“Me hacían bullying por tener raíces nicaragüenses”: Gipzy Díaz va por una corona mundial
Las raíces nicaragüenses de Gipzy Díaz forman parte de una historia de esfuerzo familiar que hoy la acerca a la élite del boxeo femenino y a la posibilidad de disputar una corona mundial
Gipzy Díaz recibió sus primeros guantes durante una visita a Nicaragua. Hoy, a los 24 años, la boxeadora costarricense de padre boaqueño y madre capitalina suma 13 victorias profesionales, seis por nocaut, y quiere disputar un título mundial de peso átomo antes de que termine 2026.
Conocida como El Ángel, Díaz ostenta el título latino del Consejo Mundial de Boxeo (CMB) en las 102 libras. Infobae, que retomó una entrevista de Confidencial, señala que la peleadora figura entre las cinco primeras clasificadas de la Federación Internacional de Boxeo (FIB), ocupa el octavo puesto de la Organización Mundial de Boxeo (OMB) y el undécimo del CMB. Infobae
De las burlas en la escuela al cuadrilátero
Díaz creció en San José, Costa Rica. Su madre, Dina Nubia Saraya López, nació en Tipitapa, Managua; su padre, Enrique Díaz Brizuela, es originario de Teustepe, Boaco. En la primaria, sus raíces familiares, sus amistades nicaragüenses y el color de su piel provocaron burlas.
“Comencé en el boxeo por varias razones: me hacían bullying en la primaria por tener raíces nicaragüenses y tener amigas nicaragüenses y por mi color de piel morena”, contó a Confidencial, según recogió Infobae.
Su padre, quien también había sido boxeador profesional, la llevaba desde pequeña a peleas y actividades del deporte. A los 13 años, Gipzy le pidió que la entrenara en serio. Él trabajaba en la construcción y, después de cumplir su jornada, comenzaba las prácticas con su hija a las 7:00 de la noche.
Un año después, ella perdió su primera pelea. La derrota marcó su memoria, pero también reforzó su decisión de prepararse. “Perdí y no me desanimé”, recordó. “Perdí, está bien, pero voy a hacer mejor las cosas, voy a prepararme mejor. Y esto me va a servir de experiencia, para saber levantarme todas las veces que me tenga que caer”.

La familia afrontó obstáculos para sostener su carrera. Díaz no tenía gimnasio ni compañeras con quienes practicar combates de entrenamiento. Más adelante se integró a un equipo de San José para competir en los Juegos Nacionales. En su etapa aficionada disputó 36 peleas antes de dar el salto al profesionalismo.
Un sueño que comparte con su padre
Díaz se convirtió en la primera boxeadora profesional de Guanacaste. En el ring apuesta por la movilidad, la distancia y las combinaciones de golpes rectos. Fuera de él, mantiene el vínculo con Nicaragua: visita el país desde niña y cuenta entre sus referentes a Alexis Argüello y Román “Chocolate” González.
Su padre viajó a Estados Unidos para trabajar y ayudar a pagar los gastos de preparación. “Mi papá siempre ha estado presente, siempre me ha apoyado, ha invertido en mi carrera”, dijo Díaz. Ahora, mientras busca una oportunidad mundial, expresa la meta en plural: “Tenemos el sueño de ser campeones mundiales”.
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