia”.

En lugar de lágrimas, predominaba la incertidumbre. "Más bien estaba con expectativa de cómo iba a ser aterrizar en España, adaptarme al cambio de vida y cómo iba a ser todo. Eran más las expectativas que tenía por el cambio de vida; no me sentía triste, tampoco estaba eufórica".

Cuatro trabajos, noches sin dormir y el nacimiento de Antonietta Couture

La diseñadora nicaragüense llegó a España con un sueño y una maleta. Lo que encontró fue una vida de sacrificios, jornadas interminables y años de estudio que terminaron abriéndole las puertas de la alta costura.

Madrid no la recibió con pasarelas, desfiles ni grandes talleres de moda. Como ocurre con miles de inmigrantes, los primeros días estuvieron marcados por la necesidad de sobrevivir.

Antonieta Herrera sabía que cumplir su sueño tendría un precio y estaba dispuesta a pagarlo.

Al día siguiente de llegar a España ya estaba en la academia donde comenzaría una preparación que se extendería durante varios años. Al mismo tiempo, necesitaba trabajar para mantenerse y reunir el dinero que algún día le permitiría traer a sus hijos.

"El primer trabajo que tuve fue en un taller donde cambiábamos etiquetas a las prendas", recuerda. Aquello apenas era el comienzo.

Con el paso de los meses aceptó cada oportunidad que apareció en su camino. "También trabajé en un horno de pan, de obrador. Los fines de semana cuidaba enfermos en hospitales; me pagaban por noche. Así, según las necesidades que iba teniendo".

No había horarios fijos. No existían los fines de semana. Mucho menos las vacaciones.

Hubo temporadas en las que llegó a desempeñar hasta cuatro trabajos al mismo tiempo mientras continuaba estudiando.

"Yo tenía que compaginar los estudios con el trabajo. Luego estuve trabajando de jefa de taller año y medio con Jorge Blanco Costur y también compaginaba los estudios con el trabajo. Mi preparación fue muy larga".

Durante cinco años no dejó de aprender.

Aunque en Nicaragua ya había estudiado corte y confección, quiso comenzar nuevamente. Se especializó en diseño, patronaje, alta costura, bordado, pedrería y patronaje industrial. Cada curso era una inversión para acercarse a la firma con la que había soñado desde niña.

El sacrificio que nadie veía

Detrás de cada vestido terminado había noches enteras sin dormir y una disciplina que ella misma considera la verdadera responsable de todo lo que vino después.

"Yo he tenido días que quería tirar la toalla, días de cansancio, días de trabajar casi 24 horas de corrido, pero presentarme y decir: 'No, tengo que seguir'".

Mientras muchos dormían, ella cambiaba de empleo o asistía a clases. Su objetivo era claro: convertirse en una modista capaz de competir con los mejores talleres de España.

Con el tiempo comenzó a trabajar como jefa de taller para Jorge Blanco Costur, una firma donde pasaban personalidades como Nuria March y Marta Sánchez. Por primera vez sentía que empezaba a entrar al mundo con el que tanto había soñado. Pero todavía faltaba mucho camino.

La novia rockera que cambió su historia

Los primeros encargos propios llegaron poco a poco. Primero realizaba arreglos de prendas. Pequeñas modificaciones. Trabajos discretos. Hasta que apareció una clienta diferente. Era una novia. Pero no quería parecerse a ninguna otra.

"Una chica que se casaba con su pareja de muchos años. Una amiga me la presentó porque no encontraba el vestido que quería. Era una chica a la que le gustaba mucho el rock".

Antonietta comenzó a diseñar un vestido completamente personalizado. Ese trabajo marcaría un antes y un después. "Esa fue mi primera clienta aquí, digamos ya como novia, entre 2008 y 2009, si no mal recuerdo."

Desde entonces comprendió que había encontrado el espacio donde realmente quería desarrollar su talento.

Vestir emociones

Con el paso del tiempo descubrió que su trabajo iba mucho más allá de diseñar vestidos. Comenzó a construir historias. A compartir nervios. A conocer familias. A escuchar ilusiones. Cada novia llegaba con una personalidad distinta. Y ella aprendía primero a conocer a la mujer antes de pensar en el vestido.

"Voy conociéndolas, viendo sus gustos; sobre todo las analizo mucho para trabajar en su vestido." Ese proceso terminó convirtiéndose en una de las partes favoritas de su profesión.

"Nunca había pensado en eso hasta que una novia me lo dijo. He vestido novias que se han casado alrededor del mundo, literalmente. Es un momento muy bonito porque vas construyendo el vestido con ellas y cuando después te mandan las fotos del día de la boda es muy satisfactorio."

La mayoría de aquellas clientas no desaparecía después del matrimonio.  Muchas regresaban años más tarde. Algunas buscaban vestidos para otros eventos. Otras llevaban a sus hermanas o amigas. Y varias terminaron convirtiéndose en amigas. "Normalmente recibo elogios; casi nunca he recibido una mala crítica."

La regla que nunca rompe

Si algo ha aprendido durante décadas confeccionando vestidos de novia es que la moda no consiste en imponer estilos. Consiste en escuchar. Por eso, antes de comenzar cualquier diseño, hace siempre la misma petición.

"Por favor, dime qué te gusta y qué no te gusta. Aquí la única opinión que me importa es la tuya, porque tú eres quien va a llevar el vestido".

Esa filosofía la ha acompañado durante toda su carrera. Incluso cuando trabaja con clientas conocidas. Incluso cuando adapta prendas de las firmas de lujo más importantes del mundo. Porque, para Antonieta, la elegancia nunca está únicamente en la tela. Está en hacer que quien vista una prenda se sienta plenamente identificada con ella.

Un nombre en la puerta

Después de años trabajando para otros llegó el momento que más había imaginado desde que era una niña.

Abrir su propio atelier. No fue únicamente inaugurar un negocio. Fue ver cumplida la promesa que se había hecho cuando aún cosía vestidos para muñecas en Jalapa.

"Cuando abrí mi primera tienda ya tenía bastante clientela, pero sinceramente cuando ves tu nombre puesto en el cartel ya es otra cosa".

"Los límites los pone uno mismo": la nicaragüense que conquistó la alta costura

Hoy adapta trajes para Luis Miguel y Richard Gere, trabaja con Isabel Preysler y ha colaborado con firmas que visten a la reina Letizia. Pero Antonietta Herrera asegura que su mayor logro no está en los nombres de sus clientes, sino en haber demostrado que los sueños no tienen fronteras.

Cuando Antonietta Herrera abrió por primera vez la puerta de su atelier en Madrid y vio su nombre escrito en la fachada, sintió que una parte de su historia había llegado a su destino.

No era únicamente una tienda. Era la confirmación de que aquella niña que cosía vestidos para sus muñecas en Jalapa había cumplido la promesa que se hizo décadas atrás.

Sin embargo, los mayores reconocimientos todavía estaban por llegar. Con el paso de los años, su trabajo comenzó a circular entre clientes que buscaban algo más que un vestido bien confeccionado. Buscaban perfección, discreción y alguien capaz de comprender que cada prenda debía adaptarse a la personalidad de quien la vestiría.

Así empezaron a aparecer nombres que, cuando vivía en Nicaragua, jamás imaginó conocer.

La llamada que nunca imaginó recibir

Uno de esos nombres fue Luis Miguel. Aunque muchos podrían pensar que diseña directamente para el cantante, Antonietta explica que su trabajo comienza cuando las grandes firmas envían los trajes al artista y estos necesitan ser ajustados para lograr un acabado perfecto.

"Luis Miguel viste todo de ropa de la firma. Entonces, lo que hace la firma es mandarle la ropa y la firma tiene la opción de mandarle a su sastre o a su modista".

Ahí es donde entra ella. Su función consiste en realizar las adaptaciones necesarias para que cada traje se ajuste exactamente al cuerpo del intérprete. El mismo proceso lo realiza con otro de sus clientes más conocidos.

"Yo trabajo más que todo el tema de estilismo, igual que con Richard Gere. Estoy directamente con ellos como diseñador de la prenda, junto al equipo de styling. Yo estoy directamente con él; voy, probamos el traje y le digo qué se puede arreglar y qué no se puede arreglar".

Se trata de un trabajo silencioso, casi invisible para el público, pero fundamental dentro del mundo de la alta costura.

La mujer más elegante de España

Entre todas las personalidades con las que ha trabajado, hay una relación que recuerda con especial cariño. Es la que mantiene con Isabel Preysler.

Durante la pandemia, Tamara Falcó la recomendó como la persona indicada para sustituir a la costurera de confianza de su madre, quien se había jubilado después de muchos años de trabajo. Lo que comenzó como un encargo terminó convirtiéndose en una relación basada en la confianza.

"Yo tengo una muy buena relación con ella. Solo con verla ya sé... A veces, cuando lleva alguna prenda de una firma internacional, la veo y le digo: 'No, esto no es su estilo, no me gusta'. Y no se la pone".

Lejos de incomodarse, Preysler valora esa sinceridad. "Es exigente, lógicamente. Le gustan las cosas bien hechas, los buenos acabados y es muy perfeccionista. Pero yo también soy muy crítica con mi trabajo y muy perfeccionista. La verdad es que tenemos una relación muy fluida".

Esa confianza también la ha llevado a colaborar con firmas internacionales que, cuando es necesario, confeccionan prendas destinadas a la reina Letizia.

Para Antonieta, más que un motivo de vanidad, representa la confirmación de que el esfuerzo constante termina dando frutos.

El vestido que llegó hasta Alejandra Capetillo

En abril de 2025, uno de sus diseños volvió a captar la atención del mundo de la moda.

Alejandra Capetillo, hija de los actores Biby Gaytán y Eduardo Capetillo, eligió uno de los vestidos que Antonietta había confeccionado para la firma de la diseñadora Lorena Formoso como parte de los actos previos a su boda.
La historia detrás de ese diseño comenzó varios años antes. "Lorena y yo diseñamos ese vestido para ella. Se lo hice en negro, le gustó tanto que decidió empezar a producirlo en blanco. Después me pidió que realizara toda la producción porque el taller que lo hacía no conseguía el mismo resultado".

Con el tiempo, aquel vestido terminó convirtiéndose en uno de los más vendidos de la firma. "Se ha vendido prácticamente por todo el mundo y Alejandra lo eligió para su preboda".

El éxito nunca cambió su manera de ver la moda

Pese a trabajar con celebridades y miembros de la alta sociedad, Antonieta mantiene intacta la filosofía que aprendió desde sus primeros años como modista. Para ella, la elegancia no depende del precio de una prenda. Depende de que la persona se sienta auténtica.

"Una de las cosas que he aprendido trabajando con novias es que si tú no te ves con un vestido, yo puedo hacer el vestido más bonito del mundo, pero te vas a ver fatal".

Por eso insiste en escuchar antes de diseñar. "Siempre les digo: 'Dime qué te gusta y qué no te gusta. Aquí la única opinión que me importa es la tuya'".

El mayor orgullo no está en las celebridades

Aunque hoy su nombre aparece junto al de figuras internacionales, Antonieta asegura que su mayor satisfacción está mucho más cerca de casa. Habla de sus dos hijos con la misma emoción con la que recuerda su infancia. Ellos tenían cinco y diez años cuando emigró a España.

Su principal objetivo era reunirlos nuevamente y ofrecerles oportunidades que ella nunca tuvo. Hoy ambos son adultos independientes. "Gracias a Dios tengo buena suerte. No tienen vicios y siempre han sido muy aplicados".

Dice que, si algo les ha enseñado, es exactamente lo mismo que aprendió durante toda su vida. Que ningún sueño se construye de un día para otro.

"Los límites los pone uno mismo"

Cuando piensa en las niñas nicaragüenses que hoy sueñan con convertirse en diseñadoras, médicas, ingenieras o emprendedoras, Antonieta vuelve inevitablemente a la adolescente que escuchaba una y otra vez que debía dejar de soñar.

"Yo tenía doce años y muchísimas veces me dijeron: 'Déjate de locuras, poné los pies sobre la tierra'". Ella nunca hizo caso. Por eso, el consejo que hoy comparte con quienes comienzan a construir su propio camino nace de la experiencia.

"No dejen de soñar nunca porque la vida da demasiadas vueltas y uno no sabe dónde va a terminar". Pero los sueños, aclara, no bastan. "Lo segundo es disciplina, trabajo, esfuerzo, sacrificio y constancia. Sin eso no hay nada".

Durante años llegó a tener cuatro trabajos simultáneamente. Se levantaba a las cuatro de la mañana y regresaba a casa pasada la medianoche. "Muchas veces la gente dice: 'No tengo dinero'. Pero yo siempre pregunto: '¿Has buscado opciones? ¿Has buscado oportunidades?'"

Entonces sonríe. Mira hacia atrás. Y reconoce que, si alguien le hubiera dicho cuando aún vivía en Jalapa que un día trabajaría con Luis Miguel, Richard Gere, Isabel Preysler o colaboraría con firmas que visten a la reina Letizia, jamás lo habría creído. "Te hubiese dicho que estabas loco".

La niña que nunca dejó de soñar

Antes de terminar la entrevista, Antonieta guarda unos segundos de silencio. Piensa en aquella niña que recogía retazos de tela para vestir muñecas. En la joven que abordó un autobús rumbo a Managua con una maleta llena de incertidumbre. En la madre que trabajó cuatro empleos para volver a abrazar a sus hijos. Y en la mujer que hoy dirige una firma de alta costura en Madrid.

Le preguntamos qué le diría si pudiera encontrarse nuevamente con esa niña.

La respuesta llega sin titubeos. "Sueña más todavía. No dejes de soñar. Sueña y vas a llegar donde tú ni siquiera imaginas, si no tienes miedo."

Después deja una última reflexión esta madre soltera que resume toda su historia. "Es que del cielo solo cae el agua. Yo siempre se lo repito a mis hijos. Del cielo solo cae el agua cuando llueve. De ahí, nada".

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