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Régimen rechaza ingreso al país de 5 nicaragüenses desde Panamá y Costa Rica

Más nicaragüenses han sido impedidos de regresar a su propio país por órdenes directas del régimen Ortega-Murillo. Desde Panamá y Costa Rica, relatan cómo las aerolíneas les niegan abordar y las embajadas repiten la misma frase: “Nicaragua manda”. El castigo, según la ONU, forma parte de una política de persecución transnacional

Octubre 06, 2025 07:00 AM
Régimen rechaza ingreso al país de 5 nicaragüenses desde Panamá y Costa Rica

Más allá de la gestión consular habitual, las embajadas de Nicaragua en el extranjero se han convertido en la última esperanza para decenas de ciudadanos que intentan volver a su país, pero han sido bloqueados por órdenes directas del régimen. En días recientes, la embajada de Nicaragua en Ciudad de Panamá fue escenario de largas filas desde la madrugada. Algunos de los asistentes, todos nicaragüenses, buscaban mediar las prohibiciones de ingreso que les fueron notificadas por las aerolíneas mediante correos electrónicos, en los cuales solo se les instruyó “contactar al Ministerio del Interior de Nicaragua”.

Una madre identificada como María relató. “Recibí este correo donde me dicen que no puedo entrar en Nicaragua, llevo viviendo nueve años en Panamá y no entiendo por qué me niegan la entrada a mi país”. La mujer, que llegó a las seis de la mañana a la sede diplomática, explicó que su madre —una adulta mayor— se encuentra gravemente enferma y compró un boleto a última hora para poder despedirse. “Yo no he dicho nada en mis redes sociales y la única explicación que encuentro es que no he votado en las elecciones porque no tengo otra explicación que me ayude a entender”, expresó, visiblemente angustiada.

Otro nicaragüense afectado contó que viajó a Panamá “por placer” y que al intentar regresar le informaron que no podía abordar el avión. “Me tocaba devolverme y me dijeron que no podía abordar el avión”, narró, repitiendo con incredulidad que no sabe el porqué.

Un tercer afectado explicó: “Yo me fui a Estados Unidos con parole humanitario, pero regresé a Nicaragua y entré normal, no me dijeron nada. Pasé todo normal. Pero vine hace un mes a visitar a familiares aquí en Panamá y ahora que me toca devolverme me dicen que no puedo”.

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Todos coinciden en que no son opositores ni han participado en protestas, por lo que no encuentran razón política ni legal que justifique la medida. Algunos creen que se trata de un error, otros temen que sea una represalia encubierta o una confusión de identidad.

Embajada sin respuestas

Quienes intentan explicar su caso ante los funcionarios de la embajada reciben la misma respuesta: “Nicaragua manda”. Los empleados consulares aseguran que no pueden contradecir las órdenes emitidas desde Managua y que su papel se limita a cumplirlas, incluso si ello significa impedir el regreso de connacionales a su propio país.

Madres con hijos pequeños, migrantes residentes en Panamá y hasta turistas nicaragüenses que solo estaban de paso se quedaron a la intemperie, sin respuestas. Situaciones similares se repiten en la frontera entre Nicaragua y Costa Rica, donde otros ciudadanos han sido devueltos sin explicación.

Un comerciante identificado como Mario relató que viajó a Estados Unidos con visa y regresó a Nicaragua sin problemas. Luego viajó a Costa Rica por negocios y, al intentar volver, las autoridades fronterizas le informaron que su ingreso al país estaba prohibido.

Al igual que Mario, otro nicaragüense que volvió desde Estados Unidos a Costa Rica intentó “probar” si lo dejaban entrar a Nicaragua y también recibió la negativa. “El broder viajaba por tierra desde Costa Rica y no lo dejaron pasar. Estando ahí le enviaron el mismo correo y ya no pudo entrar, lo devolvieron”, contó otra fuente conocedora del caso.

Una política de persecución más allá de las fronteras

Estas medidas se inscriben dentro de una política documentada de persecución transnacional impulsada por el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo. El informe “Nicaragua: Persecución Más Allá de las Fronteras, Exilio y Violaciones Transnacionales de los Derechos Humanos”, presentado por el Grupo de Expertos de la ONU sobre Nicaragua, revela que desde 2021 el régimen ha intensificado una estrategia de “castigo por asociación” contra los familiares de opositores reales o percibidos en el exilio.

Según el documento, esta práctica busca “generar un efecto disuasorio generalizado” y se traduce en vigilancia policial, hostigamiento, amenazas, detenciones arbitrarias, confiscación de propiedades y restricciones migratorias. Entre las víctimas se cuentan hijos menores, parejas, exparejas, suegros, adultos mayores e incluso personas que cuidaban las viviendas de disidentes.

Este patrón coincide con los testimonios recogidos por 100% Noticias desde Panamá y Costa Rica: ciudadanos sin militancia política ni antecedentes opositores que son castigados por vínculos familiares o simples sospechas.

Legalización de la represión migratoria

En noviembre de 2024, el régimen Ortega-Murillo reformó la Ley General de Migración y Extranjería (Ley 761) para legalizar la facultad de negar el ingreso o salida del país a cualquier ciudadano, bajo el argumento de “seguridad nacional” o “riesgo social”. Esto permite a la Dirección General de Migración cancelar residencias o revocar permisos sin orden judicial, incluso contra nicaragüenses por nacimiento.

Además, las aerolíneas están obligadas a enviar con tres días de anticipación las listas de pasajeros a las autoridades migratorias, que filtran los nombres de quienes no pueden embarcar. Según una investigación de Divergentes, más de mil nombres al día son revisados por personal de Migración bajo órdenes directas del Ministerio de Gobernación.

Entre el miedo y la desesperación

Para algunos, regresar por vía irregular se ha convertido en la única alternativa, pero al mismo tiempo temen por su integridad física y libertad una vez dentro del territorio nicaragüense. “Si cruzo por puntos ciegos y me atrapan, me pueden acusar de cualquier cosa”, comentó uno de los afectados mientras observaba con frustración la pantalla de su celular con el correo electrónico que prohíbe su ingreso.

En cada rostro se percibe la angustia de la incertidumbre: miradas tristes, rostros preocupados y la sensación de haberlo perdido todo en un suspiro. Muchos de ellos han trabajado durante años en el extranjero, han formado familias y aún conservan el deseo de volver a su tierra, pero ahora el país que los vio nacer los mantiene al margen, como si ya no pertenecieran a él.

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