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La Semana Santa en Nicaragua con miles de procesiones prohibidas

Las tradicionales procesiones de Cuaresma y Semana Santa en Nicaragua han quedado confinadas al interior de los templos tras las restricciones impuestas por el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo. Según registros de la investigadora Martha Patricia Molina, más de 27,000 procesiones religiosas han sido prohibidas entre 2019 y 2026, transformando profundamente la vida religiosa del país

Marzo 09, 2026 08:10 AM
La Semana Santa en Nicaragua con miles de procesiones prohibidas

Mientras cuatro feligreses cargaban la imagen del Nazareno dentro de los predios de la Catedral Metropolitana de Managua durante el tercer viernes de viacrucis de 2026, la señora “Martha Asunción” observaba en silencio la escena que, años atrás, habría recorrido las calles del barrio.

El viacrucis avanzaba lentamente, pero no como se hacía antes, por los barrios y zonas aledañas donde tradicionalmente los fieles acompañaban la procesión. Esta vez, el recorrido se limitaba al interior del templo, bajo la mirada de los creyentes que rezaban en voz baja.

Asunción, con el rosario entre sus manos, recordaba cómo en otros tiempos esperaba con entusiasmo el paso del Nazareno frente a su casa.

“Yo lo recibía y me preparaba con mi familia para darles un brindis a los que andaban en procesión. Era una manera de gratitud a Dios y a la Iglesia por la vida y por los favores que uno recibe. Me recuerdo que la bendición se sentía en la familia, era un agasajo al alma”, cuenta.

 

 

Las calles que durante décadas fueron escenario de rezos, cantos y procesiones durante la Cuaresma hoy permanecen en silencio. Donde antes los fieles recorrían barrios enteros acompañando el viacrucis, ahora la fe se practica únicamente dentro de las iglesias.

En Nicaragua, las celebraciones religiosas que tradicionalmente ocupaban el espacio público han quedado confinadas a los templos. La prohibición responde a disposiciones impuestas por el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo, que en los últimos años ha intensificado el control sobre las expresiones públicas de fe.

De las calles a los templos

El cierre del espacio público para las actividades religiosas es el resultado de una serie de decisiones adoptadas por la dictadura tras el estallido social de 2018.

En septiembre de ese año, el régimen declaró ilegales las manifestaciones políticas. Lo que comenzó como una medida dirigida a frenar las protestas contra su gestión terminó extendiéndose gradualmente a otras expresiones de reunión pública.

A partir de 2023, las restricciones alcanzaron de lleno a la Iglesia católica. La Policía Nacional notificó a sacerdotes en distintas diócesis del país que toda actividad litúrgica debía realizarse exclusivamente dentro de los templos, prohibiendo procesiones y celebraciones religiosas en la vía pública. La medida afecta directamente tradiciones profundamente arraigadas en la cultura religiosa nicaragüense, como los viacrucis cuaresmales, las procesiones de Semana Santa, el Corpus Christi o la festividad de Cristo Rey.

Procesiones prohibidas

La magnitud de estas restricciones ha sido documentada por la abogada e investigadora nicaragüense Martha Patricia Molina, autora del informe “Nicaragua: Una Iglesia perseguida”, quien actualmente se encuentra en el exilio por motivos de seguridad.

De acuerdo con sus registros, entre 2019 y 2026 el régimen habrá prohibido más de 27,000 procesiones religiosas en todo el país, una cifra sin precedentes en la historia reciente de Nicaragua y que refleja el alcance de las limitaciones a la libertad religiosa.

 

Para la Cuaresma de 2026, Molina documentó que 5,726 procesiones han sido prohibidas en 409 parroquias, distribuidas en las nueve jurisdicciones eclesiásticas del país.

La investigadora explicó a 100% Noticias que la prohibición alcanza prácticamente a todas las diócesis.

“Hoy, tercer viernes de Cuaresma, se siguen prohibiendo los viacrucis. Son 409 viacrucis prohibidos, tanto en la Arquidiócesis de Managua como en el resto de las diócesis del país”, afirma.

Según Molina, la dictadura obligó a la Iglesia a trasladar todas las actividades al interior de los templos.

“Lo que la arquidiócesis está pidiendo a los sacerdotes es que lleven a los fieles a la iglesia, donde antes se realizaban estas actividades. Celebran la misa, hacen confesiones masivas, pero el viacrucis como tal ya no se permite”, explica.

Tradiciones que desaparecen

Las restricciones también alcanzan a las manifestaciones religiosas más concurridas del calendario litúrgico. Molina recuerda que durante años la Arquidiócesis de Managua organizaba grandes viacrucis penitenciales que reunían a miles de fieles de distintas parroquias.

“Antes cada sábado de Cuaresma la Arquidiócesis de Managua se dividía por zonas pastorales y todos íbamos a Carazo a un viacrucis penitencial. Era impresionante la cantidad de personas que participaban”, relata.

Aquellas jornadas movilizaban a comunidades enteras. “De mi parroquia salían siete u ocho buses llenos de fieles para ir a esa procesión. Era uno de los eventos más grandes e importantes que organizaba la arquidiócesis en este tiempo”, explica.

Hoy, esas peregrinaciones simplemente han desaparecido. Ya no estamos yendo y ni siquiera mandan dos o tres personas. Nadie va”, afirmó.

Fe bajo vigilancia sandinista

Además de las prohibiciones, Molina documenta la presencia constante de vigilancia policial alrededor de las actividades religiosas. Según testimonios recopilados por la investigadora, agentes policiales suelen presentarse en las parroquias durante las celebraciones religiosas.

“La policía llega, toma fotos, graba videos, hacen como que están anotando cosas. Eso genera mucho temor, tanto en los fieles como en los sacerdotes”, señala.

En algunos casos, incluso se reporta la presencia de policías vestidos de civil dentro de las iglesias. “Hay agentes infiltrados que entran a las actividades religiosas. A veces se acercan a los sacerdotes y les dicen que apuren la actividad, que la terminen pronto”, agrega.

De acuerdo con estos testimonios, las autoridades también intentan limitar el tiempo de permanencia de los fieles dentro de los templos.

“Les dicen a los sacerdotes: ‘ya, busque cómo terminar esta actividad y que cada quien se vaya a su casa’. No quieren que la gente permanezca mucho tiempo en las parroquias”, explica.

Un feligrés entrevistado por 100% Noticias y quien bajo condición de seguridad pidió no revelar su nombre, confirmó la información dada por Molina.

“Si una actividad estaba programada para terminar a las 6 de la tarde y esa no ha terminado, inmediatamente la Policía le llama al padre pidiéndole que terminen o si no, se atienen a las consecuencias”, dijo.

También externó que la presencia policial en su parroquia, ubicada en la zona occidental de Managua es contante.

“No se cansan, siempre anda allí hostigando, vigilando dentro y fuera de la iglesia. Pero ahora ya la gente lo normaliza, no hay temor, nos estamos acostumbrando a seguir nuestra vida religiosa así, no nos queda de otra”, mencionó.

Trabajo pastoral difícil

En distintas regiones del país, sacerdotes consultados coinciden en que la labor pastoral se ha vuelto cada vez más limitada.

En una parroquia de la diócesis de Matagalpa —jurisdicción que durante años fue dirigida por Rolando Álvarez, desterrado por el régimen de Daniel Ortega en 2024— un sacerdote relató a 100% Noticias que el trabajo pastoral se desarrolla en medio de constantes presiones.

“La vida pastoral aquí se complica mucho por el hostigamiento que recibimos de operadores del régimen”, afirmó el religioso, quien solicitó anonimato por razones de seguridad.

Según explicó, las restricciones han obligado a los sacerdotes a limitar muchas de las actividades que tradicionalmente realizaban en las comunidades.

“Quisiéramos trabajar con todas las condiciones que teníamos antes, salir, evangelizar, hacer el trabajo como nos corresponde. Hacemos lo que está a nuestro alcance, obedecemos y seguimos. Es importante que como pastores nos mantengamos orantes, porque de ahí vendrá la gracia”, expresó.

El sacerdote también reveló que, desde el destierro del obispo y otros religiosos de la diócesis de Matagalpa, las autoridades exigen reportes constantes sobre las actividades de la Iglesia.

“No debería estar contando esto, porque muchos ya lo saben, pero seguimos informando nuestras tareas. Según ellos nos dicen que es para darnos más seguridad a nosotros”, comentó.

Sus palabras reflejan la realidad de muchas parroquias del país, donde sacerdotes y fieles continúan celebrando su fe bajo vigilancia y en medio de restricciones que han cambiado profundamente la vida religiosa en Nicaragua.

A medida que se acerca la Semana Santa, la Iglesia católica en Nicaragua se prepara para vivir nuevamente sus celebraciones más importantes bajo las mismas restricciones. Procesiones históricas que durante generaciones recorrieron calles, barrios y comunidades permanecerán dentro de los templos, mientras miles de creyentes deberán limitar su participación a actividades religiosas realizadas puertas cerradas.

El sacerdote de la Diócesis de Matagalpa pide a su feligresía vivir lo que resta de la cuaresma con convicción. “No es el sentido de salir a las calles peregrinando que nos vamos a ganar el reino. Que nuestra fe se acreciente desde donde estemos, pidamos Dios por nuestras familias, por nuestro país”, agregó.

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