Encuesta: 64.5% de nicaragüenses desea migrar; remesas sostienen hogares
El deseo de migrar sigue alto en Nicaragua: 64.5% saldría si pudiera. Aun así, bajó la migración familiar reciente y las remesas sostienen a miles de hogares. EE. UU., España y Costa Rica concentran envíos
El 64.5% de los nicaragüenses consultados afirmó que migraría si tuviera la oportunidad, mientras que un 35.5% dijo que no lo haría, según una encuesta de Hagamos Democracia aplicada entre el 25 y el 30 de septiembre de 2025 en 40 municipios del país, con una muestra de 400 personas. En abril de 2025, la intención de migrar alcanzaba el 69.5%, lo que refleja una reducción de cinco puntos porcentuales y confirma una tendencia descendente observada en consultas anteriores. Pese a esta leve baja, el deseo de abandonar el país sigue siendo mayoritario, en un contexto donde la migración se mantiene como la válvula de escape ante la crisis económica y política.
Las razones que empujan a migrar reflejan una doble crisis, económica y política, que se retroalimentan. Un 51.12% lo haría por la crisis económica, 44.40% por la desesperanza ante la falta de solución a la crisis política y 4.10% por acoso e intimidación. Respecto a julio, aumentó 5.11 puntos el peso de la motivación política, mientras disminuyeron 2.45 puntos las razones económicas y 2.33 puntos las asociadas al acoso.
En otras palabras, la percepción negativa del futuro nacional está cada vez más anclada a la ausencia de salidas políticas; sin embargo, al momento de decidir, las urgencias económicas siguen siendo predominantes en los hogares.
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Los destinos preferidos confirman un patrón ya conocido: Estados Unidos concentra el 47.29% de las preferencias, seguido de España (31.01%), Costa Rica (17.05%) y Canadá (1.94%); un 2.71% eligió “otro país”. La jerarquía de destinos dialoga con redes familiares, perfiles ocupacionales y barreras de entrada: EE. UU. y España ofrecen mercados laborales amplios y comunidades nicaragüenses establecidas; Costa Rica actúa como destino y, a la vez, como corredor regional.
El apartado más llamativo del estudio es la caída en la migración familiar reciente. El 17.50% reportó que, en los últimos tres meses, al menos un familiar migró, por debajo del 24.50% del trimestre previo y muy lejos del 59% registrado en enero de 2025. Esta tendencia bajista puede explicarse por la mayor incertidumbre y los costos crecientes de las rutas, en especial hacia Estados Unidos bajo nuevas políticas migratorias, además de la saturación de otras rutas y la menor disponibilidad de oportunidades laborales en destinos alternativos. Aun con esa disminución, la movilidad sigue siendo significativa.
Si se observan los rangos de edad de los familiares que partieron recientemente, el 51.4% tiene entre 20 y 35 años (menos que el 58.82% del trimestre anterior), el 45.7% entre 36 y 50 años (más que el 40.20% previo) y el 2.9% tiene 50 años o más (por encima del 0.98% de julio). La foto demográfica sugiere que el grueso de la fuerza laboral en edad productiva continúa moviéndose, pero hay un leve desplazamiento hacia cohortes mayores, con implicaciones en la pérdida de capital humano y experiencia para el país. Como otro indicador del endurecimiento del contexto, 11% de los encuestados conoce al menos a una persona deportada desde Estados Unidos en los últimos cuatro meses.
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En el frente económico, las remesas se afianzan como columna vertebral del consumo de los hogares. El 44.33% de los participantes declaró recibir envíos del exterior: 57.3% proviene de Estados Unidos, 20.8% de España, 18.5% de Costa Rica y 3.4% de otros países. Estos porcentajes son coherentes con los datos oficiales que reportan un récord histórico en 2024: 5,243 millones de dólares, un crecimiento de aproximadamente 12.5% frente a los 4,660.1 millones de 2023, es decir, 582.9 millones adicionales.
Las remesas, además, habrían representado alrededor del 20% del PIB en 2024, un nivel que evidencia su peso sistémico tanto para la macroeconomía como para las finanzas del Estado.
La creciente dependencia de los hogares de las remesas tiene lecturas duales. En lo micro, compensan ingresos locales insuficientes, permiten amortiguar la carestía de alimentos y servicios y facilitan gasto en educación, salud y vivienda. En lo macro, sostienen el consumo, estabilizan la balanza externa y fortalecen las reservas internacionales. Pero también profundizan vulnerabilidades: la economía interna se desacopla del empleo formal y de los salarios, y queda expuesta a ciclos laborales y regulatorios de países receptores de migrantes. Cuando las políticas migratorias se endurecen o el empleo cae en esos destinos, el golpe llega de forma directa a los hogares en Nicaragua.
En síntesis, Nicaragua transita 2025 con un deseo de migrar aún elevado (64.5%), una caída reciente en la salida de familiares y una economía de hogares sostenida por remesas que llegan sobre todo desde Estados Unidos, España y Costa Rica. La doble crisis económica y política continúa definiendo decisiones y expectativas: alimenta la intención de migrar y, a la vez, hace de las remesas el salvavidas de la vida cotidiana.
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