Costo de canasta básica supera salarios y profundiza el malestar económico, dice CETCAM
La economía crece en cifras, pero la gente vive peor. Un informe revela cómo el autoritarismo, los salarios bajos y la canasta básica impagable golpean a los nicaragüenses
El deterioro en la calidad de vida de los nicaragüenses se profundiza en medio de una economía que, aunque muestra crecimiento en cifras oficiales, no se traduce en bienestar real para la población. El alto costo de la vida, los empleos precarios y la pérdida del poder adquisitivo reflejan una crisis que golpea directamente a los hogares.
El informe “Economía del malestar. Malestar económico y entorno institucional deficiente en el contexto autocrático en Nicaragua (2023–2025)” revela una radiografía contundente de esta realidad: crecimiento macroeconómico aparente, pero deterioro sostenido en la calidad de vida de la población. El estudio, elaborado por el economista Marco Aurelio Peña y publicado por el Centro de Estudios Transdisciplinarios de Centroamérica (CETCAM), establece una relación directa entre el autoritarismo, la debilidad institucional y el empeoramiento de las condiciones económicas de los nicaragüenses.
Según el análisis, Nicaragua atraviesa una paradoja económica. Mientras los indicadores macroeconómicos proyectan estabilidad, la realidad cotidiana muestra una economía de sobrevivencia, donde los ingresos pierden valor y las familias enfrentan crecientes dificultades para cubrir sus necesidades básicas. Este fenómeno es descrito como un “espejismo macroeconómico”, en el que las cifras oficiales no reflejan el deterioro real del bienestar.
Uno de los indicadores más claros del malestar es el costo de la canasta básica. En diciembre de 2025 alcanzó los 20,821.68 córdobas, superando ampliamente los niveles salariales. El informe señala que incluso el salario promedio formal apenas logra cubrir tres cuartas partes de esa canasta, lo que evidencia una brecha estructural entre ingresos y costo de vida.
El problema se agrava debido al peso de los alimentos, que representan el 71% del costo total y han registrado un aumento acumulado del 33.5% entre 2021 y 2025. Este encarecimiento ha provocado una pérdida acelerada del poder adquisitivo, obligando a las familias a reducir la calidad y cantidad de su consumo.
En el mercado laboral, la situación es igualmente preocupante. Aunque las cifras oficiales sugieren altos niveles de ocupación, el informe advierte sobre un fenómeno extendido de subempleo e informalidad. Más de la mitad de la fuerza laboral se encuentra en condiciones precarias, lo que configura una “trampa de desempleo encubierto”, caracterizada por trabajos de baja calidad, sin estabilidad ni protección social.
A esto se suma un rezago en el empleo formal. En 2024, el número de afiliados al Instituto Nicaragüense de Seguridad Social no ha logrado recuperar los niveles previos a la crisis de 2018, lo que evidencia una década perdida en generación de empleo formal.
Ante este panorama, las remesas se han convertido en el principal sostén económico de miles de hogares. En 2024 alcanzaron los 5,243.1 millones de dólares, equivalentes al 26.62% del Producto Interno Bruto. El informe subraya que los migrantes nicaragüenses “aportaron con su trabajo un cuarto del ingreso nacional”, reflejando una fuerte dependencia de ingresos generados en el exterior.
Más allá de los datos económicos, el estudio vincula este deterioro con un contexto político marcado por el autoritarismo. La reforma constitucional de 2025 consolidó un modelo de poder centralizado, eliminó la separación de poderes y redujo las garantías para la libertad económica y la iniciativa privada. Este entorno institucional deficiente, según el informe, tiene efectos restrictivos sobre los derechos económicos, distorsiona el funcionamiento del mercado y limita las oportunidades de desarrollo.
El impacto se traduce en prácticas concretas que afectan a la ciudadanía, como despidos sin prestaciones, confiscaciones de bienes, suspensión de pensiones y falta de seguridad jurídica. Estas acciones refuerzan un clima de incertidumbre que desincentiva la inversión, frena la generación de empleo y profundiza la precariedad económica.
Además, el informe evidencia un deterioro sostenido en la calidad institucional. Nicaragua se ubica entre los países con mayor percepción de corrupción a nivel mundial y presenta un estancamiento en indicadores de progreso social. Esto, según el análisis, refleja la ineficacia de las políticas públicas para reducir desigualdades y mejorar las condiciones de vida.
El concepto central del estudio es el “malestar polivalente”, que integra dimensiones económicas, sociales y políticas. Este enfoque sostiene que la crisis no es únicamente financiera, sino estructural, alimentada por la combinación de bajos ingresos, alto costo de vida, falta de empleo digno y restricciones a las libertades fundamentales.
En este contexto, Nicaragua no solo enfrenta un desafío económico, sino una crisis profunda de desarrollo humano, donde el crecimiento no se traduce en bienestar. El informe concluye que, sin cambios estructurales en el entorno institucional y político, la economía continuará atrapada en un ciclo de estancamiento, precariedad y dependencia externa.
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