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¿Actuará Estados Unidos con fuerza militar contra la dictadura Ortega-Murillo?

Estados Unidos está de vuelta en el hemisferio. Tras la captura de Nicolás Maduro y el incremento de la presión sobre Cuba, surge la pregunta: ¿podría actuar con fuerza militar en Nicaragua?

Mayo 03, 2026 08:00 AM
¿Actuará Estados Unidos con fuerza militar contra la dictadura Ortega-Murillo?

Desde el operativo sobre Caracas el 3 de enero de 2026, en el que fue capturado el dictador Nicolás Maduro, el futuro para los regímenes de Cuba y Nicaragua es incierto. Ahora prácticamente cualquier escenario es posible.

¿Qué ha cambiado en Washington para que ahora se contemple el poderío militar como medida de presión? Aparentemente ha sido, en principio, la voluntad de una sola persona: Donald Trump.

«Más que nada se explica por la manera en que el presidente Trump llegó al poder y su agenda política», explicó a 100% NOTICIAS el profesor Robert Evan Ellis, investigador especializado en Estudios Latinoamericanos en el Instituto de Estudios Estratégicos del Colegio de Guerra (War College) del Ejército de los Estados Unidos.

Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, transferidos desde el Centro Metropolitano de Detención en Brooklyn a un tribunal del Distrito Sur de Nueva York en Manhattan. 5 de enero, 2026. / Cortesía

Ellis destacó varias de las promesas de campaña de Trump en 2024, que si bien no explícitamente llamaban al uso del poderío militar estadounidense, sí plantaban cara a problemáticas provocadas por las tres dictaduras del hemisferio occidental: Venezuela, Cuba y Nicaragua.
 
En concreto, Ellis señaló la intención de Trump de frenar la migración e irrumpir en el tráfico de drogas hacia Estados Unidos, y el contrarrestar la influencia de Rusia y China en el continente, bajo el llamado corolario Trump de la «Doctrina Monroe» o simplemente «Doctrina Donroe».

Bajo esta doctrina, Estados Unidos se proclama como la única superpotencia del hemisferio.

Con Trump, dice Ellis, «el enfoque es el hemisferio occidental: la inmigración y su impacto en las ciudades con la llegada de grupos como el Tren de Aragua», un cártel venezolano con vínculos con la dictadura chavista, «y el flujo de drogas como el fentanilo», que causaba alrededor de 100 mil muertos por sobredosis al año en Estados Unidos.

De modo que la acción en Venezuela, que ha dejado un gobierno de tendencia colaboracionista a cargo de la presidente encargada, Delcy Rodríguez, apuntaba a estos tres ejes. Pero también tenía un eje ideológico en la figura del cubano-americano Marco Rubio, ex-senador al que Trump encargó la diplomacia estadounidense.

«El secretario de Estado Rubio ha luchado toda su carrera contra estas dictaduras —Cuba, Venezuela, Nicaragua—, reconociendo esta relación entre países anti-estadounidenses y los peligros que conllevan para la región. Son anfitriones de actores no hemisféricos como Rusia y China, y por ello suponen una amenaza para Estados Unidos», explayó.

¿Dónde queda Nicaragua?

A pesar de estas razones de peso, Ellis notó que Nicaragua ha pasado desapercibida en cuanto a las medidas de presión de Washington.

Mientras que el régimen de Venezuela se encuentra en una reestructuración del órgano político, en Cuba desde finales de enero Estados Unidos impuso un bloqueo petrolero parcial para la isla. Y en mayo 2026, Trump anunció que tomará control de Cuba y que enviará el portaaviones más poderoso a 100 metros de sus costas. Esto tras sanciones impuestas a inicios del mes de mayo.

El régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo, por su parte, ha sido objeto de sanciones y despojo de visa contra cientos de sus funcionarios. Estas también afectaron a empresas de capital chino dedicadas a la extracción de oro e incluso a dos de los hijos de la pareja dictatorial, el pasado 16 de abril. 

Los codictadores sandinistas Daniel Ortega y Rosario Murillo junto al Jefe del Ejército, el general Julio César Avilés, durante la XXX Graduación de Cadetes del Centro Superior de Estudios Militares. 9 de diciembre, 2025. / Medios Oficialistas

Carlos Murillo, analista y académico de la Universidad de Costa Rica (UCR), explicó en entrevista con 100% NOTICIAS que las sanciones diplomáticas y económicas «son muy lentas en dar resultados. A quienes se puede sancionar es al régimen como tal y a sus miembros, pero a los regímenes eso no les afecta, porque tienen a sus aliados que los siguen apoyando», agregó.

Apenas unos días después de las sanciones a siete empresas de capital chino, la dictadura en Nicaragua extendió más concesiones a nuevas empresas, también chinas. El mismo Ortega se sintió envalentonado, pues en un discurso el 20 de abril, un día después del aniversario del estallido social en el que su gobierno asesinó a más de 350 nicaragüenses, profirió amenazas contra el presidente de Estados Unidos.

«Los pueblos del mundo le pasarán la cuenta», dijo Ortega, haciendo referencia al presidente Donald Trump. En el mismo discurso tildó a Trump de «desquiciado mental»; pero nunca lo mencionó por nombre

La falta de un enfoque explícito en Nicaragua se debe a que «hasta ahora no ha sido tanto un problema en términos de impactos directos», dijo Ellis. Murillo concuerda en este punto, señalando que «Nicaragua no tiene nada que ofrecer a Estados Unidos». Pero esto no significa que no sea un problema, sobre todo a nivel migratorio y geopolítico, sobre todo en lo que Murillo llama «la pugna entre Estados Unidos y China a nivel mundial».

En tiempos de la administración del presidente Joseph Biden (2021-2025), el régimen en Managua facilitó el tránsito de decenas de miles de migrantes de todo el mundo con destino a Estados Unidos. Una vez asumió Trump la presidencia, el régimen cedió en algunas áreas —fin de libre visado a cubanos, restricciones de visado a más países, recepción de deportados—, pero Ellis igualmente recalcó que no ha habido retrocesos en sus esquemas de cooperación con rivales de Estados Unidos.

«Nicaragua, desde el regreso de los Ortega al poder (en 2007), ha retomado su colaboración militar en otras áreas, con Rusia, con el equipamiento militar ruso, con conexiones especiales rusas; ha habido capacitación de parte de militares rusos, y también ya desde el cambio de relaciones diplomáticas (de Taiwán a la China comunista en 2021) ha participado no solo con China económicamente, sino que también están colaborando en instalaciones como este nuevo aeropuerto (Punta Huete), si eventualmente se logra construir, y también proyectos en el puerto de Corinto que podrían tener usos duales; es decir: no solo comerciales, sino también militares», detalló Ellis.

El acuerdo con Rusia —firmado a finales de 2025, y ratificado por ese país a finales de abril de este año— sería de particular preocupación, dado que habilitaría la entrada de personal, equipamiento, vehículos y tecnología de Inteligencia del Ejército ruso en Nicaragua. Incluso, los soldados rusos podrían asistir al régimen en operaciones de Seguridad, colaborando en primera línea con la represión del régimen.

De izq. a der.: El dictador ruso, Vladimir Putin; el dictador nicaragüense, Daniel Ortega; y el jefe del Ejército sandinista, Julio César Avilés, durante una visita del mandatario a Nicaragua en 2014. / Medios Oficialistas

Ya el secretario de Guerra de Trump, Peter Hegseth, incluyó a Nicaragua en el concepto estratégico de la Gran Norteamérica, una designación geográfica que ubica al país, en tanto es parte de América Central, como «una de las regiones más importantes desde la perspectiva de la defensa de la patria de los Estados Unidos», la cual recibirá «más énfasis en esta estrategia de defensa nacional», según Ellis. Sus tratos con Rusia podrían acrecentar esta atención.

Las sanciones, sin embargo, —aclara el académico Murillo— son la única herramienta que, legalmente, Estados Unidos podría empuñar contra el régimen, puesto que, «desde la perspectiva del derecho internacional, no hay ninguna disposición que autorice a Estados Unidos a accionar militarmente en Nicaragua ni en ningún otro país, por ninguna razón. No hay ningún mecanismo que se deba agotar en este caso», detalló.

Una transición abortada en Nicaragua 

«El Ejército que conocía ya no existe», sentenció en entrevista con 100% NOTICIAS el académico y dirigente opositor Félix Maradiaga, quien fungió como Secretario General del Ministerio de Defensa de Nicaragua durante la presidencia de Enrique Bolaños Geyer (2002-2006). Antes (1997-2001) había estado a cargo de programas de desarme y atención a excombatientes, de modo que por más de una década trató con la institución castrense. En aquel momento el país atravesaba por un periodo de democratización y transición tras una década (1979-1990) de dictadura de estilo soviético bajo mando del Frente Sandinista y el propio Daniel Ortega.

Maradiaga tuvo la responsabilidad de encabezar el trabajo del Libro de la Defensa Nacional entre 2002 y 2004, descrito por el entonces presidente Bolaños como «un documento de política pública que expone el concepto y sistema de defensa del Estado, sirviendo a su vez de mecanismo de transparencia y fomento de la confianza ante los ciudadanos, sociedad civil organizada y comunidad internacional».

Maradiaga apuntó que el libro fue el resultado de «un esfuerzo civil-militar sin precedentes en Nicaragua» que «buscaba dotar al país, por primera vez en su historia, de una política explícita de defensa sometida a control democrático».

A este esfuerzo se resistía la vieja guardia del Ejército Popular Sandinista (EPS), «oficiales ortodoxos que nunca abandonaron ideológicamente al sandinismo», según los describió. Estos mismos oficiales persistieron tras la reformulación de la institución como Ejército de Nicaragua, a la salida de su fundador, Humberto Ortega, en 1995 y fueron re-empoderados al retornar Ortega al poder en 2007.

Ceremonia de ascenso de militares leales a la dictadura en junio de 2025. / Ejército de Nicaragua

Así, pues, lamentó Maradiaga, «los oficiales con los cuales colaboré fueron, en su mayoría, forzados al retiro (posteriormente, algunos serían detenidos). La ideología sandinista hoy impregna toda la institución».

A pesar de ello, y tras casi 20 años de dominio político y de incrustamiento de la casta militar en la administración del régimen, Maradiaga considera que «el Ejército no es completamente leal a la dictadura». Primero porque la captura de Maduro cerró una fuente de ingresos para la dictadura.

«Los recursos extraordinarios del convenio con Caracas fueron, durante casi dos décadas, el aceite que lubricó la lealtad de ciertos mandos. Ese aceite ya no fluye. Y la institución enfrenta, por primera vez en mucho tiempo, el reto de sostener su estructura con recursos fiscales limitados en una economía estancada».

Pero las mayores dudas provienen, sobre todo a causa de la figura de Rosario Murillo y su consumación de una dinastía familiar. En las sanciones contra sus hijos del 16 de abril de 2026, Estados Unidos ya había reconocido al clan Ortega-Murillo como tal.

«La dictadura ha consolidado continuamente su poder ilegítimo en manos de la familia gobernante, designando a sus hijos (Maurice y Daniel Edmundo) como funcionarios… para llevar a cabo sus objetivos dinásticos», declaró la comunicación del Departamento del Tesoro.

Ejército no podría enfrentarse a EEUU

Según Ellis, quien también llegó a trabajar de cerca con oficiales nicaragüenses en el pasado, el orgullo institucional del Ejército se ha visto erosionado por las mismas arbitrariedades de la pareja dictatorial, incluyendo los ataques a la Iglesia católica y el cierre del espacio cívico.

Si bien el Ejército se entiende como sucesor de los «defensores de la revolución», Ellis insistió en que los oficiales «no pueden ignorar los altos niveles de corrupción y el declive general del país, y la manera en que los Ortega han impuesto todo tipo de cosas, y cómo han convertido a su país en la Corea del Norte del hemisferio».

El Ejército de Nicaragua, financiado con un 3.2% del Presupuesto General de la República (145.3 millones de dólares en 2026), se convirtió durante la crisis de 2018 en uno de los pilares fundamentales de la estructura de poder dictatorial, violando así su carácter constitucional apolítico y no deliberante.

Soldados del V Comando Militar Regional / Destacamento Militar Sur durante una ceremonia de entrega de medios militares. 23 de junio, 2025. / Ejército de Nicaragua

La participación de oficiales militares y tropas a su servicio en labores represivas, y en la comisión de crímenes de lesa humanidad, ha sido documentada ampliamente por organismos internacionales como el Grupo de Expertos en Derechos Humanos para Nicaragua (GHREN, por sus siglas en inglés) de las Naciones Unidas, publicado en febrero de 2025.

En consecuencia, la estructura del Ejército ha evolucionado más para la represión interna que para asumir la defensa del país. Pero incluso en el mejor de los escenarios, con la mayor de las disciplinas y la moral, el Ejército de Nicaragua no podría enfrentarse directamente al de los Estados Unidos.

Con alrededor de 15 mil efectivos, el Ejército de Nicaragua está enfocado principalmente en la defensa interna y la seguridad del Estado, particularmente en el control de disturbios y la oposición política. Su equipo es en su mayoría anticuado, y aunque ha recibido algunos apoyos de países como Rusia y Venezuela, carece de la tecnología avanzada y de las capacidades de proyección de fuerza de otros ejércitos.

Marines del Ejército de los Estados Unidos durante maniobras de entrenamiento en Alaska. Octubre, 2023. / Ejército de los Estados Unidos

Por su parte, el Ejército de Estados Unidos es uno de los más poderosos —sino es que el más poderoso y avanzado—, en la historia de la humanidad, con más de 1.3 millones de efectivos y un presupuesto anual superior a los 700 mil millones de dólares. Su entrenamiento es extremadamente riguroso y especializado, y está respaldado por una extensa red de alianzas, lo que le permite intervenir en conflictos internacionales de manera rápida y efectiva.

Maradiaga señaló que «el Ejército de Nicaragua se encuentra en una situación de obsolescencia institucional y estratégica», ya que «está diseñado, conceptualmente, como un ejército para tiempos de guerra convencional y de guerra de guerrillas», atrasada uno o dos siglos «en una región que enfrenta amenazas radicalmente distintas».

Los esfuerzos por modernizarlo y orientarlo hacia las nuevas amenazas —fundamentalmente el narcotráfico transnacional en el Caribe— nunca se consolidaron. «Jamás se desarrolló una capacidad seria de presencia amplia en el Caribe». De modo que, para Maradiaga, «la pregunta pertinente no es si puede ganar, sino cuál sería la estrategia defensiva».

La estrategia del régimen de Nicaragua 

Según el opositor, la doctrina militar de la dictadura sandinista es «heredada, en muchos aspectos, del pensamiento de la guerra de guerrillas», de modo que, «aunque sepan que no pueden enfrentar bajo ningún escenario a Estados Unidos, retóricamente usarían la idea de una supuesta “invasión” para estimular la movilización de estructuras paramilitares y partidarias vinculadas orgánicamente al Frente Sandinista para hostigar a la ciudadanía».

El siguiente paso de la estrategia sandinista sería internacionalizar el conflicto —detalló Maradiaga—, lo que implicaría «una apuesta político-narrativa: invocar la soberanía y el antiimperialismo, apelar a la solidaridad de aliados regionales e ideológicos, y tratar de fabricar costos políticos para cualquier actor externo».

Si bien el poderío militar estadounidense es, en principio, imbatible, el público norteamericano se muestra reacio a conflictos prolongados y de alta intensidad, indica.

Daniel Ortega, dictador sandinista, junto a Julio César Avilés, jefe del Ejército sandinista, durante el acto de toma de posesión de este último en su IV Mandato consecutivo. 21 de febrero, 2020. / Medios Oficialistas

«Considero totalmente improbable como escenario primario (una acción militar de los Estados Unidos)», evaluó Maradiaga. «Pero considero altamente probable —de hecho, ya en curso— un incremento de la presión por vías múltiples, esencialmente presión política y económica».

Ellis concuerda, citando «los otros compromisos, no sólo en Venezuela, sino también en las acciones en el Medio Oriente» y las acciones en Cuba, que impactan la capacidad de cualquier clase de operación militar en el corto y mediano plazo.

Los republicanos encaran además una difícil elección de medio término en noviembre de 2026. «Yo creo que este no es el momento en que militarmente, con nuestros otros compromisos, vamos a ver (una acción militar). Llegaremos a agotar las vías de la aplicación de presión económica fuerte y negociación antes de hablar de soluciones militares», opinó Ellis.

Ejército de Nicaragua priorizará su supervivencia

«La historia de la región enseña que las acciones militares estadounidenses en Centroamérica han dejado cicatrices largas, y la política exterior contemporánea tiende a privilegiar herramientas de otro orden», puntualizó Maradiaga.

El Ejército de Nicaragua, cree el opositor, priorizará su supervivencia si las condiciones se agravan para el régimen y pueden agravarse de modos distintos más allá de la acción militar, como los métodos de presión económica ya discutidos.

«En un escenario de ruptura, el Ejército enfrentará una decisión binaria: pasar a la historia como la fuerza armada que se puso del lado del crimen, de las atrocidades y de la muerte, o participar de la transformación hacia un orden democrático. Conozco lo suficiente la institución para afirmar que buena parte de su oficialidad optará por la segunda vía en el momento decisivo», dijo Maradiaga.

Soldados del Ejército de los Estados Unidos en un vehículo reforzado durante ejercicios de entrenamiento en Puerto Rico meses antes de la extracción de Nicolás Maduro. Septiembre, 2025. / Ejército de los Estados Unidos

Mientras que advirtió que cualquier clase de acuerdo con la casta militar no debe convertirse en «una amnistía moral», sí cree que existen «militares y oficiales que no tienen las manos manchadas de sangre, y que en el momento oportuno pueden y deben ser parte de la reconstrucción institucional».

«No se debe cometer el error de creer que hasta el último soldado va a meter las manos al fuego por Ortega. Todavía hay quienes aspiran a servir a una patria, no a una familia». Esa fue su conclusión.

Un régimen «sultánico»

En suma: la posibilidad de un encuentro de la dictadura con las armas estadounidenses sigue siendo remoto, según analistas. «Yo no veo en este momento ni durante este año algo similar a lo de Venezuela. A Estados Unidos no le interesa», expresa al respecto el académico Carlos Murillo.

Al mismo tiempo, el resto de Centroamérica, si bien está alineada con Trump, «no tiene interés» en una acción del estilo. Esto porque, en distintos grados, «mantienen relaciones cordiales con el régimen» por sus propios intereses y no buscarían alterar la coyuntura de la región de forma tan dramática.

En esa línea, subrayó que «no hay forma de comparar el régimen sultánico de Ortega y Murillo con el régimen chavista», lo que explicaría la diferencia en intensidad y de presión aplicada.

Una extracción de Ortega y de Murillo como la de Maduro, según el analista, no tendría el mismo resultado. «No se puede comparar el régimen autoritario de Ortega y Murillo con el régimen chavista, ni con el de Chávez, Maduro o la misma Delcy Rodríguez».

«Por lo tanto, no hay punto de comparación entre Venezuela y Nicaragua», agregó el analista. Y, a su juicio, «Ortega y Murillo nunca van a aceptar hacer esa transición, porque tienen el control del país» de una forma que el chavismo nunca logró en Venezuela.

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