Comercio y minería: el avance de los negocios chinos en Nicaragua
China pasó en cuatro años de ser un socio lejano a un actor omnipresente: Desde pequeños quioscos en centros comerciales hasta enormes concesiones mineras. Su expansión combina comercio popular, inversión estatal y control de recursos, pero genera dependencia de Nicaragua e impacta en los comerciantes locales
En los primeros dos pisos del centro comercial Plaza Inter, ubicado en el centro histórico de Managua, los comerciantes locales conviven con chinos que venden mesas, lámparas y peluches en una muestra de la expansión de negocios de asiáticos que, bajo el padrinazgo de la dictadura, tienen presencia también en mercados y avenidas populares de Nicaragua.
A mediados de octubre, una vendedora de Plaza Inter afirma lo que parece una queja: “Ya lo tenemos aquí”. Tienen un mes desde que empezaron a establecerse en puestos pequeños como la mayoría de los locales. Ella pensaba que sólo eran grandes empresarios. Pero se equivocó.
Desde el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre el régimen de Ortega y el de Xi Jinping en el año 2021, las compras de productos de Nicaragua a China pasaron de 908.2 millones a 1436.3 millones de dólares en 2024. Esos números representan un incremento superior al 36 por ciento, según datos de importaciones del Banco Central de Nicaragua.
El consultor en Relaciones Internacionales y Derechos Humanos, Hernán Alberro, es un investigador argentino español asociado a China Index, una organización que trabaja investigaciones sobre las relaciones de la potencia asiática con el mundo. Tuvo a cargo un índice de 2024, en el cual pusieron especial atención al caso de Nicaragua, de la que sostiene no solo recibe inversiones, sino que se convierte en terreno fértil para una “nueva forma de influencia global”.
Para Alberro, China utiliza el poder blando de la propaganda y el duro de sus corporaciones. Son dos extremos que se tocan: el vendedor ambulante y el consorcio minero. Según datos públicos, hasta el 23 de octubre, el Estado había entregado a empresas chinas 736,069.94 hectáreas del territorio nacional en concesiones mineras.
La incursión en el sector de ventas y en el de extracción constituyen dos forman parte de un mismo ecosistema económico que reproduce dependencia, informalidad y autoritarismo a los países donde los chinos expanden sus intereses. De acuerdo con el China Index 2024, que mide además la penetración económica, política y mediática de la potencia asiática en el mundo, Nicaragua está entre los países más dependientes, sólo después de Venezuela y Bolivia.
El politólogo nicaragüense Félix Maradiaga expresa que la situación “no se trata de inversión productiva ni de transferencia tecnológica. Es extractivismo, endeudamiento y control geopolítico,” sostiene. Los datos parecen darle la razón. Mientras es visible el aumento de productos chinos en los mercados nicaragüenses, el BCN registra que Nicaragua logró exportar a China tan solo 61.3 millones de dólares en 2024.
Sin embargo, el régimen de Nicaragua los presenta como un “hermano mayor solidario” que apoya el desarrollo de Nicaragua. “Nicaragua fortalece su voz e influencia internacional a través de la profunda hermandad con China”, expresó en octubre Laureano Ortega Murillo, hijo de la pareja dictatorial de Nicaragua y encargado de las relaciones del país con la gran potencia, Rusia e Irán. Para el funcionario, su alineamiento a China es un reflejo de la lucha contra las fuerzas imperiales, en referencia a Estados Unidos y Europa que han demandado la rendición de cuentas por los abusos de derechos humanos cometidos por el orteguismo contra los nicaragüenses desde 2018.
En cambio, China se ha mostrado como un aliado firme que defiende la “soberanía” de su aliado ideológico.
Detrás de los halagos de Ortega Murillo, Nicaragua se ha convertido en protagonista de un fenómeno que no es aislado. Una réplica de la estrategia de expansión económica y política de China en América Latina. Esta combina diplomacia, comercio popular, crédito estatal y control de recursos naturales.
La historia de los chinos en Nicaragua no es reciente o después de la firma del Tratado de Libre Comercio (TLC) de China con Nicaragua. Los primeros inmigrantes llegaron a Nicaragua a finales del siglo XIX. Se establecieron con un papel importante en el comercio en la Costa Caribe en 1884 y en la costa del Pacífico en 1894. De acuerdo con el portal noticias de Taiwán, esos primeros migrantes huían de la caótica situación que vivía China en ese momento.
Las puertas que Ortega abrió en 2021
Hernán Alberro advierte que la llegada reciente del empresariado chino al país crece de forma “acelerada y estructurada”.
El especialista explica que el tipo de empresarios que llegan depende de las condiciones locales, entre ellos los controles fiscales, importaciones, regulaciones sanitarias y laborales.
“En países con regulaciones débiles o instituciones permeables, la puerta de entrada (para invertir sin límite) es mucho más amplia. Nicaragua, con su marco de opacidad, se vuelve un terreno fértil”, señala.
Se distinguen tres niveles de presencia empresarial china en Nicaragua. “Hay grandes empresas, medianos comerciantes y los muy pequeños (esos que parecen casi informales, los que ponen una mesa o una manta en un pasillo del centro comercial). Todos forman parte de una cadena que, en muchos casos, tiene vínculos familiares entre sí”.
Según el experto en temas que involucran al gigante asiático, el modelo se repite en toda América Latina. Los mayoristas chinos controlan las importaciones masivas de productos baratos y de baja calidad, los medianos comerciantes operan locales minoristas con cientos de artículos y los pequeños vendedores se establecen en mercados o ferias o centros comerciales, similares a los que se empiezan a colocar en Plaza Inter.
Cuanto menor es el poder adquisitivo del país, más se da esta lógica, “porque los productos son difíciles de colocar en Europa o Estados Unidos, porque no cumplen estándares de calidad o control sanitario, pero en América Latina y especialmente Nicaragua entran fácilmente por la flexibilidad de los sistemas locales”, detalló.
Una red de lazos familiares y el gobierno chino
La expansión del comercio chino se basa además en redes familiares que se expanden por etapas. Muchas veces estos procesos son respaldados por el propio gobierno chino.
“El gerente del mayorista tiene un hermano o un primo que abre un comercio mediano; ese comerciante tiene otro familiar que instala un puesto pequeño. Así se extiende la red. Y muchas veces el propio gobierno chino facilita esa migración, ofreciendo créditos o apoyo para que se establezcan fuera del país”, explicó Alberro.
Alberro señala que existe una lógica migratoria impulsada desde China, ya que la economía de la potencia “no está en su mejor momento”.
“Hay profesionales sin empleo, gente que invirtió mucho en educación y no encuentra oportunidades. Entonces el gobierno abre las compuertas: los deja salir, les paga pasajes o les otorga pequeños créditos para empezar en otro país”, detalló.
Esa política, explica, cumple un doble propósito, que es descomprimir la presión interna y ampliar la presencia económica y cultural china en países estratégicos. Nicaragua, por su posición geográfica y su régimen político alineado con Beijing, es un punto clave.
“El gobierno chino ve en Nicaragua un aliado predecible, sin controles democráticos, ni transparencia. Es el tipo de país donde pueden avanzar sin obstáculos”, reitera.
Afectaciones locales en el mercado laboral
La presencia masiva trae consecuencias locales, especialmente con sus trabajadores. En esos espacios, la precariedad laboral es la norma y los abusos denunciados contra los nicaragüenses no se han hecho esperar. Los salarios para los trabajadores nicaragüenses oscilan entre los 5 mil o 7 mil córdobas mensuales, y solo unos pocos alcanzan los 12 mil, un monto que apenas cubre lo básico.
“A algunos nos pagan 300 córdobas al día; a otros 400 como bodegueros, las de atención (al cliente) andan igual. No es mucho lo que ganamos, pero lo importante es que hay trabajo, aunque estos chinos son fregados, son necios”, destacó. Según el Ministerio del Trabajo, el salario mínimo aprobado para el sector comercio es 10,913.54 córdobas.
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La mayoría no cuenta con seguro social, vacaciones pagadas ni prestaciones, y sus horarios superan con frecuencia las ocho horas diarias, extendiéndose hasta el cierre de los centros comerciales. Otros mercaderes nicaragüenses, consultados para este reportaje en Managua, muestran su inconformidad con lo que llaman una invasión y temen que sus negocios terminarán quebrados. “Los chinos salen por todos lados”, lamentó.
Las corporaciones del Partido Comunista Chino
De manera paralela a estos pequeños negocios, grandes corporaciones estatales chinas han empezado a firmar contratos con el régimen de Ortega, sobre todo en el sector minero.
Maradiaga advierte que detrás de los pequeños negocios se oculta una estructura de poder y endeudamiento controlada desde Beijing.
“La presencia china en Nicaragua tiene dos rostros. Por un lado, los pequeños comerciantes que llegan empujados por la globalización. Por otro, los grandes capitales que operan como extensiones del Estado chino. Esos son los que realmente importan para el régimen.”
Maradiaga cita como ejemplo la empresa China Communications Construction Company (CCCC). Esta firmó con el régimen dos contratos el 5 de octubre para la construcción de una planta fotovaltaica por un costo de 83 millones de dólares, la cual será utilizada para mejorar los servicios de agua potable en el país. También se ha mencionado a ; CAMC Engineering Co., Ltd (CAMCE, empresa que estará a cargo del proyecto del Aeropuerto Punta Huete, mientras la China State Construction (CSCEC) hará la carretera costanera.
“Estas compañías no llegan por licitación pública ni por interés empresarial genuino. Llegan por adjudicación directa, bajo el modelo de ‘crédito atado’: la empresa construye y Nicaragua paga con préstamos de bancos chinos o del mismo contratista”, explica el opositor.
En otras palabras, los proyectos se financian con deuda pública disfrazada de inversión extranjera.
La repartición de concesiones mineras
El auge del oro significó mucho dinero para Nicaragua en 2024. Superó los 1,200 millones de dólares en exportaciones, por lo que se ha convertido en un pilar financiero del régimen. “La minería es el nuevo petróleo para Ortega, y China lo sabe. No es solo una inversión: es una herramienta de control,” apunta Alberro.
Hasta el 23 de octubre de 2025, el Ministerio de Energía y Minas había entregado 736, 069.94 hectáreas a empresas chinas. Según una publicación periodística de 100% Noticias las mismas tienen una vigencia de 25 años. Entre las beneficiadas destacan tres firmas: Zhong Fu Development, Nicaragua Xinxin Linze Minería Group y Thomas Metal S.A.
Alberro y Maradiaga coinciden en que la minería se ha convertido en la punta de lanza del capital chino en Nicaragua. “Las concesiones mineras otorgadas en el Caribe Sur y Norte son enormes. Se están entregando sin licitación, sin consulta previa y sin supervisión ambiental. Y detrás de muchas hay capital chino, a veces disfrazado bajo empresas interpuestas,” explica Maradiaga.
El espejismo del desarrollo
Los analistas consultados coinciden en que Nicaragua está hipotecando su soberanía económica.Maradiaga afirma que “China gana acceso a recursos, influencia diplomática y presencia en Centroamérica; Nicaragua gana deuda, opacidad y destrucción ambiental”.
“En la base, pequeños comerciantes que buscan sobrevivir; en la cúpula, corporaciones estatales que se benefician de la opacidad del régimen y lo utilizan como plataforma política”, subrayó el politólogo nicaragüense.
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