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“La Reseña”: El día que la dictadura en Nicaragua mató esta tradición de Semana Santa

Desde hace casi tres años, la dictadura en Nicaragua no ha permitido ninguna expresión pública de fe en pueblos como Nandaime, municipio del Departamento de Granada. La tradición de La Reseña que se realizaba en Semana Santa fue aniquilada por el régimen hace tres años. Castigo a tres habitantes del pueblo, entre ellos un periodista por filmar la expresión de fe del pueblo

Marzo 21, 2026 10:27 AM
“La Reseña”: El día que la dictadura en Nicaragua mató esta tradición de Semana Santa

Suenan las campanas subiendo el sol frente a la iglesia El Calvario, un modesto templo en el poblado granadino de Nandaime, ubicado apenas a una cuadra de la salida a la Carretera Panamericana. Ese día se reúne una pequeña multitud.

Visten de cotonas blancas, negras, azules, rojas o moradas. Se tapan el rostro con máscaras de películas de terror o con cualquier tela que tengan disponible. Llevan en mano cruces, escaleras, tajonas o sólo garrotes de madera, y otros ocultan una bolsa de agua de charco (en Nandaime no ha habido nunca alcantarillado) o un huevo podrido.

Esta es «La Reseña», una de las tradiciones más antiguas de los nandaimeños. Consiste de una carrera desde el templo El Calvario hasta la imponente iglesia Santa Ana en el corazón de la ciudad, (otro grupo sale de Santa Ana) cada Miércoles Santo.

 

 

Sí, por extraño que parezca, todo esto se trata de Jesús. Pero hace casi tres años que nadie puede tomar parte. No por falta de fe o compromiso, sino por miedo.

En 2023, bajo órdenes de la dictadura Ortega-Murillo, tres nandaimeños sufrieron prisión a manos de la dictadura en Nicaragua, dos por haber intentado realizar una de sus más antiguas tradiciones de su pueblo y uno por simplemente grabarla.

Origen de La Reseña

No se sabe desde cuándo —se dice que por lo menos un siglo— los nandaimeños salen a montar este espectáculo. Hubo un tiempo en que las máscaras eran de papel, los detalles específicos variaban, pero desde siempre hubo una suerte de combate medieval.

Cuando los dos grupos se encuentran en cierto punto acordado, apuntan y lanzan las bolsas de agua sucia, los huevos podridos, corren y embisten contra el otro bando con sus armas de madera. Luego dan la vuelta y regresan al punto de partida.

En el camino golpean a quien se les atraviese, pero los combates tenían ya años de no ocurrir. Don Tristán —un pseudónimo, algo que pidió como condición para hablar con 100% NOTICIAS para este reportaje— asegura que la tradición se había «civilizado».

«La Reseña es, o pretende ser, una recreación del arresto de Jesús después de la Última Cena», explica don Tristán, mayor de 80 años y residente de Nandaime de toda la vida. «Si te fijás llevan las cosas con las que van a crucificarlo: llevan las cruces, las coyundas que se supone representan al flagelo de los romanos y la escalera con la que bajaron el Cuerpo de Cristo para enterrarlo», describe.

Don Tristán nació en 1945. Entonces ya La Reseña era parte de los muchos rituales —la mayoría olvidados— que colmaban la Semana Santa nandaimeña. «Desde mi papá, hasta mi abuelo y el abuelo de mi papá, todos ellos vieron La Reseña», relata don Tristán, ubicando su aparición por lo menos en la última mitad del siglo XVIII, antes incluso de la Independencia.

La tradición había sido reconocida por las mismas autoridades como significativa, patrimonio del poblado. En años recientes incluso los nandaimeños organizaban una versión más tranquila para que pudieran participar los niños, de modo que hubiera sido impensable para cualquiera una Semana Santa sin ver La Reseña en Nandaime. Pero esa es ahora la realidad.

Asedio y prohibición de La Reseña

Días antes del 5 de abril de 2023, nadie sabía si iba a haber Reseña o no. El país estaba tenso,

«Había mucha incertidumbre en la población. Ya se miraba que la policía estaba rodeando las calles de la ciudad. De hecho, hubo un comunicado de la Policía donde señalaban que estaba prohibida toda movilización católica», recuerda Víctor Ticay, en ese tiempo corresponsal para el noticiero de Canal 10 en Nandaime y periodista a título propio para La Portada, su página de cobertura municipal. Ticay habla desde el destierro, fue detenido por la policía por grabar la reseña y meses después fue expulsado del país en el grupo de 135 presos políticos que enviaron a Guatemala.

«Había mucha incertidumbre. Recuerdo muy bien que ese año se había lanzado prácticamente una amenaza contra la Iglesia Católica en Nicaragua. La gente publicaba en Facebook y también me enviaban mensajes preguntando si ese año se iba a realizar la reseña», detalla ahora para 100% NOTICIAS.

Para entonces Jimmy Antonio Bonilla Gutiérrez, profesor de matemáticas en el Colegio Diocesano de Nandaime, se había personado ante la delegación de la Policía Nacional acompañado por su tío, el también docente (ya jubilado) Emmanuel Gutiérrez, para pedir, como estipulaban las órdenes del régimen, un permiso especial que permitiera la realización de La Reseña.

Fueron a la policía por insistencia de un grupo considerable de nandaimeños, jóvenes sobre todo, que no querían que la tradición se perdiera. Así lo relata doña Isolda —otro pseudónimo, por temor a represalias—, ciudadana nandaimeña de 60 años del barrio El Calvario, cuando hace memoria de lo que pasó aquel día.

«Aunque ambos eran reconocidos aquí por su trabajo docente, y por su familia, de la que nunca nada malo se ha dicho, les dijeron que no, que no podía hacer La Reseña», explica a 100% NOTICIAS.

Ninguno de los dos insistió. Más bien regresaron a sus casas e informaron a sus familiares y allegados que no podría celebrarse La Reseña «por razones de fuerza mayor», pidiendo correr la voz para evitar problemas con la dictadura, según dice doña Isolda.

«Ni siquiera porque es una tradición de más de cien años le tuvieron respeto», lamenta. «Jamás se había visto semejante cosa. Ni en los tiempos de Somoza, ni en la guerra».

La Reseña estaba demasiado integrada en la tradición del pueblo y, como movidos por un instinto, o bien por saberse conocedores de derechos como la libre movilización y la libertad de culto, los nandaimeños salieron de todas formas.

El dia que la dictadura reprimió La Reseña

Tres años después de aquel Miércoles Santo, Víctor Ticay todavía cree justo destacar el desafío de los nandaimeños a la orden dictatorial.

«La actividad se realizó, pero bajo un fuerte asedio. La policía mandó antimotines para bloquear las calles, especialmente la calle principal de El Calvario, para evitar así la salida de la actividad», revive el periodista.

El cordón lo habían ubicado justo frente al restaurante La Casona, a escasos metros del templo, pero los nandaimeños optaron por tomar otro rumbo hacia Santa Ana. Hubo una suerte de persecución, pero al final del día sólo hubo dos detenidos: Jimmy Bonilla y su tío, Emmanuel Gutiérrez.

«Llegó un hombre de civil a la casa y les hizo preguntas», cuenta doña Isolda.

—Tienen que acompañarme a la Delegación —recuerda que dijo el individuo—; ahora son parte de una investigación. Tenemos que hacerles unas preguntas.

Al día siguiente detuvieron a Ticay. El Jueves Santo de 2023 Nandaime tenía a tres inocentes en cautiverio: Ni Bonilla, ni Gutiérrez, ni Ticay tuvieron parte alguna en la organización de La Reseña el día anterior.

Tampoco se les acusó de eso. El régimen ocupó la Ley (1042) Especial de Ciberdelitos, aprobada en 2020, para procesarlos por delitos digitales, que en la práctica simplemente significaba «haber publicado algo contra el gobierno», valora doña Isolda.

«En el Facebook (de Bonilla) sólo había fotos del colegio y de su familia»; «(Ticay) no publicaba absolutamente nada político porque se lo hubieran llevado antes»», son algunas de las admisiones, en extrema confidencialidad, que confiaron algunos nandaimeños ahora que el polvo de aquellos días se ha asentado.

«Yo estuve trabajando casi por diez años en el municipio reportando, haciendo historias, reportajes y noticias», cuenta Ticay.

«Ese 5 de abril yo salí, como todos los años, a hacer cobertura y documentar lo que los chavalos y los niños salían a hacer. Jamás pensé que por dar cobertura a esa actividad de carácter religioso en la ciudad iba a sufrir lo que sufrí».

Los tres ciudadanos de Nandaime, Ticay, Bonilla y Gutierrez permanecieron 17 meses presos en condiciones inhumanas, según documentó la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) al emitir medidas cautelares a favor de Ticay y otros reos de conciencia el 4 de enero 2024.

«La celda en la que se encontraría estaría expuesta a temperaturas extremas y pese a la cantidad de mosquitos, no se le habría permitido un mosquitero por lo que su calidad de sueño se vería afectada. La comida seguiría siendo insalubre pues habrían aparecido insectos como cucarachas. Los custodios del Sistema Penitenciario no lo dejarían dormir pues de manera sistemática golpearían las rejas de su celda… no le habrían permitido el acceso a medicamentos ni habrían realizado exámenes médicos», reconoció la Comisión.

Ticay fue condenado a ocho años de prisión en agosto de 2023 por «divulgar noticias falsas», mediante un proceso judicial altamente irregular y sesgado en su contra.

Bonilla y Gutiérrez, sin embargo, por mucho tiempo no figuraron en los principales listados de presos políticos porque estos se realizan en base a la denuncia de los familiares, que temían represalias en su contra.

Los tres fueron desterrados por el régimen y recibidos por el gobierno de Guatemala el 5 de septiembre de 2024, en un grupo de 135 presos políticos. Además, que la dictadura los despojó de su nacionalidad nicaragüense y ordenó la confiscación de sus propiedades.

La captura de los cirineos de Nindirí

Dos días antes de La Reseña de Nandaime ese 2023, en Nindirí, municipio de Masaya, agentes policiales irrumpieron en la tradicional celebración de Los Cirineos, que se asemeja a —y probablemente comparta origen con— La Reseña nandaimeña.

El joven Marvin Gutiérrez, de 18 años entonces, fue arrestado, al igual que Ticay, simplemente por haber grabado el evento. También pasó casi año y medio en prisión, fue desterrado a Guatemala y le quitaron su nacionalidad.

Esa Semana Santa de 2023 hubo entre 10 y 21 laicos detenidos; en 2024 hubo denuncia de al menos siete y en 2025 fueron por lo menos 20, evidenciando una política de Estado enfocada en la supresión de la expresión religiosa a un nivel sólo comparable con el de la primera dictadura del Frente Sandinista (1979-1990) o el régimen anticlerical de José Santos Zelaya (1893-1903).

«Prácticamente desde hace tres años esto ha sido un atropello para la población nicaragüense, en especial para los católicos», lamenta Ticay, refiriéndose de forma amplia a la represión contra la feligresía católica. La investigadora Martha Patricia Molina ha estimado el número total de estas prohibiciones en unas 26 mil, de acuerdo con sus hallazgos en el informe periódico Nicaragua: una Iglesia perseguida.

«Es un atropello. La gente está aterrorizada. (En el caso de Nandaime) eso (la supresión de La Reseña) fue una señal que la dictadura envió a la población: diciendo que si salían a las calles a realizar la procesión, iban a ser detenidos», subraya Ticay.

Ticay llegó a Estados Unidos antes de acabar 2024. Ahí ha hecho vida desde entonces, trabajando con rigor para dar sustento a su familia. Nandaime, a más de cuatro mil kilómetros, sigue con sus ritmos lentos, su aire seco en estos tiempos, y bajo la imperante represión.

«Yo creo que sería algo genial poder algún día volver a Nandaime a cubrir la reseña», expresa Ticay su esperanza. «No solo a mí me gustaría, sino a toda la población de Nandaime volver a realizar esa actividad. Y, lógicamente, como nandaimeño, me encantaría volver a filmar y tomar fotografías de esa tradición, que seguramente se desbordará en toda la ciudad» cuando vuelva a ocurrir, considera.

Con él coincide don Tristán, sentado en la acera de su casa con algunos de sus bisnietos. Uno de ellos por su corta edad no pudo haber visto La Reseña o una procesión por las calles de Nandaime y, salvo que haya un cambio radical, es improbable que vaya a ver algo de eso en el futuro inmediato.

«Es algo que no nos puede faltar. Por desgracia la política nos lo ha quitado», lamento don Tristan.

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