Nicaragüense en España denuncia que trabajadoras domésticas “se tragan” abusos por su vulnerabilidad

La activista nicaragüense Jamileth Chavarría denunció que muchas trabajadoras domésticas migrantes en España “se lo tragan” todo por miedo, falta de papeles y precariedad. Sus palabras surgen tras la investigación sobre Julio Iglesias publicada por elDiario.es y Univision

Febrero 16, 2026 10:58 AM
Nicaragüense en España denuncia que trabajadoras domésticas “se tragan” abusos por su vulnerabilidad

La activista feminista nicaragüense Jamileth Chavarría advirtió que muchas trabajadoras domésticas migrantes en España soportan abusos sexuales y laborales sin denunciar por miedo, falta de papeles y precariedad, al comentar el impacto de la investigación sobre Julio Iglesias publicada por elDiario.es junto a Univision Noticias.

Chavarría, trabajadora del hogar y fundadora de la cooperativa de cuidados La Comala, aseguró que los testimonios de ex empleadas del cantante —identificadas con los pseudónimos Laura, Rebeca y Carolina— representan “una ventana abierta” en “un muro” de silencios que, según ella, esconde la realidad de muchas mujeres racializadas.

“Supone una ventana abierta, porque acompaño a muchas mujeres que aún no se atreven a hablar”, afirmó. Y agregó que denunciar frente a una figura pública como Iglesias implica enfrentarse a un poder que va más allá de una sola persona: “No es solamente Julio Iglesias, es todo lo que le acompaña”.

La activista, quien emigró a Madrid hace más de una década tras huir de la persecución en Nicaragua, dijo que le resulta indignante escuchar a comentaristas cuestionar por qué las denunciantes no hablaron antes. “¿En qué momento va a denunciar una mujer que no tiene papeles, que es vulnerable, que su situación económica es la que es, que está viviendo con las uñas?”, expresó. “Cada vez que se les pregunta eso se las revictimiza”.

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Desde su experiencia acompañando a trabajadoras internas, Chavarría sostuvo que los casos de abuso son frecuentes y muchas veces quedan ocultos. “Muchas se lo tragan por la situación de vulnerabilidad en la que están”, dijo, al señalar que muchas migrantes sostienen económicamente a familias tanto en España como en sus países de origen.

Como ejemplo, relató el caso de una joven que acudió a una entrevista para un trabajo de cuidados y fue presionada por dos hombres para desnudarse. “Ella salió corriendo de allí. Le dije de denunciarlo. Me dijo que no, que estaba buscando trabajo y no tenía ni tiempo ni dinero para denunciarlo”, contó.

También recordó a una trabajadora que dormía con una silla trabando la puerta para evitar que el empleador entrara por las noches. “¿Para qué? Para que el señor no entrara cada noche”, relató.

Chavarría comparó la denuncia contra Iglesias con una lucha desigual. “Es como ir a la montaña descalza”, afirmó, al referirse a los riesgos que enfrentan las mujeres cuando denuncian a personas con poder, recursos y respaldo mediático.

En la entrevista, la nicaragüense explicó que, además del género y la clase social, muchas trabajadoras migrantes enfrentan dinámicas coloniales y racistas dentro de los hogares. “El agresor siempre tiene ventaja y evidencia la construcción colonial”, señaló. Y añadió que incluso muchas mujeres han crecido normalizando esa relación: “Muchas trabajadoras domésticas latinas no hemos deconstruido esa relación colonial porque la hemos mamado”.

Según Chavarría, el modelo de trabajo como interna, en el que una persona vive en la casa donde trabaja, agrava el riesgo. “Nosotras decimos que el trabajo de interna es como la esclavitud moderna, como la cárcel moderna”, expresó. Describió que muchas mujeres pasan 24 horas dentro de una vivienda, con descanso limitado, aislamiento y sin redes de apoyo.

“Cuando estás 24 horas en una casa, sin salir, sin tener redes de apoyo, dejas de vivir”, afirmó. Incluso denunció que en algunos casos se les restringe el uso del teléfono móvil. “Cuando vendés el tiempo, te olvidás de tu intimidad”, agregó.

Chavarría advirtió que ese encierro deteriora la autoestima y facilita los abusos. “Ese encierro te va bajando la autoestima. Te va minando. Cuando tienes la autoestima baja, cualquiera te puede invadir”, afirmó.

En su testimonio personal, la activista relató el impacto emocional que vivió cuando trabajaba como interna. Dijo que, aunque siempre fue optimista, con el tiempo sintió que su vida se apagaba. “A veces el mundo te come, por muy optimista que seas”, confesó.

Recordó un episodio que marcó su experiencia: tras seis meses sin poder salir libremente, un día subió a la terraza, miró al cielo y vio la luna. “¡Cómo lloré ese día! Mirar la luna me trastornó”, dijo. “Me di cuenta de que hacía tanto que no podía ni ver la luna”.

Tras dejar el trabajo como interna, Chavarría impulsó junto a otras migrantes la cooperativa La Comala, como un mecanismo de protección colectiva. “Para protegernos las unas a las otras”, explicó. Contó que al inicio organizaban limpiezas de dos en dos, no solo por agilidad, sino por seguridad: “Era menos riesgo para nosotras ir acompañadas”.

La activista cerró con un mensaje directo para las mujeres que denunciaron: “Primero, agradecerles y mandarles un montón de fuerza”. Y añadió: “Les diría que no paren, que hay que denunciar, porque su voz es la voz de otras que están silenciadas”.

Para Chavarría, hablar no solo es un acto de denuncia, sino también de sanación. “Cuando una habla, empieza a sanar”, afirmó. “La palabra es la que nos ayuda a liberarnos, a empezar a tirar del hilo y cambiar esta sociedad”.

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