¿Se la pondrías a tu bebé? La antigua creencia de la pulsera roja contra el “mal de ojo”

Un pequeño amuleto colocado en la muñeca de los recién nacidos conecta a muchas familias con creencias heredadas de madres y abuelas. Aunque la ciencia no respalda su supuesto poder protector, la costumbre permite explorar cómo antiguas explicaciones sobre la salud infantil continúan presentes en Nicaragua

Carmen Aguirres
septiembre 23, 2026 01:15 PM
pulsera roja bebe

Una pequeña pulsera roja alrededor de la muñeca de un bebé puede parecer simplemente un accesorio. Sin embargo, para muchas familias tiene otro significado: proteger al recién nacido del llamado “mal de ojo”, una creencia transmitida durante generaciones y que también forma parte de la medicina tradicional documentada en Nicaragua.

La práctica continúa siendo reconocible en el país. Una publicación nicaragüense sobre las creencias de las abuelas alrededor de los recién nacidos menciona, por ejemplo, el uso de una pulsera roja acompañada de semillas de “ojo de buey” como amuleto protector frente a males atribuidos popularmente a determinadas personas o miradas.

Pero detrás de esa pequeña cinta aparecen varias preguntas: ¿qué es realmente el “mal de ojo” según la tradición?, ¿por qué se cree que afecta especialmente a los bebés?, ¿qué tiene que ver el color rojo y qué dice la medicina sobre todo esto?

El “mal de ojo” sí forma parte de las tradiciones documentadas en Nicaragua

Aunque no existe evidencia científica de que una mirada pueda provocar una enfermedad, el “mal de ojo” no es solamente una expresión popular.

Una publicación sobre medicina tradicional ancestral disponible en el Ministerio de Salud de Nicaragua documenta esta creencia entre pueblos originarios del Pacífico, Centro y Norte del país.

El documento describe el “humor ojeado” o “mal de ojo” como una enfermedad tradicional que, de acuerdo con quienes conservan estos conocimientos, sería provocada por las “miradas fuertes” de determinadas personas. Incluso recoge diferencias en la manera de nombrarlo: entre los chorotegas del Pacífico aparece el término “ojo seco”, mientras entre los chorotegas del Norte se menciona “ojo simple”.

Lo interesante es que demuestra hasta qué punto esta creencia forma parte del patrimonio cultural y de los conocimientos transmitidos entre generaciones en Nicaragua.

¿Cómo sabe una abuela que un niño está “ojeado”?

Según las creencias tradicionales recopiladas en Nicaragua, algunos comportamientos y síntomas de los bebés han sido interpretados históricamente como señales de “ojo”.

El documento sobre medicina tradicional menciona llanto, inquietud, dificultad para dormir, calentura, vómitos y diarrea, dependiendo de la clasificación tradicional utilizada. También recoge una característica muy particular: la creencia de que uno de los ojos del pequeño puede verse más pequeño o hundido.

Dentro de esta interpretación tradicional también aparece la idea de las “vistas calientes” o personas con una “vista fuerte”.

Estas explicaciones pertenecen al terreno de las creencias y la medicina ancestral. Síntomas como fiebre, vómitos, diarrea o decaimiento en un bebé pueden tener causas médicas y no deberían atribuirse automáticamente al “mal de ojo”.

Entonces, ¿para qué sirve la pulsera roja?

Aquí aparece el objeto que probablemente muchas personas recuerdan haber visto en bebés de su propia familia.

En distintas partes de América Latina existe la tradición de colocar hilos, cintas o pulseras rojas a los niños como amuletos frente al “mal de ojo”. En Honduras, por ejemplo, la práctica ha sido documentada como uno de los consejos tradicionales transmitidos por las abuelas para el cuidado de los recién nacidos.

En Nicaragua también existen referencias al uso de una pulsera roja con semillas de “ojo de buey” como protección tradicional para los bebés.

El objeto, por tanto, funciona dentro de la creencia como un amuleto protector.

No es un tratamiento médico ni existe evidencia científica de que utilizar una pulsera roja evite enfermedades.

¿Y por qué tiene que ser roja?

Esta parte de la historia es más difícil de reducir a un único origen.

El hilo rojo aparece con distintos significados en diferentes culturas y tradiciones religiosas, y en América Latina terminó ampliamente relacionado con la protección frente a las malas energías, la envidia y el “mal de ojo”. Fuentes sobre la tradición latinoamericana documentan precisamente ese uso protector del color rojo en bebés.

Por eso sería impreciso afirmar que todas las pulseras rojas que vemos actualmente provienen de una única tradición histórica.

Lo que sí puede observarse es que la idea de utilizar el rojo como elemento protector atravesó culturas y terminó incorporándose a prácticas familiares que todavía sobreviven.

Y en algunos hogares probablemente ya ni siquiera se conozca su origen: simplemente la abuela se la puso a la madre y ahora la madre se la coloca al bebé.

En Nicaragua el “ojeo” no tiene una sola explicación

Las creencias alrededor del “mal de ojo” tampoco son idénticas en todo el territorio.

La documentación sobre medicina tradicional nicaragüense muestra variaciones entre pueblos y comunidades. Entre los garífunas, por ejemplo, se registra el “mal de ojo” en niños dentro de las enfermedades consideradas tradicionales o sobrenaturales y se documentan prácticas particulares para enfrentarlo. Entre pueblos del Pacífico, Centro y Norte aparecen otras clasificaciones y tratamientos tradicionales.

Eso ayuda a entender algo importante: no existe una única versión nicaragüense del “mal de ojo”.

Como ocurre con muchas tradiciones transmitidas oralmente, las explicaciones, los síntomas atribuidos y las formas de protección pueden cambiar de una familia a otra y de una comunidad a otra.

“No creo en eso, pero mejor ponésela”

Ahí aparece quizás una de las razones por las que este tipo de costumbres consigue sobrevivir durante generaciones.

No necesariamente todas las madres que colocan una pulsera roja a sus hijos están convencidas de que una mirada pueda enfermarlos.

En otros países latinoamericanos se ha documentado precisamente esa continuidad por costumbre familiar, incluso entre padres que dicen no creer completamente en la explicación tradicional.

La pulsera puede terminar convirtiéndose en algo más que un amuleto: un objeto que conecta a una nueva madre con los consejos que alguna vez escuchó de su propia madre o de su abuela.

Una especie de “por si acaso” transmitido de generación en generación.

Una pulsera no sustituye la atención médica

La parte cultural puede resultar fascinante, pero existe un punto donde la tradición y la salud deben diferenciarse claramente.

Los mismos síntomas que las creencias tradicionales atribuyen al “mal de ojo” —como fiebre, vómitos, diarrea, decaimiento o llanto persistente— pueden aparecer por enfermedades que requieren valoración médica.

La propia documentación nicaragüense permite observar cómo esos síntomas físicos han sido interpretados tradicionalmente como diferentes formas de “ojo”.

Por eso, conservar una tradición familiar no debería significar retrasar la búsqueda de atención médica cuando un bebé presenta síntomas preocupantes.

También hay que considerar la seguridad física del objeto: cualquier accesorio para bebés que contenga cuentas o pequeñas piezas desprendibles puede convertirse en un peligro si termina en la boca del niño. Una fuente dedicada específicamente a esta tradición advierte del riesgo de atragantamiento cuando los adornos pueden desprenderse.

Una antigua creencia que todavía provoca la misma pregunta

La ciencia no reconoce el “mal de ojo” como explicación médica para una enfermedad provocada por la mirada de otra persona.

Pero culturalmente la historia es diferente.

En Nicaragua, el “ojeo” aparece documentado dentro de conocimientos de medicina tradicional ancestral, con nombres, síntomas atribuidos y prácticas que han pasado entre generaciones.

Y la pequeña pulsera roja continúa siendo uno de esos objetos capaces de contar una historia mucho más grande que su tamaño.

Para algunos será superstición. Para otros, protección. Para muchas familias puede ser simplemente una costumbre heredada de sus abuelas.

Y ahí queda una pregunta perfecta para abrir la conversación entre generaciones:

¿En tu familia también les ponían una pulsera roja a los bebés para protegerlos del “mal de ojo”?

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