Costa Rica, el último refugio de miles de Venezolanos

Más de 20,000 migrantes han ingresado a Costa Rica entre enero y agosto de 2025, según un informe de la OIM. En su mayoría son venezolanos que huyen del régimen chavista

Septiembre 25, 2025 07:00 AM

En una de las aceras de una plaza del centro de San José, Costa Rica, Raiza Rodríguez, de 46 años, extiende un pequeño cartel de cartón con la bandera de Venezuela, con el mensaje: “Somos una familia de venezolanos. De corazón les pido que nos ayuden con lo que puedan. Dios se los multiplicara”.

La venezolana afirma que “no mendiga dinero”. Ella vende bombones y dulces para pagar el alquiler mensual de 150,000 colones (unos 300 dólares) por un cuarto sin divisiones que comparte con sus tres hijos menores de edad. Su rutina está condicionada por los horarios escolares de sus hijos, quienes estudian en turnos diferentes.

Con la meta diaria de ganar unos 8,000 colones (16 dólares) —5,000 (10 dólares) para el alquiler y 3,000 (6 dólares) para comida—, Raiza Rodríguez enfrenta días difíciles, ya que cuando llueve —casi siempre en la capital costarricense— no vende nada.

En septiembre de 2024, la mujer tomó la decisión más difícil de su vida: abandonar Venezuela junto a sus tres hijos en busca de un futuro mejor. La situación en su país natal se había vuelto insostenible debido al hambre, los bajos salarios y el acoso de la dictadura chavista. Ella está en Costa Rica desde octubre pasado.

A cinco cuadras de distancia de Raiza Rodríguez, está otro venezolano, Antonio Pérez, de 38 años, quien enfrenta la misma realidad que su compatriota: llegó a Costa Rica hace unas semanas con su hija de 8 años, después de una travesía de nueve meses que incluye un secuestro en México y la pérdida de familiares, que aún no aparecen. Él regresó a Costa Rica porque considera que es uno de los países más seguros.

Más de 20,000 migrantes en 2025

Pérez es parte de unas 16,776 personas, en su mayoría venezolanos, que ingresaron a Costa Rica entre enero y agosto de 2025, como parte de un flujo migratorio procedente de México y otros países del norte.

En el mismo período, se registraron unos 3,639 ingresos del flujo sur–norte, también principalmente de venezolanos, según el informe “Flujo Migratorio en Movilidad por las Américas” de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), publicado en septiembre de 2025. En total, unas 20,415 personas han ingresado a Costa Rica en los primeros ocho meses del año.

Hasta 2023, había unos 7.7 millones de venezolanos refugiados y migrantes en el mundo, de los cuales 6.5 millones estaban distribuidos en América Latina y el Caribe. Unos 29,405 residen actualmente en Costa Rica, de acuerdo con otro estudio de la OIM sobre la migración venezolana.

Según un informe de la OEA, “Situación de los migrantes y refugiados venezolanos en Costa Rica”, publicado en 2020, más del 50% de los migrantes provienen del distrito capital Caracas, y el otro 50% de Zulia, Táchira, Lara, Vargas, Bolívar, Anzoátegui y Aragua.

Del 100% de los venezolanos que residen en Costa Rica, el 53% son mujeres, de acuerdo con ese estudio. Asimismo, el informe ubica a Costa Rica como el país de la región que más migrantes y refugiados ha recibido de las dos dictaduras modernas en la región: Venezuela y Nicaragua.

Costa Rica, un destino “no planificado”

Como muchos venezolanos, Raiza Rodríguez perdió su hogar en Venezuela, las autoridades le quitaron su casa, argumentando que al no estar en el país, ya no la necesitaba.

El camino para buscar la libertad y la paz estuvo marcado por el peligro y el sufrimiento. Ella y sus hijos atravesaron Colombia y se adentraron en la peligrosa selva del Darién, donde presenciaron robos, violaciones y la muerte de otros migrantes.

Pasar por el Tapón del Darién, línea fronteriza entre Colombia y Panamá, es la opción más económica que los venezolanos han encontrado para llegar a Centroamérica y continuar su camino hacia los Estados Unidos y Canadá; sin embargo, los peligros los han hecho quedarse en el camino.

“La selva es bastante peligrosa. Muchas (migrantes) ahí quedaron, se fracturaron o cayeron a un barranco y ahí las dejaban tiradas. Hubo una señora que cayó y ahí quedó muerta”, recuerda la venezolana.

“Nosotros tardamos cuatro noches y cinco días (en atravesar la selva). Tenés que pasar por un río, unas piedras resbalosas. Es una selva y hay días que uno pasa mojado. Yo llegué enferma de un hongo que a mí me daba asco”, relata.

Tanto Rodríguez como Pérez no planeaban establecerse en Costa Rica, muchos de los migrantes venezolanos llegaron con la intención de seguir su camino hacia Estados Unidos, pero las circunstancias los obligaron a quedarse en territorio costarricense.

El 84% de los migrantes, encuestados en el estudio de septiembre, planeaban permanecer en Costa Rica por un día o menos, aunque las barreras administrativas y económicas han convertido al país “en un destino no planificado para miles de personas”.

“Ya no vamos a Canadá”, comenta Pérez, quien originalmente se dirigía hacia ese país donde tiene familia. “Ya lo que pasamos, lo pasamos. No se pudo y ya no hay que seguir, porque puede pasar algo peor. Ya nos quedamos aquí y ya”, dice con resignación.

Venezolanos en situación irregular

De los venezolanos que permanecen en Costa Rica, solo 11,000 han logrado regularizar su estatus migratorio, mientras que otros 18,405 permanecen en condición irregular, según datos de la Dirección de Migración.

Esta situación de limbo legal se agrava con los largos tiempos de espera para las citas de refugio.

Rodríguez lo experimenta en carne propia: presentó su solicitud el 29 de abril de 2024 y le dijeron que debe esperar dos años más.

Los datos oficiales muestran que la población venezolana se concentra principalmente en la provincia de San José, seguida de las provincias de Heredia y Alajuela. Esta concentración urbana responde a la búsqueda de oportunidades de trabajo y acceso a servicios, pero también genera hacinamiento y competencia por empleos precarios.

Costa Rica, identificado como el país más caro de Centroamérica, presenta desafíos particulares para esta población. Raiza describe una escalada en los costos de la vivienda: “Al principio pagábamos unos 10,000 colones (unos 20 dólares) por un cuarto. Ahorita nos mudamos a otro sitio, que no es una casa porque no tiene cuartos divididos ni nada de eso. Ahí pagamos 150 mil colones (300 dólares) al mes, aparte de los servicios. Es carísimo vivir en Costa Rica”.

Aunque algunos migrantes obtienen permisos laborales, esto no garantiza acceso al mercado laboral formal. Las barreras incluyen la falta de cartas de recomendación, la no homologación de títulos profesionales y las restricciones para contratar migrantes en trabajos formales.

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