Migración y exilio en Costa Rica: el desafío de acoger a miles de nicaragüenses
Costa Rica enfrenta el mayor reto de su política de refugio: más de 200 mil solicitudes, en su mayoría de nicaragüenses que escapan de la represión del régimen Ortega-Murillo, han puesto al límite su capacidad de acogida y revelan la urgencia de fortalecer la integración social y laboral de quienes buscan protección
Costa Rica se ha convertido en el principal destino para miles de nicaragüenses que huyen de la represión del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo. Sin embargo, esa tradición de acogida enfrenta hoy su mayor reto: más de 200 mil solicitudes de refugio, de las cuales el 88 % corresponde a nicaragüenses, están poniendo al límite la capacidad institucional del país. Aunque la economía costarricense depende en gran parte de la mano de obra migrante, el Estado aún no logra integrar plenamente a quienes llegan en busca de protección.
El tema fue analizado en el tercer ciclo del “Cuaderno para la reflexión”, una iniciativa del Colectivo de Derechos Humanos Nicaragua Nunca Más, elaborada con base en la exposición del doctor Carlos Sandoval García, investigador y experto costarricense en migración. El documento recoge además aportes del público y del Programa de Educación y Memoria, con el propósito de ofrecer una mirada integral a la realidad migratoria actual.
El informe, titulado “Migración y exilio en Costa Rica: situación actual y desafíos”, destaca que el país mantiene una política de protección reconocida en la región, pero advierte que el volumen actual de solicitantes supera la capacidad institucional y social disponible. Según el estudio, “la migración y el exilio presionan los sistemas de salud, educación, empleo y vivienda, así como el sistema de refugio del país. Simultáneamente, las personas que han vivido el desplazamiento forzado son indispensables para la economía costarricense”.
Nicaragüenses en Costa Rica: 10 % de la población nacional
Las cifras lo confirman: el 12 % de la población costarricense es migrante regular, y entre el 65 % y el 70 % de ese grupo son nicaragüenses, es decir, unas 450 mil personas. Si se incluyen quienes viven en condición irregular, el total se aproxima a 600 mil nicaragüenses, lo que equivale al 10 % de la población nacional. Además, “uno de cada tres nicaragüenses en Costa Rica carece de documentos migratorios válidos”, lo que los deja en situación de vulnerabilidad laboral y social.
Migración y economía: una relación estructural
El impacto económico de la migración es indiscutible. El estudio subraya que el 12 % del PIB costarricense depende directamente del trabajo de personas nicaragüenses en sectores como la agricultura, la construcción y el servicio doméstico. “En Costa Rica hay unas 120 mil mujeres que trabajan en labores domésticas, y solo el 14 % cotiza para recibir una pensión”, indica el documento, advirtiendo que la precariedad laboral afecta principalmente a las mujeres migrantes.
Lenguaje de exclusión y desplazamiento forzado
Para comprender el carácter forzado del éxodo, el informe analiza el discurso del régimen nicaragüense. En sus alocuciones, Rosario Murillo califica a los exiliados como “traidores”, “lacayos” o “vándalos”, negándoles incluso su identidad nacional: “Los renegados… ya no son nicaragüenses”, ha dicho. Este lenguaje, que el documento denomina “doctrina de exclusión”, normaliza la persecución y justifica la expulsión de quienes disienten. Además, ese discurso se proyecta más allá de las fronteras, generando estigmas que dificultan la integración de los exiliados en los países receptores.
Tres rostros del exilio nicaragüense
El estudio distingue tres grupos principales dentro de la población nicaragüense en Costa Rica. Segunda generación: nacidos en territorio costarricense; Migrantes económicos: buscan mejores condiciones de vida; Exiliados políticos: huyeron por persecución o amenazas.
A pesar de compartir origen, estos tres grupos no mantienen coordinación ni comunicación entre sí, lo que limita su capacidad de incidencia y cohesión. “Los más jóvenes están perdiendo sus vínculos con Nicaragua”, advierte el documento, que recomienda fortalecer los lazos culturales, políticos y sociales entre las comunidades migrantes y su país de origen.
Historia compartida y nuevos desafíos
El informe también repasa el vínculo histórico entre Nicaragua y Costa Rica, que trasciende la política. Desde el siglo XIX, la migración ha tejido lazos familiares, económicos y culturales entre ambas sociedades. Sin embargo, las políticas neoliberales de las últimas décadas han erosionado el bienestar costarricense, y con frecuencia se culpa a los migrantes por problemas estructurales internos, pese a que son esenciales para el funcionamiento de la economía.
En contraste, Nicaragua no ha asumido la migración como prioridad nacional. Antes de 2018, la salida de miles de ciudadanos era vista como un fenómeno inevitable. “Ni el sandinismo oficial ni el disidente la han incorporado en su agenda”, recuerda el documento, subrayando que el Estado nicaragüense no promueve vínculos con sus comunidades en el exterior.
Reconstruir la confianza y fortalecer los lazos
El cuadernillo concluye con un llamado a reconstruir la confianza entre los distintos segmentos migrantes y la sociedad costarricense. “Esos 450 mil nicaragüenses que viven aquí, y esos miles de costarricenses de madres nicaragüenses, son grandes aliados en la construcción de la democracia en Nicaragua”, señala el texto. Pero advierte que ese proceso “no puede hacerse rápido; requiere tiempo, cuidado y respeto, porque no se puede hacer en un año lo que no se hizo en cincuenta”.
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