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Doña Violeta Barrios de Chamorro en el corazón de los nicaragüenses

Murió doña Violeta Chamorro, la primera mujer presidenta de Nicaragua. Venció a Ortega en las urnas y pacificó al país tras una década de guerra. Su legado de reconciliación y libertad sigue vigente

Junio 14, 2025 09:50 AM
Doña Violeta Barrios de Chamorro en el corazón de los nicaragüenses

La expresidenta Violeta Barrios de Chamorro (1990-1997), fallecida este sábado 14 de junio del 2025 a los 95 años, deja un legado indiscutible para la historia de Nicaragua, donde hace más de tres décadas derrotó al sandinista Daniel Ortega en las urnas, puso fin a largos años de guerra y encabezó un histórico proceso de transición democrática.

Nacida el 18 de octubre de 1929 en el seno de una familia acomodada en la sureña ciudad de Rivas, Violeta Barrios se casó a los 22 años con el periodista Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, descendiente de Frutos Chamorro, primer jefe de Estado de la Nicaragua independiente, y de Pedro Joaquín Chamorro y Alfaro, presidente de la República de 1875 a 1879, durante el período conocido como “los 30 años conservadores”.

Durante su matrimonio Violeta Barrios no tuvo una proyección política pública, pues se dedicó por entero al cuido de sus cuatro hijos y al apoyo incondicional a su esposo. Su vida estuvo siempre ligada al trabajo y la lucha incansable de Pedro Joaquín, que desde muy joven se involucró de lleno en la dirección del diario independiente La Prensa, fundado en 1926 y que tuvo un papel destacado en la denuncia de las violaciones de derechos humanos y la corrupción del régimen militar de Anastasio Somoza.

Su infatigable batalla contra la dictadura llevó a Violeta y Pedro Joaquín primero al destierro en la ciudad de San Carlos, Río San Juan, y a un posterior exilio, en 1958. Regresaron al país al año siguiente, cuando Chamorro se puso al frente de la ofensiva guerrillera de Olama y Mollejones, con la que un grupo de patriotas intentó derrocar a Somoza. El frustrado desembarco le costó al periodista una condena de nueve años de cárcel.

Tras el asesinato de Pedro Joaquín Chamorro el 10 de enero de 1978 a manos de presuntos sicarios del régimen, Violeta se involucró más activamente en política, tomando la dirección de La Prensa y la denuncia constante de la dictadura somocista. Con el triunfo de la revolución sandinista el 19 de junio de 1979, doña Violeta fue invitada a formar parte de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional (JGRN), en la que Daniel Ortega asumió como coordinador representando a los nueve comandantes del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN). La integraron también los sandinistas Sergio Ramírez y Moisés Hassan, y el conservador Alfonso Robelo. Tras disentir de la conducción del gobierno, doña Violeta presentó su renuncia, por motivos de salud, el 9 de abril de 1980.

Luego de su salida de la JGRN y como miembro de la junta directiva de La Prensa, Violeta Chamorro se convirtió en una incesante crítica del régimen sandinista, lo que llevó al periódico a sufrir distintas formas de censura durante casi una década, entre éstas cinco cierres, el más largo de junio de 1986 a septiembre de 1987. 

Los efectos de la guerra de los “contras”, la crisis económica y el desgaste político del sandinismo en el poder, llevó al entonces presidente Ortega y al FSLN a aceptar adelantar las elecciones, que estaban previstas para noviembre de 1990, al 25 de febrero de ese  mismo año. Ese día Ortega y su partido caerían vencidos en las urnas por Violeta Chamorro, que los derrotó como candidata a la presidencia por la Unión Nacional Opositora (UNO), una variopinta coalición de 14 partidos políticos.

Aunque Ortega aceptó su derrota, al día siguiente de las elecciones prometió “gobernar desde abajo”, lo que en la práctica significó un boicot permanente al gobierno de doña Violeta, acompañada de su yerno Antonio Lacayo como ministro de la Presidencia. Tranques, barricadas en las calles, quemas de alcaldías, fueron parte de las constantes asonadas del sandinismo contra el naciente gobierno democrático. 

Pese a todo y luego de largas negociaciones, representantes del FSLN y de la Resistencia Nicaragüense firmaron un acuerdo de paz el 19 de abril de 1990. Y seis días más tarde, el 25 de abril, tomaría posesión la primera mujer presidenta en la historia de Nicaragua, la que lograría pacificar al país tras un sangriento conflicto militar de casi 10 años.

Pese a las amenazas de revueltas y asonadas, doña Violeta gobernó Nicaragua con temple firme y serenidad. Más de una vez rechazó públicamente a “los cabecitas calientes” del FSLN y fue célebre la ocasión en que le ordenó a Daniel Ortega “ponerse un zipper (cierre) en la boca”, a fin de que frenara su verborrea guerrerista. 

“Aquí mando yo”, respondía cuando alguien intentaba desacreditar sus posiciones. En su discurso durante la ceremonia de su investidura, prometió respeto irrestricto a la libertad de expresión y fin de la censura de prensa; anunció que ella asumía la cartera de Defensa, y que mantendría al general Humberto Ortega al frente del ejército solamente hasta 1995, lo que sorprendió al jerarca militar y al directorio sandinista. Otro gran anuncio llegó ese día, tal vez el más esperado y que había sido una promesa de campaña: la abolición del servicio militar obligatorio, instrumento por el que los sandinistas habían llevado a morir a miles de jóvenes nicaragüenses, enfrentados en una guerra con otros nicaragüenses.

Durante sus seis años de gobierno, doña Violeta también enrumbó a Nicaragua hacia el crecimiento económico, el respeto a la propiedad privada y la prohibición de las confiscaciones o expropiaciones; negoció la reducción o condonación de la escalofriante deuda externa, que en 1990 rondaba los 13.000 millones de dólares, y disminuyó el número de efectivos del ejército de más de 100.000 a unos 12.000.

Tras concluir su mandato, el 10 de enero de 1997, creó junto a sus hijos la Fundación Violeta Barrios de Chamorro, dedicada a la promoción de estudios y proyectos en defensa de la libertad de expresión, la democracia y la reconciliación en Nicaragua. También publicó su libro de memorias “Sueños del corazón”, en el cual pasó revista a los momentos íntimos y públicos más impactantes de su vida. En esas memorias quedó inmortalizada una frase suya para las futuras generaciones: “La reconciliación es más bella que la victoria”.

A la vuelta de los años y luego de tres intentos electorales fallidos, Daniel Ortega retornó al poder y, tras la rebelión social de abril de 2018, se ensañaría con el legado de la familia de Violeta Chamorro, enviando a prisión y luego al destierro a sus hijos Cristiana y Pedro Joaquín, que intentaron disputar cargos públicos en la campaña electoral de 2021; en el caso de Cristiana la presidencia de la República. A ambos les confiscaron sus bienes muebles e inmuebles y fueron despojados de su nacionalidad y sus pensiones de vejez, al igual que otro de sus hermanos, el reconocido periodista Carlos Fernando Chamorro Barrios, también exiliado.

En octubre de 2018, la familia Chamorro Barrios informó que la expresidenta había sufrido una embolia cerebral y recibía cuidados intensivos en un hospital privado de Managua. Desde entonces, su salud se tornó muy delicada y debió permanecer bajo asistencia médica permanente en su domicilio, hasta que a mediados de octubre de 2023 fue trasladada a Costa Rica para estar cerca de sus familiares.

“A partir de ahora, doña Violeta se establecerá en San José, bajo el cuidado y el amor de su familia, con el acompañamiento de personal de salud y médicos especializados”, dijo la familia en un comunicado.

La misa por el descanso de doña Violeta Barrios de Chamorro será el lunes 16 de junio, a las 12:00 del mediodía, en el Templo Votivo del Sagrado Corazón de Jesús, de San José, Costa Rica. 

La familia solicitó que no se envíen ofrendas florales y, si desean pueden hacer una donación a la obra de Sor María Romero, beata nicaragüense de las Hijas de María Auxiliadora, de la congregación salesiana.

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