Del arte a las prótesis: Yeison Silva, el nica que devuelve “movilidad” a precios justos
El artista nicaragüense Yeison Silva Fonseca transformó su talento creativo en una labor humanitaria: fabricar prótesis funcionales a precios justos, devolviendo movilidad y dignidad a cientos de personas en Nicaragua y Costa Rica.
El artista nicaragüense Yeison Silva Fonseca, de 31 años, nunca imaginó que sus manos —las mismas que por más de 15 años dieron vida a murales, pinturas y esculturas— terminarían devolviendo la movilidad a personas que habían perdido sus extremidades. Lo que comenzó como un favor a un amigo durante la pandemia de Covid-19 se convirtió en una nueva vocación: la fabricación de prótesis a precios accesibles.
En 2020, mientras trabajaba en esculturas de gran tamaño para un centro turístico costarricense, recibió una llamada que cambiaría su rumbo profesional. Un compañero del colegio había perdido la pierna en un accidente y le pidió ayuda. “Al inicio dudé un poco. Nunca había realizado una prótesis”, confiesa Yeison, radicado en Guanacaste, Costa Rica. Sin embargo, aceptó el desafío.

Esa primera prótesis tuvo un impacto inesperado. “No sabía que iba a causar tanto revuelo en Facebook. Desde entonces, he recibido muchas solicitudes por mis servicios”, explica.
Quien vio el verdadero potencial fue su esposa, originaria de Rusia, pero que vivió 20 años en China. “Me dijo: ‘¿Por qué no te especializas en prótesis? Te consigo los estudios con los chinos. Ellos son el cerebro en esto y lo distribuyen a todo el mundo; han avanzado muchísimo. La medicina allá es muy avanzada’”, recuerda Yeison.
“Me enseñaron todo: anatomía humana, el sistema musculoesquelético, cómo modificarlo. No es solamente hacer una prótesis, es modificar el cuerpo humano para que se mantenga estable y le dé funcionalidad al paciente”, detalla.
“Mientras me enseñaban la parte técnica, también me inculcaron algo de psicología. Hay que aprender a escuchar a los demás, aunque uno tenga experiencia”, reflexiona.

Hasta la fecha ha elaborado unas 286 prótesis, la mayoría en Costa Rica, aunque también ha realizado prótesis en Nicaragua.
En muchas ocasiones, amistades y conocidos de Yeison han patrocinado algunas de las piezas o han asumido el costo de los materiales para así apoyar a las personas a acceder a una prótesis.
“Tengo muchas personas que simplemente deciden ayudar. Una vez hubo un señor que me dijo: ‘quiero la mejor prótesis que puedas hacer para una persona’ y me dio una cantidad de dinero. Mucha gente me dice, quiero bendecir a alguien, y la mayoría son costarricenses”, relata.
“Los precios de las prótesis son excesivos”
Dentro del mercado de las prótesis, el nicaragüense descubrió una situación que lo indignó profundamente. “Imagínense una persona que pierde su pierna, aparte de eso, tiene que pagar una millonada para medio volver a subsistir después de un mal tiempo”.
“Esto es un monopolio, lo necesitas, este es el precio. Y esto no debería ser así”, apostilla.
“En Costa Rica una prótesis puede costar unos 5 millones de colones, que equivale a unos 10 mil dólares. Y una que yo elaboro puede costar unos 2,400 dólares. Es mucho menos que la mitad”, agregó el artista. En Nicaragua, donde ha realizado unas 25 prótesis, los precios son aún más accesibles: entre 1,400 y 1,700 dólares.

Su catálogo incluye prótesis de mano, desarticulación de cadera, transtibial y transfemoral, y también realiza prótesis estéticas. “Estas simulan la naturalidad de una persona, aunque no sean funcionales”, comenta.
“Por ejemplo, si te falta un dedo, yo te hago uno de silicón que se coloca por encima. Es devolverle a la persona no solo movilidad, sino también confianza”, destaca.
El proceso de la elaboración de una prótesis comienza con un interrogatorio exhaustivo: “¿Sufrís alergias? ¿Es tu única amputación? ¿Tenés alguna secuela del accidente en otra parte del cuerpo? Hay que saber todo eso”, sostiene el nicaragüense.
Luego viene el diseño personalizado considerando edad, peso y condiciones médicas.
En Nicaragua, Yeison cobra solo el 10 % inicial y el resto cuando entrega la prótesis, y “la persona la ha probado y ha caminado”. Las garantías son de un año completo: “Si algo no le funciona muy bien, se lo cambiamos”.
Un protesista reconocido le preguntó recientemente por una prótesis valorada en 20,000 dólares: “Me dice, ¿cuánto vendiste esa prótesis? En 2,600 dólares. Me dice, ¿te sirve así? Le digo: si yo viviera de esto, no me serviría, pero para mí ver a esa mujer caminando, no tiene precio”.
Su llegada a Costa Rica
Yeison Silva Fonseca tenía 7 años cuando llegó a Costa Rica, a finales del año 2000. Es originario de León, Nicaragua, y se trasladó al vecino país junto a su mamá, porque se había separado del padre de Yeison y decidió reunirse con su familia que ya vivía en territorio costarricense.
“Aquí me gustó mucho la educación porque era muy variable. Enseñaban muchas cosas, el inglés desde la escuela, artes plásticas, muchas materias que eran muy bonitas. Me adapté rápido”, recuerda el artista.
El cambio de país y del sistema educativo fue el inicio del descubrimiento de su vocación. “En el colegio es cuando vos te das cuenta de que sos bueno en algo y más si la gente te lo reitera. Estaba rodeado de personas que me instruían y felicitaban”.
“Los profesores ya me habían puesto el ojo, me daban lápices de colores, acuarelas, tenían el interés de que un niño se desarrolle y más en lo que es bueno”, explica el nicaragüense.

La genética también jugó su papel. En León, del lado de su padre, todos tenían talento artístico. “Pintan perfecto, impresionante, y también dibujaban tatuajes en aquel tiempo donde no había tatuadores”, recuerda. Por parte de su madre, dos tíos pintaban cuadros. Pero ninguno profesionalizó esa habilidad como lo hace Yeison.
Un emprendedor precoz
Antes de terminar el colegio, Silva ya vendía su arte. Los profesores le compraban cuadros “entre 200 y 250 dólares”. A veces hasta pintaba el mismo cuadro repetido porque “a todos les gustaba lo mismo”, relata.

Sin embargo, la realidad económica truncó su educación. Su madre no podía seguir pagando sus estudios y él inició a buscar empleos. Comenzó en la construcción, pero no duró mucho y luego trabajó en hotelería, aunque al inicio tuvo obstáculos, su documento de migración no le permitía trabajar.
El nicaragüense decidió inscribir su propia empresa e inició a trabajar en algunos hoteles de lujo en Guanacaste, donde dio clases de pintura, en ocasiones diseñaba paredes y decoraciones, e inició a pintar y vender piezas para estos mismos, y también comenzó su negocio de esculturas. Su carta de presentación más fuerte son las esculturas de flora y fauna.
Desde entonces, su talento ha ganado gran reconocimiento en el sector turístico de la zona. Ha conseguido numerosos contratos para elaborar cuadros, murales y esculturas que decoran diversos negocios: hoteles, parques, restaurantes y tiendas de souvenirs.
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