Ortega-Murillo abren las pantallas nicaragüenses a propaganda de China y Rusia
El régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo firmó un nuevo acuerdo con la embajada china que permitirá transmitir telenovelas, documentales y programas producidos por China y Rusia en los canales controlados por la familia gobernante. Analistas advierten que esta estrategia busca “lavar la imagen” de potencias aliadas y reforzar el aparato de propaganda en un país donde la libertad de prensa ha sido desmantelada
Casi cuatro años después del restablecimiento de relaciones diplomáticas, la República Popular China podrá transmitir telenovelas, documentales y programas especiales en Nicaragua. El acuerdo reforzará la alianza política y abrirá la puerta a un menú cultural acrítico que convivirá con la propaganda.
El cinco de octubre, Daniel Edmundo Ortega Murillo, hijo de la pareja de dictadores, firmó con el ministro consejero de la embajada Zhou Yi un convenio para permitir la introducción local de este tipo de contenido audiovisual.
La programación se transmitirá a las familias nicaragüenses a través de los canales 4, 6, 8 y 13, controlados directamente por la familia Ortega Murillo.
La noticia se conoce luego que la Fundación por la Libertad de Expresión y Democracia denunció a finales de septiembre que el 85% del ecosistema mediático ha sido destruido por la dictadura desde 2018. Las autoridades han conculcado además el derecho a la protesta pacífica y el de asociación.
Lavar la imagen y reforzar propaganda
Para la periodista Mayorit Guevara, directora de la plataforma feminista La Lupa y exiliada en España desde hace siete años, el terreno para este tipo de “presencia extranjera” ya está preparado, aunque advierte que “ninguna novela china ni rusa podrá cambiar la realidad del ciudadano nicaragüense que vive en dictadura”.
Se aprovechan de un vacío de información imperante en el país, “crítica hacia la dictadura, crítica hacia los fallidos poderes del Estado, crítica hacia la gestión que harán algunos dizques funcionarios cómplices. Sobre eso sí hay una ausencia total de información crítica”.
Ortega tiene acuerdos similares con Rusia. Meses atrás, por ejemplo, los canales sandinistas presentaron películas de una productora de ese país que reflejaron “el heroísmo del pueblo ruso”. Es una manera de proyectar los intereses geopolíticos de Vladimir Putin. Guevara dice que el régimen busca “lavar” la imagen de dos potencias que son rechazadas a nivel internacional y distraer a la población sobre la vulneración a los derechos humanos existentes en el país.
El respaldo internacional de Ortega y sus amigos ha sido mutuo. Las potencias antiestadounidenses se han manifestado por el respeto de la “soberanía” de Nicaragua, cuando la comunidad internacional en su conjunto ha condenado a la dictadura Ortega-Murillo por violaciones a los derechos humanos en distintos foros internacionales.
Aparentemente el impacto en la sociedad de tantos productos culturales de aliados de Ortega es previsible. De hecho, las proyecciones se insertan en una estrategia más amplia de control simbólico y legitimación ideológica, en un país donde la pluralidad informativa ha sido desmantelada y los medios de comunicación críticos silenciados.
“Al integrar contenidos chinos, rusos y venezolanos en la programación estatal, Ortega y Murillo no solo consolidan su aislamiento frente a Occidente, sino que también sustituyen la cultura nacional por un relato importado que glorifica los autoritarismos amigos”, explicó un periodista nicaragüense bajo condición de anonimato.
Lo que oficialista 19 Digital presenta como un “festival cinematográfico internacional”, en relación con potencias amigas de Ortega, no es más que una nueva fase del adoctrinamiento mediático que pretende también normalizar la sumisión cultural al servicio del poder político. Desde el exilio, varios comunicadores advierten que el régimen no busca diversificar la programación, sino reforzar su aparato de propaganda bajo una nueva fachada internacionalista.
Interés político
Gerald Chávez, periodista nicaragüense en el exilio y presidente de la organización Periodistas y Comunicadores Independientes de Nicaragua (PCIN), considera que la falta de producción nacional podría abrir cierto espacio en la audiencia para contenidos asiáticos, pero advierte que detrás de esa aparente apertura se esconde un interés político.
“A nivel mundial, los programas asiáticos han tenido algo de relevancia, pero en Nicaragua, ante la falta de producciones originales, podrían encontrar algún espacio. El problema está en el tipo de contenido que se difunda: si será entretenimiento familiar o si más bien servirá para posicionar a China como un aliado estratégico del régimen, al igual que Rusia”, señala Chávez.
El periodista alerta que el trasfondo de esta programación podría orientarse a reforzar la narrativa de legitimidad del régimen y de sus socios internacionales. “Estos gobiernos buscan proyectar la imagen de que sus países son ejemplos, cuando en realidad enfrentan graves violaciones de derechos humanos, persecución y vigilancia sobre lo que la gente consume. No se puede descartar que esta estrategia en Nicaragua tenga el mismo propósito político: controlar la audiencia”, refuerza.
Pero ni Ortega, ni Putin ni Xi Jingping tienen el juego ganado en este sentido. Chávez subraya que, a pesar de la censura, el acceso al Internet sigue siendo la gran grieta del control informativo. “La gente todavía tiene la oportunidad de buscar información independiente y consumir contenidos por Internet. Por eso, aunque esta propaganda tendrá alguna repercusión, la fidelización de la audiencia es algo que el régimen aún no puede controlar”, sentenció.
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En eso coincide con un antiguo catedrático de la confiscada Universidad Centroamericana. Recuerda que, cuando el FSLN estuvo en el poder por primera vez en los años ochenta, la gente buscó radios del exterior para saber qué se decía sobre Nicaragua.
En aquel tiempo, no había Internet, la gente sintonizaba la televisión de Costa Rica desde lugares tan diversos como Bluefields, San Carlos, Somoto, Ocotal, Chinandega y Estelí. La propaganda en Nicaragua se enfocó en África, la Unión Soviética o Cuba. Según el especialista, la mejor evidencia de que el alcance de la propaganda fue limitado lo demostró el resultado electoral de 1990. Doña Violeta Barrios de Chamorro derrotó electoralmente entonces a Daniel Ortega.
“Hoy el régimen mantiene un férreo control sobre la radio y la televisión y ha eliminado los periódicos nacionales, pero Internet sigue siendo su talón de Aquiles. Aunque destinan enormes recursos a poblar las redes y portales con propaganda, más de la mitad de los nicaragüenses se informan por medios digitales que el régimen no controla. Durante la pandemia de la COVID-19 se demostró que solo el 21% de la población creía en el relato gubernamental, mientras que más del 65% prefería informarse a través de canales independientes”, recordó.
Para el catedrático desde el ejemplo de otras dictaduras como la de Cuba las redes sociales, los medios independientes no podrían ser desplazados.
“Cuba ofrece un espejo aleccionador. Primero, prohibieron Internet. La gente grababa contenidos extranjeros en memorias USB y DVDs, que se vendían y compartían clandestinamente. Luego, permitieron el acceso limitado en parques y plazas, como hizo Ortega antes de 2018, pero el control se les revirtió, pues las protestas de 2021 nacieron desde dentro de la propia juventud comunista. Hoy el precio del internet en Cuba es prohibitivo y la crisis solo se ha agudizado”, describe.
Agrega que, al vivir en una era digital, Ortega ha tenido una “batalla de las mentes y los corazones”, sin éxito.
“Podrá recibir asesoría china y rusa para censurar, desinformar o bloquear sitios y apps, pero no podrá controlar las redes.
La gente recurre a VPNs, y los indicadores actuales muestran que los medios nicaragüenses en el exilio tienen audiencias mucho más robustas y confiables que cualquier plataforma oficial. La población les cree mucho más a ellos que a las diatribas diarias de Rosario Murillo y a la narrativa del holding mediático de la familia Ortega”, subraya.
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De Rusia, asegura, el régimen puede aprovechar su “probada capacidad” de infiltrarse en redes sociales y plataformas digitales como YouTube, Telegram, Instagram y TikTok, con narrativas cuidadosamente diseñadas que contienen distintos niveles de desinformación ya que “en eso, los rusos son expertos”.
En la actualidad, el problema es la calidad de la información que se está publicando. De acuerdo con Guevara, aunque surgen espacios ciudadanos que generan información, hay medios independientes que replican ese contenido sin análisis convirtiéndose en meras cajas de resonancia.
“Están replicando esa información que se publica en esas páginas que no son periodísticas. El riesgo para mí ahí es ser una mera caja de resonancia y no hacer un análisis de cada uno de estos hechos, de cada uno de estos fenómenos”, razona.
Producciones reflejan a China no a Nicaragua
Un integrante de la FLED advirtió que el control informativo en Nicaragua ha alcanzado un punto en que la propaganda extranjera encuentra “terreno abierto”. El silencio mediático, asevera, funciona como una herramienta de control tan eficaz como la propaganda abierta.“La ausencia de información genera desorientación, autocensura, neutraliza la agenda pública.
Si la gente no sabe o no conoce, no puede organizar ninguna respuesta. Hay un refrán viejo que dice: el que no sabe es como el que no mira”, señala. Esa es la razón de fondo para evitar cualquier opinión crítica.
Julio López, periodista y director de la plataforma Onda Local, recuerda que el ecosistema mediático nicaragüense se encuentra completamente copado por la familia Ortega-Murillo.
“En Nicaragua no quedan televisoras independientes. Todas están bajo control de la familia gobernante. Las familias que no tienen acceso a plataformas de streaming no tienen otra alternativa que consumir lo que transmiten los canales oficialistas”, advierte.
El periodista interpreta la incorporación de programas chinos como parte de un esfuerzo más amplio de alineamiento ideológico, en que se busca posicionar “narrativas chinas”.
“Pero el problema de fondo es que la censura oficialista ha robado a los nicaragüenses el derecho de elegir qué ver y cómo informarse”, reflexiona.
Maryorit Guevara mantiene su convicción intacta. Ella está clara que el país ha cambiado y es difícil reportearlo desde lejos, pero apuesta por seguir informando con calidad. El costo es bastante alto. La profesión está marcada por la precariedad y la inseguridad de los países en que viven.
“Desde el exilio vamos a seguir intentando, con todas las dificultades económicas, logísticas, con la ansiedad, el estrés y la precariedad. Esta terquedad, como le han llamado algunos, también es para nosotros un compromiso”, dice Guevara. La palabra la traduce en “un país en democracia”.
De China, pueden explotar la calidad estética y técnica de sus contenidos sobre infraestructura, agroindustria, tecnología o ciencia, en los que sobresale la sofisticación visual. Sin embargo, el gran hándicap de esta estrategia es evidente: esas producciones reflejan a China, no a Nicaragua.
Detrás de la estrategia del régimen el principal obstáculo con el que se encontrará es con el choque cultural. Los especialistas coinciden en que, aunque China sea una civilización milenaria sus producciones resultan lejanas para la audiencia nicaragüense. Más aún cuando se perciben “como un contenido impuesto desde el poder”.
Los medios controlados por los Ortega tienen niveles de audiencia bajos en todas las plataformas, a pesar de absorber gran parte del presupuesto estatal.
“Tienen tecnología, edificios y personal, pero les falta lo esencial: audiencia y credibilidad. Para recuperarlas, tendrían que ofrecer información veraz, verificable y creíble, algo que no harán. De las medias verdades no pasarán”, finalizó el ex docente de la UCA.
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