Entre el pizarrón y la propaganda política, así se impone el FSLN en las escuelas
Tras la imposición de la bandera sandinista como símbolo nacional, en las escuelas de Nicaragua la propaganda del Frente Sandinista se impone con mayor fuerza en las aulas, así lo demuestra un recorrido realizado por 100% Noticias. Banderas rojinegras, murales partidarios y calendarios con la imagen de los co-dictadores Daniel Ortega y Rosario Murillo inundan el espacio escolar. Docentes, estudiantes y padres de familia denuncian que la educación ha sido tomada por la ideología oficial
Las banderas rojinegras en las verjas, murales escolares decorados con consignas del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), calendarios con la imagen de Daniel Ortega y Rosario Murillo dentro de las oficinas administrativas y aulas adornadas con cintas partidarias, son parte del paisaje cotidiano en la mayoría de centros educativos públicos y privados en Nicaragua.
A ocho meses de que la bandera del Frente Sandinista fuese declarada símbolo patrio en la nueva Constitución Política del régimen Ortega-Murillo, en los centros educativos la carga de propaganda oficialista es más notoria que antes, pues la imposición de dichos signos había sido de facto y de forma progresiva desde el retorno al poder de Ortega en 2007.
Estudiantes, docentes y padres de familia coinciden en que la escuela dejó de ser un espacio dedicado al aprendizaje para convertirse en una extensión del partido oficial rojinegro.
Basta entrar a cualquier oficina administrativa o caminar por los pasillos de una escuela pública para ver cómo los rostros de Ortega y Murillo compiten con el escudo nacional. En una imagen de un colegio de Managua se observa un calendario institucional sobre el escritorio de una funcionaria. La fotografía muestra al dictador sandinista con los brazos en alto, formando con dos dedos la señal de victoria y la frase que lo acompaña no deja margen a interpretación: “No pudieron, ni jamás podrán”, advierte. Se trata de la misma amenaza que ha repetido en incontables ocasiones la co-dictadora Rosario Murillo hacia las fuerzas democráticas que desde 2018 demandan su salida del poder y elecciones libres.
Este mensaje no está colgado en una sede partidaria, ni en una casa de campaña electoral. Está en una escuela. Las paredes muestran afiches con el logo del FSLN, la figura del fundador del partido Carlos Fonseca con la leyenda “Presente”, y murales que hablan de “lucha popular” como horizonte pedagógico.
El recorrido por estos centros revela que la propaganda sandinista no se coloca únicamente durante fechas cívicas. Se ha vuelto parte del mobiliario, de la decoración permanente de los centros de estudio.
En la entrada de un aula hay una cadena de banderines rojinegros. En otro pasillo, el mural informativo institucional está rodeado por una cenefa con las siglas FSLN. En el patio exterior, banderas rojinegras ondean intercaladas con las azul y blanco de la nación.
Educación bajo presión
María, madre de una niña que asiste a una escuela pública en Nicaragua, dice que cada vez se siente más incómoda con lo que ve en el colegio de su hija. Asegura que la escuela, en lugar de enfocarse en enseñar, está más interesada en repetir el discurso del Gobierno.
“Es como si la escuela ya no fuera para aprender, sino para meterle a los chavalos la política del partido”, comenta con molestia. “Mi hija tiene apenas ocho años y ya pega estampas de la bandera rojinegra en sus cuadernos porque la maestra se lo pide. ¿Qué tiene que ver eso con la educación? Yo crecí sabiendo que esa era una bandera del Frente, no del país. Y ahora quieren que los niños la vean como algo normal, como si fuera parte de la patria. Me preocupa que la estén criando para ser de la Juventud Sandinista”, añade.
La reforma constitucional aprobada en enero de 2025 legalizó la presencia de la bandera rojinegra. El nuevo artículo 13 establece que Nicaragua tiene dos banderas oficiales: la azul y blanco, y la rojinegra de “la lucha antiimperialista del general Sandino y de la Revolución Popular Sandinista”. A partir de esa modificación, todas las instituciones públicas, incluyendo los centros educativos, quedaron obligadas a incorporar la bandera partidaria en actos cívicos, murales, efemérides y ceremonias.
Pero lo que se presenta como un “reconocimiento histórico” en la narrativa oficial, en la práctica ha implicado una colonización ideológica del espacio educativo, asegura Gabriel Putoy, docente de la Unidad Sindical Magisterial.
Un padre de familia, que por motivos de seguridad solicita no ser identificado –debido a la radicalización del régimen y su escalada represiva contra cualquier crítica–, describe con incomodidad: “En el acto de septiembre, mi hijo desfiló con la rojinegra en la mano. Vi cómo izaban ambas banderas al mismo nivel. Antes solo veía eso en actos del partido. Ahora es parte del protocolo escolar”, lamenta.
En varias zonas del país se observa la misma decoración: murales con frases del FSLN, imágenes de los fundadores del partido, cintillos en las paredes, esquinas escolares con consignas que exigen fidelidad ideológica.
La bandera azul y blanca relegada
Esta tendencia se intensificó en septiembre, durante las celebraciones patrias. En el marco de esas festividades, medios oficialistas y canales institucionales del Estado publicaron materiales conmemorativos en los que predominaban los colores rojo y negro, acompañados de las siglas del Frente Sandinista, banderas partidarias y referencias directas al legado del FSLN.
Más que un homenaje a la independencia de Nicaragua, las campañas visuales y los actos escolares lucieron como una reafirmación simbólica del partido de Gobierno. En la mayoría de esas publicaciones, el azul y blanco —que por décadas fue el único símbolo patrio reconocido— quedó relegado a un segundo plano. El protagonismo absoluto fue para la rojinegra, lo que muchos interpretaron como una apropiación partidaria de las fechas cívicas nacionales.
Los estudiantes también sienten ese peso. Ana, una joven de 16 años, dice que en su colegio “hay más tiempo dedicado a conmemoraciones del partido que a otras actividades escolares”. Relata que una vez intentó opinar sobre la presencia de propaganda en el aula, pero su maestra la interrumpió. “Me dijo que no era el momento para ese tipo de comentarios, que eso venía de 'arriba' y entendí que 'arriba' se trata de los presidentes”, detalla.
La educación desde 'arriba' también incluye control sobre los contenidos y formas. En universidades públicas, por ejemplo, se reporta que los estudiantes deben participar en actividades institucionales, en las que se promueve el legado del Frente Sandinista.
El más reciente informe del Centro de Estudios Transdisciplinarios de Centroamérica (CETCAM), publicado en junio de 2025, confirma que la propaganda partidaria se ha instalado como parte del día a día en el sistema educativo. Según el estudio, los centros escolares ya no solo muestran murales o carteles con mensajes del FSLN, sino que incorporan estos símbolos y consignas como parte del “horizonte formativo” de los estudiantes. Se documentan prácticas como la escritura de cartas de agradecimiento a Daniel Ortega, la exaltación del partido en actos escolares y la presión para participar en actividades cívicas cargadas de contenido ideológico.
Dos años antes, en febrero de 2023, la Red de Derechos Humanos de Estudiantes Universitarios ya advertía en un informe detallado que el adoctrinamiento político en las universidades públicas era promovido desde las mismas rectorías y direcciones académicas. El estudio alertaba que en varios casos se exigía alineamiento con la ideología oficial como parte del desempeño estudiantil, y que quienes no se ajustaban al discurso dominante enfrentaban sanciones, aislamiento o represalias.
Lo que hace unos años parecía una advertencia exagerada, hoy es parte del paisaje cotidiano en las escuelas de Nicaragua. La propaganda del partido ya no se limita a las celebraciones del 19 de julio o a campañas electorales. Ahora convive con las tareas escolares, aparece en murales informativos, en discursos matutinos y hasta en los calendarios colocados en las oficinas administrativas. Lo que entonces fue una señal de alerta, hoy se vive como una práctica institucionalizada: una escuela donde pensar distinto se volvió un riesgo y donde la lealtad al partido se enseña casi al mismo nivel que las matemáticas.
Así lo considera el profesor Gabriel Putoy, miembro de la Unidad Sindical Magisterial, exiliado en Costa Rica y crítico del régimen, quien asegura que la crisis educativa en Nicaragua no es responsabilidad de los docentes, sino consecuencia directa de las políticas impuestas por la dictadura.
“En este mes de la patria, donde deberíamos rendirle culto a nuestra nación, lo que vemos es proselitismo descarado promovido desde el poder, con total complicidad de ANDEN (Asociación Nacional de Educadores de Nicaragua)”, señala.
Putoy recuerda que antes de 2018 el gremio magisterial solía rechazar cualquier forma de adoctrinamiento. “Se quejaban de que no se hiciera proselitismo político, de que no se regalaran notas, incluso se opusieron cuando quisieron mover el desfile del 14 de septiembre a la tarde. Pero ahora callan. O aplauden”, señala.
Para el docente, lo más grave es cómo se ha infiltrado la narrativa partidaria en el contenido mismo de las clases. “Han convertido la asignatura de ‘Aprendiendo en Valores’ en una herramienta de propaganda donde los niños tienen que hablar de Daniel y Rosario, como si fueran héroes de la patria. Todo lo tenemos que vincular al ‘buen Gobierno’, como le dicen ellos. Si hablamos de salud, hay que decir que es gracias al comandante; si vemos lectura, nos mandan cuentos donde la protagonista agradece al Gobierno por estudiar”, detalla.
Putoy denuncia que este control no es simbólico, sino disciplinario. Los docentes que se atreven a cuestionar la línea oficial enfrentan castigos.
“Aquel maestro que se salga de esa línea va a ser castigado: a unos los jubilan a la fuerza, a otros los procesan, a otros los amenazan o los obligan a renunciar.”
Carlos, un estudiante universitario de 19 años, lo expresa con resignación: “Te acostumbras a ver las siglas del partido en cada salón, en cada cartel. Y sabés que no podés decir nada. Si te quejás, quedás marcado. Muchos prefieren callar”, dice el joven, quien habló con 100% Noticias bajo anonimato.
Putoy señala que la política de Estado se extiende a los centros de educación privada. Desde el Ministerio de Educación (Mined) se han girado orientaciones para que estos incluyan materiales alusivos a los símbolos sandinistas. Algunos directores han recibido visitas o llamadas para que se incluya la bandera rojinegra en las celebraciones patrias y la omisión podría interpretarse como “desacato”.
“Absolutamente todo gira alrededor de Ortega y Murillo”
Una docente de primaria, que por seguridad pide omitir su nombre y ubicación, cuenta que cada vez le resulta más difícil dar clases sin sentirse vigilada. Aunque intenta enfocarse en los contenidos del programa, admite que muchas actividades deben girar en torno a temas políticos impuestos desde el Mined.
“Todo lo tenemos que vincular al ‘buen Gobierno’, como le dicen ellos. Si hablamos de salud, hay que decir que es gracias al comandante. Si vemos lectura, nos mandan cuentos en los cuales la protagonista agradece al Gobierno por estudiar. No podemos hablar de historia sin mencionar la Revolución. Es que absolutamente todo el contenido gira alrededor de ellos (Ortega y Murillo)”, dice.
Este tipo de prácticas confirma que la propaganda política no es solo un elemento decorativo en las escuelas, sino un mecanismo estructural que condiciona la enseñanza, limita la autonomía docente y moldea el pensamiento de los estudiantes desde edades tempranas.
Para el profesor Gabriel Putoy, lo que hoy ocurre en las aulas de Nicaragua no es un exceso aislado, sino una estrategia política del régimen orteguista que ha degradado por completo el sentido de la educación pública.
“Están usando la escuela para fortalecer un proyecto político que está llevando al despeñadero el futuro del país”, advierte.
Y lanza una crítica directa a las estructuras que deberían proteger al magisterio: “Todo esto sucede con la complicidad de quienes deberían defender la educación, no ponerla al servicio del poder”.
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