China y EEUU calman las aguas pero siguen sin resolver la tensión
La reunión entre los presidentes Xi Jinping y Donald Trump trajo una tregua temporal en las tensiones entre China y Estados Unidos, marcada por la reducción parcial de aranceles y señales de distensión comercial, aunque los analistas advierten que las diferencias estructurales persisten
La reunión entre los presidentes de China y Estados Unidos, Xi Jinping y Donald Trump, celebrada este jueves, parece garantizar una calma relativa y temporal en los turbulentos lazos bilaterales, pero no resuelve las tensiones subyacentes que dividen a ambas potencias, según analistas.
En un informe publicado tras el encuentro, Julian Evans-Pritchard, analista de la consultora británica Capital Economics, aseguró que la reducción de aranceles —Trump avanzó que bajará del 20 % al 10 % los impuestos en represalia por el tráfico de fentanilo— "no tendrá un gran impacto", ya que no había afectado significativamente a los exportadores chinos.
En su opinión, eliminar la "amenaza inmediata" de fuertes subidas de aranceles reduce los riesgos económicos a corto plazo, pero “las brechas subyacentes que dividen a China y EE.UU. siguen sin resolverse”, por lo que las tensiones podrían volver a surgir.
Anna Wu, analista de Van Eck Associates, dijo a Bloomberg que los mercados ven el encuentro “como una tregua táctica más que como un acuerdo a largo plazo”, lo que significa que las perspectivas seguirán marcadas por la volatilidad en el mediano plazo.
“Ambas partes se llevan ‘edulcorantes’ políticos, pero la falta de progresos en asuntos clave como los chips, Taiwán o las tierras raras deja a los inversores poco convencidos de que esto sea un punto de inflexión”, añadió Hebe Chen, de Vantage Markets.
Avanza el desacople
“Incluso aunque la actual tregua se mantenga, ambas partes seguirán apostando por iniciativas para desacoplarse”, pronostica Evans-Pritchard, quien recuerda que las dos potencias todavía deben negociar un acuerdo comercial definitivo, aunque cree que prolongarán el plazo fijado, que finaliza el 10 de noviembre.
Incluso si se alcanzara un acuerdo definitivo, y se formalizara durante la visita que Trump tiene prevista a China en abril de 2026, el analista considera que no sería más que “un refrito” del pacto de ‘primera fase’ firmado durante el primer mandato del republicano (2017-2021).
Pekín, apunta, “ha ganado tiempo para desacoplarse a su propio ritmo”.
“En otras palabras, sería un acuerdo para que China compre más bienes estadounidenses a cambio de una reducción de aranceles —y quizá de algunas restricciones a la exportación—, pero no un reinicio fundamental de las relaciones”, explicó.
Uno de los puntos destacados de los acuerdos anunciados fue el aumento del “comercio agrícola”, en referencia a las compras de soja estadounidense por parte de China, que se habían congelado en mayo tras la escalada arancelaria iniciada por Trump, aunque aún no se han confirmado plazos ni volúmenes.
¿Continuará la fractura?
Evans-Pritchard matiza que este escenario “no sería necesariamente un mal resultado para China”, ya que la alternativa serían más tensiones con Washington, pero un acuerdo como el mencionado no evitaría que el mundo siguiera “fracturándose en dos bloques rivales centrados en China y EE.UU.”.
De hecho, pese a que Pekín ha prometido suspender por un año las restricciones a la exportación de tierras raras, Capital Economics considera que eso “equivale a mostrar sus cartas”, y que Washington ha tomado nota, como evidencian sus acuerdos recientes con Australia, Japón, Tailandia y Malasia.
“Esas iniciativas continuarán, sin duda, ahora que China ha dejado claro que está dispuesta a emplear las tierras raras como arma”, apunta Evans-Pritchard.
Además, EE.UU. busca reducir su dependencia de China en astilleros, mientras que Pekín ha reafirmado esta semana, mediante la publicación del plan quinquenal que guiará su economía hasta 2030, su apuesta por la autosuficiencia tecnológica y por una menor vinculación al dólar.
En cualquier caso, Homin Lee, analista de Lombard Odier Singapore, asegura que la cumbre servirá para que los inversores confíen en “al menos seis meses de una calma relativa, aunque imperfecta, en las relaciones comerciales bilaterales”.
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