Miles de muertos y heridos, Terremotos devastan Venezuela: crece la ayuda internacional mientras Nicaragua guarda silencio pese a su alianza con Caracas
La devastación provocada por los fuertes terremotos en Venezuela ha movilizado una amplia respuesta de gobiernos y organismos internacionales, mientras la ausencia de un pronunciamiento oficial de Nicaragua contrasta con la estrecha relación política que Managua y Caracas han mantenido durante los últimos años
Venezuela enfrenta una de las emergencias humanitarias más graves de su historia reciente tras ser sacudida por dos potentes terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 que golpearon el Caribe venezolano con apenas 39 segundos de diferencia. El fenómeno, descrito por el Centro Nacional de Alerta de Tsunamis de Estados Unidos como un “doblete sísmico”, dejó hasta el momento al menos 164 fallecidos, 971 heridos y 30 réplicas, según el balance oficial ofrecido por la presidenta encargada Delcy Rodríguez.
Las cifras, sin embargo, son todavía preliminares. Las labores de búsqueda apenas comienzan en varias zonas afectadas, especialmente en La Guaira, donde edificios completos colapsaron y decenas de personas permanecen bajo los escombros. Las autoridades han declarado ese estado costero como “zona de desastre natural”, mientras rescatistas, vecinos y voluntarios intentan localizar sobrevivientes en medio de estructuras derrumbadas, calles bloqueadas y servicios interrumpidos.
La Guaira, ubicada al norte de Caracas y considerada una de las principales puertas de entrada a Venezuela por su cercanía con el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar y su actividad portuaria, aparece como el epicentro humano de la tragedia. En comunidades como Catia La Mar y Playa Grande, residentes han denunciado la falta de equipos suficientes de rescate y maquinaria pesada para remover escombros. En algunos edificios colapsados, los gritos de auxilio continuaban horas después de los sismos.
Uno de los casos más dramáticos reportados por EFE es el de Amir, un joven de 16 años atrapado durante más de doce horas entre los restos de un complejo habitacional en Playa Grande. Como él, decenas de personas seguían esperando ayuda mientras familiares y vecinos trataban de abrirse paso entre bloques de concreto, varillas y columnas inestables.
Delcy Rodríguez anunció la creación de un fondo inicial de 200 millones de dólares para reconstruir infraestructura, hospitales y viviendas afectadas. También informó que se habilitará un mecanismo de atención inmediata para las víctimas y solicitó apoyo del sector privado para facilitar maquinaria destinada a las labores de rescate.
La tragedia revive el recuerdo del desastre de Vargas de 1999, cuando lluvias, inundaciones y aludes dejaron entre 10.000 y 30.000 muertos, según estimaciones históricas. Aunque todavía no existe una proyección oficial sobre el número final de víctimas de los terremotos actuales, fuentes humanitarias advierten que el balance podría aumentar considerablemente conforme avancen las operaciones de búsqueda y recuperación.
La dimensión de la emergencia ha provocado una rápida reacción internacional. Estados Unidos anunció el despliegue de equipos de búsqueda y rescate del condado de Fairfax, Virginia, y de Los Ángeles. El secretario de Estado, Marco Rubio, afirmó que la prioridad inmediata es encontrar personas atrapadas bajo los escombros y que posteriormente se evaluará apoyo para restaurar infraestructura y telecomunicaciones.
AYUDA INTERNACIONAL
Colombia activó todas las capacidades de su sector defensa, junto con la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres, para brindar apoyo a Venezuela. Sus Fuerzas Militares, Policía Nacional y Defensa Civil coordinan acciones preparatorias, mientras Bogotá recordó que ambos países comparten una extensa frontera y que, ante desastres naturales, “no existen fronteras”.
Brasil también expresó solidaridad y ofreció apoyo para la reconstrucción. El presidente Luiz Inácio Lula da Silva instruyó a su Cancillería a evaluar, junto con la embajada brasileña en Caracas, las medidas de asistencia que podrían adoptarse. Argentina manifestó su disposición a colaborar con asistencia humanitaria, pese a las diferencias políticas entre ambos gobiernos.
Chile, por su parte, anunció gestiones para enviar ayuda humanitaria urgente y equipos de rescate tras una conversación entre el presidente José Antonio Kast y Delcy Rodríguez. República Dominicana informó el envío de equipos especializados de búsqueda, rescate y atención de emergencias pertenecientes a sus Fuerzas Armadas.
Desde Europa, Alemania ofreció hasta seis aviones militares de transporte A400M para movilizar personal, suministros y equipos de asistencia. España también activó mecanismos de apoyo mediante la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo y la Unidad Militar de Emergencias, con militares, perros de búsqueda y equipos especializados preparados para sumarse a las tareas de rescate.
Paraguay expresó solidaridad y disposición para colaborar, mientras Suiza afirmó estar lista para ayudar si Venezuela lo solicita. Naciones Unidas, ACNUR, el Comité Internacional de la Cruz Roja y la Organización Internacional para las Migraciones también ofrecieron apoyo, incluyendo refugio de emergencia, servicios de agua, saneamiento, higiene, salud y asistencia para comunidades desplazadas.
¿Y NICARAGUA?
En contraste con esa cadena de pronunciamientos internacionales, Nicaragua no ha emitido hasta el momento un mensaje público de solidaridad ni ha anunciado ayuda humanitaria para Venezuela, pese a que ambos gobiernos mantienen una relación política estrecha y se presentan como aliados estratégicos.
El silencio del gobierno de Daniel Ortega y Rosario Murillo llama la atención porque apenas el 26 de mayo de 2026 la embajadora nicaragüense Daysi Torres Bosques entregó sus cartas credenciales ante Delcy Rodríguez en el Palacio de Miraflores. En ese acto, ambos gobiernos ratificaron su voluntad de fortalecer las relaciones de amistad, cooperación y solidaridad entre Nicaragua y Venezuela.
Durante aquella ceremonia, la representación nicaragüense transmitió el saludo de Ortega y Murillo, así como el “cariño y solidaridad del pueblo nicaragüense” hacia Venezuela. Sin embargo, tras los terremotos que han dejado luto, destrucción y cientos de heridos, no se registra hasta el momento un pronunciamiento oficial de Managua ni un anuncio de asistencia concreta.
La ausencia de una respuesta pública contrasta con los mensajes y ofrecimientos de países que incluso mantienen diferencias políticas con Caracas, como Argentina o Chile, cuyos gobiernos expresaron solidaridad y disposición a enviar ayuda humanitaria. También contrasta con la reacción de Estados Unidos, que anunció equipos de rescate en medio de una emergencia que exige coordinación rápida y capacidad técnica.
La emergencia ocurre en un país con infraestructura debilitada, servicios públicos limitados y una población que ya enfrentaba una prolongada crisis económica y migratoria. El cierre temporal del Aeropuerto Internacional Simón Bolívar por daños en su infraestructura complica la llegada de ayuda y la movilidad de personas. La actividad portuaria, clave para un país dependiente de importaciones, también podría verse afectada, aunque todavía no existe un balance completo sobre el estado de esas instalaciones.
La Guaira, además, depende en buena medida del turismo y de su conexión directa con Caracas. Sus edificios frente al Caribe, muchos de ellos ocupados por familias y visitantes, quedaron entre los más afectados. En la Gran Caracas se reporta el colapso de al menos diez edificios, mientras continúan las réplicas y el temor de nuevos derrumbes.
La tragedia entra ahora en una fase crítica. Las próximas horas serán determinantes para rescatar con vida a personas atrapadas, atender a los heridos, habilitar refugios temporales y evitar una crisis sanitaria en las zonas más afectadas. La rapidez de la ayuda internacional será clave para reducir el impacto humano de una catástrofe que todavía no muestra su dimensión final.
Mientras Venezuela recibe ofrecimientos de apoyo desde América, Europa y organismos internacionales, el silencio de Nicaragua abre un flanco político y diplomático difícil de ignorar: el de un gobierno que proclama hermandad y solidaridad con Caracas, pero que hasta ahora no ha anunciado apoyo público ante una de las peores tragedias naturales sufridas por su principal aliado regional.
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