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"No parecés nicaragüense": la xenofobia silenciosa que enfrentan migrantes en Costa Rica

En Costa Rica, la xenofobia contra migrantes nicaragüenses no siempre se manifiesta en insultos o agresiones directas, sino también en frases aparentemente inofensivas como “no parecés nicaragüense”. Estas expresiones, repetidas en la vida cotidiana y amplificadas en redes sociales, generan un clima hostil que afecta la integración social y emocional de miles de personas exiliadas y refugiadas

Septiembre 14, 2025 01:01 PM

Cada vez que Mariana toma un Uber en San José, se prepara para escuchar el mismo comentario: “Usted no parece nicaragüense”. Al inicio ella sonreía por cortesía, pero después de un tiempo, se dio cuenta que no era un elogio, sino una frase discriminatoria que la empezó a incomodar.

Desde que llegó a Costa Rica hace tres años, huyendo de la represión del régimen de Daniel  Ortega y Rosario Murillo, ha escuchado esa frase en reiteradas ocasiones. “Te lo dicen como cumplido, pero lo que en realidad te están diciendo es que no encajás con lo que esperan de una ‘nica’, porque quieren decirte que te ves muy bien para serlo. Incluso una vez alguien me dijo, usted es tan bonita que pensé que era tica”, cuenta la nicaragüense de 35 años.

Su experiencia refleja una forma sutil, pero profundamente arraigada, de xenofobia. No siempre se manifiesta en insultos directos o agresiones físicas. También se esconde en frases cotidianas, comentarios en redes sociales y actitudes que se han normalizado en la vida diaria. 

Mariana considera que este tipo de conductas, aunque parezcan inofensivas, “van calando poco a poco y terminan por erosionar la autoestima y el sentido de pertenencia de miles de personas migrantes nicaragüenses que viven en Costa Rica”, obligándolas a convivir con un rechazo silencioso que afecta su integración social y emocional.

El Informe sobre Discursos de Odio y Discriminación 2025, elaborado por Naciones Unidas en Costa Rica junto a COES Comunicaciones, revela que estas expresiones xenofóbicas trascienden al espacio digital, lo cual es considerado como un fenómeno preocupante en este país.

El documento revela que entre junio de 2024 y mayo de 2025, se generaron más de 2 millones de publicaciones y comentarios en Facebook y en la red social X (antes Twitter) con contenido de odio y discriminación, dirigidos principalmente en contra de migrantes nicaragüenses y venezolanos.

De acuerdo con esta investigación, la mayor parte de los mensajes de odio detectados en redes sociales durante el último año se concentraron en temas relacionados con política y realidad nacional, los cuales registraron 798,442 publicaciones, lo que representa un aumento del 37% respecto al año anterior. Le siguen los discursos vinculados a género, con 490,639 publicaciones, y los de xenofobia alcanzaron los 326,326 mensajes, aunque con una leve reducción del 16%. 

El informe señala que la xenofobia se dirige principalmente hacia nicaragüenses y venezolanos, quienes concentran la mayor cantidad de ataques en plataformas digitales. Estos mensajes no solo reproducen estereotipos negativos, también generan un clima de hostilidad que trasciende las redes sociales y afecta la integración social de estas comunidades. 

En el caso de los nicaragüenses, se les suele acusar de “quitar empleos” o “abusar de los servicios públicos”, mientras que contra los venezolanos abundan expresiones que los responsabilizan de problemas de convivencia y seguridad. 

El informe señala que este tipo de narrativas refuerza la exclusión y legitima la discriminación, haciendo que la conversación digital se convierta en un espacio donde se normaliza el odio hacia las poblaciones migrantes más vulnerables en Costa Rica.

También destaca que “estas narrativas construyen al migrante como un enemigo que debe ser controlado o expulsado” y que los ataques se incrementan cuando estas posiciones xenofóbicas son avaladas por figuras públicas, lo que otorga legitimidad institucional a un discurso excluyente y discriminatorio.

Según el estudio, los emisores de discursos de odio aumentaron un 31% en comparación con el año 2024. Asimismo, se evidencia un comportamiento más agresivo, centrado en ataques dirigidos al cuerpo, la integridad y las capacidades de las personas afectadas.

Nuevo perfil de migrante nicaragüense

Costa Rica ha sido históricamente un país receptor de migración nicaragüense. Durante décadas, la mayoría de quienes llegaban lo hacían en busca de oportunidades laborales en el sector agrícola, construcción o el servicio doméstico.

Según el Censo Nacional de 2011, unas 287 mil personas nicaragüenses residían en el país, representando cerca del 75% de la población migrante. Actualmente esta población se estima en más de medio millón.

Ese perfil cambió radicalmente en 2018, cuando la represión del régimen sandinista en Nicaragua obligó a miles de personas a huir de manera forzada. A los migrantes económicos se sumaron entonces refugiados y solicitantes de asilo político. Según cifras de ACNUR, hasta marzo de 2025 más de 194,000 nicaragüenses habían solicitado asilo en Costa Rica, mientras que unas 9,200 habían sido reconocidas formalmente como refugiadas. 

Esta nueva ola migratoria enfrenta no solo la incertidumbre de sus procesos legales, sino también un contexto hostil que los percibe como intrusos, aun cuando su llegada responde a la necesidad de salvar sus vidas, como el caso de Mariana.

Previo a la crisis de violencia política que ha provocado la movilización forzada de miles de nicaragüenses a Costa Rica; alrededor de 150 mil personas migrantes forzadas ya subsistían en el país, en una situación de inseguridad jurídica y en muchos casos de precariedad económica, según el Centro de Derechos Sociales del Inmigrante (CENDEROS). 

También esta organización y el  Servicio Jesuita para Migrantes advirtieron en el informe alternativo al Examen Periódico Universal en noviembre de 2024 que “la búsqueda de trabajo se ve afectada por la discriminación y violencia estructural contra ciertas nacionalidades, como la población nicaragüense”.

Un estudio realizado por Asociación Intercultural de Derechos Humanos (Asidehu) y publicado en septiembre de 2024, titulado “La xenofobia silenciosa: tres desafíos y resiliencia de los nicaragüenses exiliados en Costa Rica”, revela que el 90% de los migrantes entrevistados han experimentado algún tipo de xenofobia en Costa Rica.

El informe detalla que estas experiencias van desde exclusiones laborales hasta restricciones culturales. “Según los hallazgos de esta investigación, la xenofobia que han sufrido los nicaragüenses van desde discriminación laboral hasta prohibiciones de usar su lengua nativa en espacios públicos”, señala el estudio. Este tipo de prácticas refuerza el mensaje de que los migrantes deben ocultar su identidad para ser aceptados, lo que genera efectos psicológicos profundos.

El mismo estudio también revela la precariedad económica que atraviesan muchas familias migrantes. “El 88% de los participantes reportó ganar menos del salario mínimo establecido, lo que dificulta considerablemente su capacidad para cubrir necesidades básicas como vivienda y alimentación”. Esta realidad se suma al rechazo social, creando un círculo de exclusión donde la xenofobia no solo se expresa en palabras, sino también en desigualdades estructurales.

El discurso de odio en redes de medios ticos

El asesinato de Roberto Samcam, mayor en retiro del Ejército de Nicaragua y crítico férreo del régimen orteguista, ocurrido en San José en junio de 2025, reveló otra faceta de la xenofobia en Costa Rica. 

Aunque el crimen recibió amplia cobertura en los medios de comunicación costarricenses, la reacción en redes sociales y portales digitales dejó al descubierto prejuicios profundamente arraigados, donde el debate sobre la violencia se mezcló con discursos que cuestionaban la presencia de migrantes nicaragüenses en el país.

En la publicación de la noticia en Facebook del diario La Nación, algunos usuarios cuestionaron que Claudia Vargas, activista por las libertades civiles y viuda de la víctima, exigiera justicia en Costa Rica, escribiendo comentarios como: “Si su país no los protegió, ¿por qué deben hacerlo aquí?” o incluso sugiriendo que “no deberían haber llegado a este país buscando la protección que no les da el suyo”. Estas expresiones no solo minimizan el dolor de sus familiares, sino que refuerzan la idea de que los migrantes no tienen derecho a reclamar justicia ni seguridad.

El informe de Naciones Unidas alerta sobre esta dinámica digital, señalando que los discursos de odio tienen consecuencias reales en la vida de las personas, destacando que muchos mensajes no se quedan en la esfera virtual, sino que influyen en la percepción social y en la formulación de políticas públicas.

De acuerdo con un experto en derechos humanos que prefirió ser citado en anonimato por razones de seguridad, la migración nicaragüense en Costa Rica ha cambiado en los últimos años y presenta una composición más diversa. 

“En Costa Rica se encuentran tanto personas que llegaron por motivos económicos como exiliados políticos que huyeron de la represión en Nicaragua. También conviven familias rurales en busca de mejores oportunidades con profesionales urbanos, así como trabajadoras domésticas y sectores altamente calificados, como médicos, periodistas y especialistas de diferentes áreas. Sin embargo, el discurso público suele reducir esta diversidad a un solo perfil, lo que limita la comprensión de las distintas realidades y necesidades de esta población migrante”, señaló.

Naciones Unidas insta a las autoridades y a la sociedad a reconocer la gravedad del problema y actuar. El informe enfatiza la necesidad de políticas públicas que promuevan la inclusión y combatan los discursos de odio, no solo en redes sociales, sino también en instituciones y medios de comunicación.

Mariana, como muchas otras personas migrantes, ha optado por neutralizar su acento, pronunciar mejor las palabras que terminan con “s” y evitar ciertas expresiones para no ser juzgada. 

“Me cuido al hablar, cambio palabras, bajo el tono. Es desgastante tener que pensar tanto en cómo sonar, como si ser nicaragüense fuese una afrenta o un problema”, dice. Aunque no ha sufrido agresiones físicas, describe la discriminación que enfrenta como “una herida que no se ve, pero que siempre está presente”. 

La experiencia de Mariana coincide con los hallazgos de Naciones Unidas, que advierten que la xenofobia se ha extendido también al ámbito digital. Los ataques y comentarios en redes sociales refuerzan los prejuicios y amplifican la exclusión, afectando la integración y la salud emocional de la población migrante nicaragüense en Costa Rica.

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